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78 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos JUEVES 25- -10- -2007 ABC En un lugar de la memoria Tres supervientes del exterminio nazi recuerdan en Oviedo el Holocausto MANUEL DE LA FUENTE OVIEDO. Martes, 16 de mayo de 1942. Y a ti, mi querida esposa, no llores más, coraje, coraje, coraje... Apenas unas horas antes de ser ejecutado por no denunciar a sus compañeros, Max Kober se despedía así de su mujer. Una víctima más del terror nazi, otra víctima como los seis millones de judíos asesinados en los campos de exterminio. Un borrón de sangre en la historia de la Humanidad, en la historia universal de la infamia. Sangre que aún fluye emocionada en las venas de los supervivientes, y en el corazón, el alma y la vida del Yad Vashem, el Museo de la Memoria del Holocausto, institución galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Desde el fondo de la miseria y el terror del III Reich, perseguidos, acosados y marcados como reses, tres supervivientes del genocidio llegaron ayer a Oviedo con el nudo de la triste memoria en la garganta, y el puñetazo de lo vivido pero no olvidado en el estómago. Es un hombretón fuerte, campechano y entrañable. Tenía once años cuando el ángel exterminador del nazismo señaló su puerta. Su delito: ser judío. Su nombre: Jaime Vandoz. Su salvador: un español, el diplomático Ángel Sanz Briz, encargado de negocios de nuestra legación en Budapest en 1944. Sanz Briz es uno de los veintidós mil seres humanos que no volvieron la vista hacia otro lado ante los colmillos del horror, a los que el Yal Vashem ha nombrado como hombres Justos entre las Naciones. Gracias a su mediación, a su valentía y a su audacia, y a la del italiano Giorgio Perlasca, que siguió adelante cuando el Ejército Rojo (terror con terror se quita) ya asediaba la capital húngara y Sanz Briz tuvo que escapar, docenas de judíos magiares salvaron sus vidas. Como los hermanos Jaime y Enrique Vandoz. No pensamos en todo momento en el pasado- -contaba ayer, a ABC, emocionado a través de su móvil, Jaime- pero en un día como éste vuelven los recuerdos de todas las personas que hoy ya no están con nosotros. Pero hay que recordarlo Quizá el tiempo lo cure (casi) todo, pero a Vandoz se le atraviesa la amnesia. Hay que recordarlo, no se pueden olvidar aquellos momentos terribles, y hay que seguir luchando para evitarlo, porque puede suceder de nuevo Entre marzo de 1944 y enero de 1945, durante diez meses trágicos, Jaime Vandoz (sobre) vivió junto con cincuenta compañeros en apenas dos habitaciones y un servicio para todos, acorralados por el hambre y por la sed (la Embajada española mandaba un camión con víveres una vez por semana) en unas condiciones indescriptibles También recuerda Jaime con amargura el hecho de que la mayoría de nuestros paisanos reaccionó con odio e indiferencia hacia las minorías Pero no se olvida del presente y de quienes quieren borrar las huellas dactilares del sufrimiento impresas en su alma. La opinión pública internacional ha sido unánime en la condena de esta incitación al odio de Mahmud Ahmadinejad al negar el Holocausto. Está en las bibliotecas, en los archivos. Los que niegan el Holo- Condiciones indescriptibles Jaime Vandoz, Anna Rzetche de Rotter, Perla Bittan Hazam y Zygmunt Rotter, ayer, en Oviedo causto lo hacen por mera ignorancia o por política, y éste es el caso del presidente persa No habita el olvido tampoco en Anna Rzetche de Rotter, superviviente. Hay ciertas cosas que no se pueden olvidar. Afortunadamente, las nuevas generaciones no tienen nada que ver con esta gente que entonces nos hizo tanto daño. Dicen que uno perdona pero no olvida... Tres puntos suspensivos, que buen entendedor pocas palabras bastan. Tres puntos suspensivos para volver al drama, el de los descendientes de las víctimas. Al principio no les explicábamos lo que nos sucedió a nuestros hijos- -rememora Anna- Lo evitábamos, sabían algo en líneas generales. Pero con el tiempo, esos niños tomaron conciencia y hoy son muy activos en la difusión de lo que nos pasó Era el número 610 de la lista de Schlinder, el empresario alemán que salvó a más de mil judíos empleándolos en sus fábricas. Sesenta años después es Zygmunt Rotter, el esposo de Anna. Un hombre discreto bajo cu- Los hijos del diplomático Ángel Sanz Briz acudirán a la ceremonia en nombre de su madre, Adela Quijano TULIO DEMICHELI MADRID. La viuda del diplomático Ángel Sanz Briz- -único español reconocido en el Jardín de los Justos del Yad Vashem- -no podrá asistir a la ceremonia de entrega de los premios porque se lo han desaconsejado los médicos, ya que hace un año sufrió un infarto y estas emociones son demasiado fuertes para mí. Pero irán mis cuatro hijos y Juan Carlos subirá por mí Adela Quijano compartió destino con su marido en Budapest, donde nació su hija mayor, hasta 1943. Mi marido era un hombre extraordinario- -recuerda a ABC con orgullo- -y se jugó la vida porque creía que era su deber. Lo hacía de alma y corazón. Además de darles documentos y visados, puso bajo bandera tres casas como refugio. De pronto, avisaban a la Embajada de que había gente y él enviaba el coche oficial a recogerla. Salvó a cinco o seis mil personas, a muchos niños. La verdad es que el agradecimiento que hemos recibido ha sido fantástico Será Juan Carlos Sanz Briz quien suba al escenario. Mi padre nunca alardeó de lo que había hecho y le nombraron Justo entre las Naciones 11 años después de su muerte. Todo lo hizo por sí mismo. Pidió permiso a Madrid, pero no le contestaron, y comenzó su labor escudándose en una ley de 1924, que otorgaba la nacionalidad española a los sefardís, para darles documentos. Como había muy pocos, empezó a concederlos a los askenazis. Hasta diciembre de 1944 pudo seguir en Budapest. Todo el mundo miraba a otro lado para no ver las atrocidades que cometían la Gestapo y los nylas (nacionalistas húngaros) así que mi padre debió pasar mucho miedo Si bien sus compatrriotas han exagerado el papel de Giorgio Perlasca, los Sanz Briz le recuerdan como un italiano que estaba en Hungría. Era algo aventurero y ayudó con la intendencia, pero él no tenía potestad para emitir documentos. Fue un colaborador importante, y cuando mi padre tuvo que marcharse, Perlasca se hizo pasar por él, con su consentimiento; luego, se atribuyó más cosas de las que hizo