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40 INTERNACIONAL Elecciones presidenciales en Argentina JUEVES 25 s 10 s 2007 ABC Atrapados por el paco La droga argentina del siglo XXI es una mezcla de pasta base de cocaína con todo tipo de sustancias tóxicas. Según las madres de muertos y adictos, se lleva un chico a la tumba todos los días TEXTO Y FOTO CARMEN DE CARLOS CORRESPONSAL BUENOS AIRES. No lo recuerda pero intentó ahorcarse con un cinturón. En ese momento su hijo Jeremías se reventaba el cerebro, los pulmones y el estómago con el paco la droga de los pobres en Argentina. Su otro hijo, Juancho, le suplicaba que salvara a su hermano. Maira, la pequeña, y Rubén, el mediano, también confiaban en la fuerza de su madre, pero María Rosa González, de 44 años, había tocado fondo. La mujer terminó en un psiquiátrico atiborrada de pastillas, como una estatua, con la mirada fija en la pared pasaba los días hasta que decidí que tenía que salir de ahí Hizo su bolsita de ropa, escupió la última tanda de remedios y cuando fue a visitarla su hermana, le juró que le habían dado el alta. No era cierto. La única verdad de María Rosa, que además es epiléptica, era que tenía que sacar a Jeremías de la droga argentina del siglo XXI, una mezcla de pasta base de cocaína con cualquier porquería. María Rosa lo consiguió hace tres años, pero ahora es Juancho el que está perdido por el paco el veneno que, según las madres de muertos y adictos, se lleva a la tumba un chico por día. A los transas (traficantes) los identificamos con cruces blancas en las puertas de su casa. Todos sabemos quiénes son... ¿La Policía? Forma parte del negocio María Rosa cuenta su historia, que es la historia de miles de madres de argentinos y de Ciudad Oculta, una villa miseria más de Buenos Aires o barrio de chabolas donde las calles son pasillos habitados por perros con sarna, gente pobre y despojos humanos después de meses o años de consumir paco Sentado en una silla desvencijada su hijo Juancho, de 27 años, balbucea unas palabras. Yo me quiero internar en un lugar del que no me pueda escapar porque me escapo de todos y así nunca me voy a curar Unos minutos antes se dio un pipazo Significa que se metió la mano en el bolsillo, tiró de un tubito hueco de aluminio, sacó un clavo con cabeza algo menor que el diámetro del cilindro y una virulana (estropajo metálico) Le dio un pellizco a la madeja, lo prensó como un filtro y lo introdujo en el tubito con la cabeza del clavo. Tenía lista la pipa después la arrastraría, como una aspiradora, sobre el paco que viene envuelto en un lacito de plástico. Sólo quedaba prenderle fuego y aspirar hasta el fondo. Son 10 o 15 segundos de subidón, pero cuanto más tiempo lo aguantas en los pulmones mayor es el impacto La sensación la describe Jeremías, limpio de todo desde hace dos años: No tomo alcohol, marihuana, cocaína, pastillas, paco nada de nada Hoy su única debilidad es el cigarrillo, un estómago de cristal y algún que otro dolor de cabeza. Son secuelas eternas de la única droga made in Argentina Juancho era el que más pedía que ayudara a Jeremías y mira dónde está María Rosa observa a su hijo. Empapado en sudor se le cae la cabeza hacía adelante. Con una mano sujeta un vaso de vino. En el congelador ha guardado el envase de tetrabrik para que no lo vean: Cuando mi papá se murió me quedé encerrado en la villa y no he podido escapar dice él. Recuerda que fue entonces cuando comenzó a consumir y como el resto de los adictos, recorrió al galope todas las drogas a su alcance, Poxi Ram (pegamento inhalado) marihuana, cocaína, alcohol, paco No deja que sus hijas le vean consumir: Tengo tres, Luna, Lara y Luzmila Lleva sus nombres tatuados en la pierna y en los brazos, pero Las secuelas más paco Recorres las calles, asaltas a la gente, robas, haces lo que sea. Llegué a estar nueve días seguidos sin descansar. Tenía los pies como bombitas de agua recuerda. En una crisis de abstinencia, el muchacho desguazó la nevera, se llevó los aluminios. Todo lo que brilla advierte María Rosa. Eso llega después de dar la ropa, las ojotas (chancletas) Lo que tengas y robarle todo a tu familia y a la gente confían los dos hermanos. En muchas de las chabolas de Ciudad Oculta que, ironías del destino, pertenece al distrito de Mataderos, los tejados tienen las antenas de la televisión rotas porque, ilustran, sirven como pipas Mónica, embarazada de ocho meses, está utilizando un trozo de una: Yasta, no pasa nada sólo que- -los bebés- -nacen con los pulmones rechiquitos asegura sentada en el pasillo de la esquina de la casa de María Rosa. La chica se fuma dos pipas de paco y convida con una tercera a su hermano. El niño tiene once, diez menos que ella. En pocos minutos se arremolinan otros chicos. Se ofrecen a dejarse hacer fotos a cambio de un paco Jeremías presencia la escena. Ya no vive en Ciudad Oculta. Tiene novia y un trabajo temporal limpiando oficinas. Después de la rehabilitación se fue al barrio de Pompeya donde comparte el apartamento con su padre. Hoy, que está de visita, le miran con envidia, como si le hubiera tocado la lotería de poder vivir sin paco Me pone mal ver esto, pero no me dan ganas de volver a consumir asegura. Por primera vez en su vida puede votar en las elecciones presidenciales, pero no lo va a hacer: ¿Votar? A nadie ¿Para qué? Cuando se le pregunta cómo se imaginaba el futuro cuando fumaba paco responde: en una urna, muerto. No piensa votar Mónica, embarazada, se prepara para fumarse un paco la última está muerta. No sé qué le pasó, se puso mal y... yasta Su madre dice que fue por una bronquiolitis, que el bebé se ahogó, dejó de respirar resume. Los síntomas de Juancho y de Jeremías fueron iguales al de miles de jóvenes argentinos. María Rosa lo resume: En tres ó seis meses comienzan a perder peso, no duermen y no paran de caminar. Jeremías, que hoy pesa 90 kilos llegó a estar en 40 El joven aclara: Caminas porque estás buscando Las cocinas del infierno Son víctimas de algo que sigue siendo un poco un misterio para nosotros explica el doctor Carlos Damín, jefe de la Unidad Toxicológica del Hospital Fernández. Pese a que las estimaciones apunten al consumo de unas cincuenta mil personas, no hay un solo estudio oficial en Argentina que desgrane con precisión los componentes del paco Sabemos que tiene clorhidrato de cocaína mezclado con otras sustancias, pero éstas dependen del traficante explica. En términos generales- -continúa- el paco es el residuo de la pasta base que deja el proceso de fabricación de la cocaína mezclado con cualquier cosa... Es veneno puro Su precio en la calle oscila entre los 3 y los 5 pesos (el euro está a 4,20 pesos) Se consigue en cuestión de minutos y llevarla al laboratorio de la Facultad de Medicina de la UBA es cuestión de media hora. La muestra entregada es la primera que les llega para analizar. El resultado fue una sorpresa: Es cocaína pura. Cuando se les acaba la provisión de paco a veces optan por mantener el consumo de los adictos con cocaína sin cortes explica Edda Villaamil, responsable del laboratorio. El Ari (Afirmación por una República de Iguales) elaboró el único informe público sobre el paco El documento afirma que su distribución sólo es posible con la complicidad por acción u omisión de sectores ligados al más elevado poder político, judicial, policial y financiero José Ramón Granero, titular del Sedronar (Secretaría de Programación para la Prevención de Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico) reconoció: Si no hay laboratorios no hay paco y su consumo en seis meses provoca deterioro en las neuronas Las cocinas del infierno del paco se instalaron en Ar- gentina tras la devaluación del peso y su consumo se localiza en los sectores pobres, de mayor vulnerabilidad apunta el doctor Damín. Pero la mejor fuente de información es la de los adictos y las Madres del Paco que, como María Rosa González, reclaman centros de internamiento públicos. Granero lamenta que el Estado sólo tiene un centro de internamiento. El informe del Ari asegura que Argentina se ha convertido en uno de los principales exportadores de cocaína y tiene entre sus destinos a España. La cocaína, la droga de los ricos viaja a España; el paco la de los miserables, se queda aquí, aunque su consumo se extiende a las clases medias.