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10- 11 S 6 LOS SÁBADOS DE Ignacio Buqueras. en su despacho puesto de trabajo nos permitirían disponer de más tiempo para nuestras relaciones sociales y familiares, para disfrutar del ocio, para mejorar nuestra formación... De este modo disminuiría nuestra tensión, nuestro estrés y nuestro absentismo, y aumentaría nuestra felicidad y la de quienes nos rodean. En el trabajo, más que el número de horas, debe importar la efectividad de esas horas. En las empresas y en las distintas Administraciones se debe dirigir por objetivos y motivar a los empleados. Ha de haber un cambio de mentalidad, sustituyendo la cultura de la presencia, de calentar la silla por una cultura de la eficiencia; y hasta de la excelencia, para poder ser competitivos en este mundo global. Se deben convocar sólo las reuniones necesarias y, en las que se celebren, no perder un minuto, fijando la hora de comienzo y la de terminación; se debe aprovechar al máximo las nuevas tecnologías, entre ellas el correo electrónico, porque con ellas se gana en rapidez y se evitan desplazamientos; se debe hacer de la puntualidad una exigencia ética y no una mera cuestión de cortesía... Defendemos que la Administración y las empresas ayuden a sus trabajadores a que sus viviendas El arte de calentar silla Se deben convocar sólo las reuniones necesarias y no perder un minuto, fijando su duración. Y se deben aprovechar al máximo las nuevas tecnologías estén cerca de su lugar de trabajo; que se dé preferencia en los centros de enseñanza a la proximidad del domicilio de los alumnos; que se mejoren los servicios públicos de transporte; que los jóvenes se conciencien de que pueden divertirse sin volver tan tarde, con la consiguiente preocupación de sus padres, bajos rendimientos escolares y dramáticas cifras de accidentes de tráfico al unirse exceso de alcohol y sueño; y que se fomente la creación de guarderías para niños y de centros de días para mayores y dependientes. Proponemos que nuestros hábitos alimenticios podrían consistir en un fuerte desayuno, entre las 7: 00 y las 8: 30; un almuerzo ligero, entre las 12: 30 y las 14: 00; y una cena suficiente, entre las 19: 00 y las 20: 30. Recomendamos a las empresas- -algunas ya lo hacen- -que pongan a disposición de sus trabajadores salas para un descanso o siesta de quince o veinte minutos, dentro del horario de almuerzo. Sugerimos también que se aplique la regla de oro de los tres ochos: ocho horas para dormir, ocho para trabajar y ocho para el resto de las actividades. Al seguir estos consejos, dormiríamos y comeríamos mejor y, en consecuencia, nuestra vida sería mucho más equilibrada. Sería conveniente que los horarios escolares y comerciales estuvieran en consonancia con los laborales que he apuntado, y racionalizar también los horarios que inciden directamente en nuestro ocio: los de cine, teatro y otros espectáculos, y en particular los de radio y televisión, cuya programación resulta a menudo excesivamente tardía. No cabe duda de que somos libres de verlos o no, pero son muchos los ciudadanos enganchados -muchos de ellos niños y adolescentes- -que no son conscientes de sus efectos: falta de descanso, problemas de salud, accidentes de tráfico y laborales... Nuestra propuesta es que las televisiones emitan sus noticiarios de 19: 00 a 20: 00 y que sus programas de máxima audiencia terminen, a lo sumo, a las 24: 00. Nos hallamos al comienzo de un nuevo siglo y de un nuevo milenio; tenemos una misma moneda, el euro. Adoptemos también una misma hora: España debe dejar de ser diferente en este asunto tan trascendente para la vida y la felicidad de 44 millones de españoles. Si lo conseguimos- -y yo estoy seguro de ello- todos saldremos ganando: nosotros, nuestros hijos y las futuras generaciones. Presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles y de ARHOE. Autor del libro Tiempo al tiempo (Planeta) www. horariosenespana. com DÍAS DE JÚBILO ¿Viagramos, tío? e encuentro con Perico, el hijo de Braulio, mi maestro de mus. Yo soy su tío postizo y, ya se sabe, un tío es como el padre de los días domingos: te convida con los helados prohibidos en casa, te hace dar la primera calada a un cigarrillo con el juramento de no insistir, te permite beber el primer sorbo de whisky y, llegado el caso, trata de persuadirte de que el cuerpo de una mujer es más complicado que el de un hombre. En definitiva, Perico me cuenta lo que no le contará a Braulio: que ha ido a una fiesta donde el dueño de casa, hombre de posibles, convidó a los chicos con pastillas de Viagra, tal si fueran canapés. ¿Tú la consumiste? -le digo. -No- -me contesta y muestra un chismito de color celestial- -no sé qué hacer con ella. Pensé que, tal vez, por razón de edad... ¿Te refieres a la edad jubilosa, la que me corresponde? Te equivocas, al menos en mi caso. Prescindes del Viagra porque eres un muchacho y te parece absurdo un añadido de juventud a tu juventud- -Claro. -Pues bien, el entusiasmo sexual es siempre juvenil. No tiene edad. Con el tiempo, disminuye su frecuencia. Es el atardecer, distinto del mediodía, pero bello a su manera. -Entonces, ¿tampoco te conviene la pastillita? -Tampoco, por celestial que sea su color. Si te va bien, siempre el sexo te parecerá celestial, sin necesidad de ayudas químicas. Puede ser fascinación, angustia, éxtasis, locura, arrebato, placidez, qué sé yo, pero no medicina ni deporte. -Tío, no me niegues que, de chico, habrás contado tus batallitas... -Y tanto, como diría un catalán. La mayor parte, inventadas. Sin invención, el sexo humano se vuelve animal, cosa de un género zoológico. -O sea que el cuento es válido. -Lo es, aunque las batallitas realmente ganadas, ésas no se cuentan. No se ventilan en el Guinness de los Records. -Bueno, tío, pero ¿qué hago con el regalo? -Haz una encuesta entre tus amigos y, seguramente, el que aspire a campeón de duraciones te lo agradecerá. -Menos mal que no comenté el tema con papá ni con mi novia. Me temo que sufrirían como víctimas. M Blas Matamoro