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ABC JUEVES 25 s 10 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 85 Unos visitantes contemplan una de las obras de Patinir expuestas en el Prado recientemente El Prado, la mejor imagen de España Con motivo de la apertura al público de la ampliación del Museo del Prado, ABC ofrece el próximo domingo el primero de los cuatro tomos de la colección 100 Obras Maestras del Museo Nacional del Prado por tan sólo 5,95 euros POR MANUEL LUCENA GIRALDO FOTO DE SAN BERNARDO No existe la menor duda de que la institución que representa mejor la trayectoria histórica y cultural de España a nivel global es el Museo Nacional del Prado. En este sentido, la apertura de su esperada ampliación constituye mucho más que un evento local, pues proyecta una idea de excelencia que afecta para bien a todos los españoles, beneficiarios también de su aura. En primer lugar, porque apunta a la continuidad de una tradición inmortal en el campo artístico, que denota tanto la pasión de diferentes monarcas que fueron también eminentes coleccionistas, como la capacidad de la sociedad española de dar cauce y cabida a las manifestaciones más sobresalientes del espíritu humano. En segundo término, porque nos sitúa ante la figura del genio, aquel cuyas dotes, patológicas en el sentido de lo extraordinario, le colocaron en la línea de la creación de un canon universal e intemporal. Es posible que la fértil relación entre el rey coleccionista y el pintor superdotado encuentre en Felipe IV y Diego Velázquez su expresión más acabada. Frecuentemente acusado de perezoso, ajeno por la liviandad de su carácter a la grandeza de la tarea con la que Dios le había bendecido, vano y carnal, el rey depositó en su colección artística el interés y la atención que no tuvo en los urgentes asuntos del gobierno de una monarquía en crisis, que al cabo entregó a Gaspar de Guzmán y Pimentel, conde- duque de Olivares, el mejor representante del mundo de los validos o privados. Poco después de su caída en desgracia tuvo lugar la llamada Almoneda del siglo la subasta organizada tras la ejecución en 1649 del desventurado Carlos I, rey de Inglaterra, que como príncipe de Gales había aprendido en una corta e infructuosa visita con pretensiones matrimoniales a la corte madrileña en 1623 y del propio monarca español la importancia que tenía en la construcción de la majestad y la imagen real poseer una rutilante colección de pintura. Decidida por la influencia iconoclasta y terrible del Lord protector Cromwell su venta, el ministro Luis de Haro encargó al embajador en Londres, Alonso de Cárdenas, la operación de compra de las mejores piezas de la colección del difunto Carlos, en el temor de que, como había ocurrido otras veces, los precios se dispararan si se sabía que era el rey Felipe de España quien pujaba o se interesaba por las obras de arte. Gracias al éxito de la gestión, obras maestras como El Tránsito de la Virgen de Mantegna, La Virgen con el niño y La educación de Cupido de Correggio, El lavatorio de Tintoretto, la Sagrada familia de la rosa de Rafael, el Autorretrato de Durero y Alegoría de la Paz y la Guerra de Rubens, pasaron a formar parte de las reales colecciones. Estas se enriquecían también por entonces con obras inmortales de Velázquez, de Las meninas a Las hilanderas y La infanta doña Margarita de Austria miración universal por el genio velazqueño. La idea de fundar en Madrid un museo de pintura para albergar las colecciones reales había formado parte del programa cultural del rey intruso José Bonaparte, quien pensó en abrirlo según el modelo del Louvre parisino en el palacio de Buenavista, incautado a Godoy. Las turbulencias de la Guerra de la Independencia impidieron la iniciativa, que fructificó por fin aquel año con la exposición de 311 pinturas, según consta en el sucinto catálogo redactado por el conserje, Luis Eusebi. Bajo la dirección del marqués de Santa Cruz se habían trasladado previamente muchas piezas de la colección del monarca, que fue completándose con sucesivas aportaciones. En 1827 el rey ordenó a la Academia de Bellas Artes de San Fernando la entrega de muchas de sus pinturas y en 1837 se trajeron cuadros de El Escorial, a los que se sumaron en etapa posterior obras de los palacios de La Granja y Aranjuez, el tesoro del Delfín, otras procedentes de los conventos desamortizados de Madrid, Toledo, Ávila y Segovia y del Museo de la Trinidad, y ya en época contemporánea diversas compras y donaciones. Todo ello ha configurado la mejor pinacoteca del mundo. El marqués de Santa Cruz En noviembre de 1819, cuando fue abierto por iniciativa de Fernando VII el Museo del Prado en el edificio proyectado por Villanueva para academia de ciencias, la contemplación de estos cuadros produjo singular expectación y contribuyó de manera decisiva a extender la ad- Los secretos del gran arte con ABC El próximo domingo 28 ABC lanza la colección en cuatro entregas 100 Obras Maestras del Museo Nacional del Prado con motivo de la finalización de la ampliación espacial de la pinacoteca más grande del mundo. Cuatro volúmenes y una caja para su almacenaje para descubrir en profundidad los secretos mejor guardados de cada una de las cien obras escogidas, fieles reproducciones fotográficas a color de las originales, en un formato de lujoso atrevimiento y que sucesivamente irán apareciendo en los quioscos o puntos de venta habituales los domingos 28 de octubre, 4, 11 y 18 de noviembre a un precio de 5,95 euros (primera entrega) y 7,95 las siguientes.