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4 OPINIÓN MARTES 23 s 10 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro EL TRIUNFO DEL SENTIDO COMÚN EN POLONIA EL GOBIERNO SE COLAPSA EN BARCELONA A crisis del transporte público en Barcelona ha llegado a un nivel intolerable para una sociedad desarrollada y debe provocar una inmediata asunción de responsabilidades políticas con forma de dimisiones o ceses. Más de 160.000 mil catalanes vivieron ayer una odisea para llegar a sus puestos de trabajo, viéndose obligados a encadenar trenes y autobuses que multiplicaban por tres y cuatro veces el tiempo habitual de sus trayectos. La causa de este despropósito es la serie de incidentes en las obras de la línea de alta velocidad, pero antes fueron otras causas y en otros sectores, como el suministro de energía, lo que ha llevado a los vecinos de Barcelona a un estado de hartazgo e impotencia, acrecentado por la falta de dignidad de su clase política. Nadie sabe a ciencia cierta en el Ministerio de Fomento, ni en el Gobierno catalán, cuánto tiempo durarán las suspensiones de los servicios de Cercanías y de los ferrocarriles de la Generalitat, pero se habla de semanas. Todo el despliegue político y mediático ejecutado por el Gobierno de Rodríguez Zapatero no sólo no ha paliado los constantes problemas del transporte en Barcelona, sino que ha demostrado la incompetencia más absoluta de su equipo gestor para prevenir los que en los últimos días han hecho de esta ciudad una víctima indefensa de errores y chapuzas. Es evidente que ninguna administración pública está libre del riesgo de que unas obras provoquen hundimientos de tierra, o de que se caiga un cable del tendido eléctrico. Pero cuando estos problemas se reiteran continuadamente e incluso son advertidos por expertos y empresas, la responsabilidad política debe ponerse en primer plano y legitima a los ciudadanos a pedir cuentas. El problema de esta crisis de infraestructuras en Barcelona es que no sólo fallan los servicios públicos esenciales; también el mínimo respeto debido a los ciudadanos por los dirigentes políticos, que se han mostrado incapaces de dar una respuesta rápida y eficaz a las carencias que sufren L los vecinos de la capital catalana. La continuidad de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, es una auténtica burla a los ciudadanos afectados y un fraude al sistema democrático, basado en algo tan elemental como la prioridad de los intereses generales sobre cualquier otro. A este fallo en cadena del Ejecutivo socialista, el presidente del Gobierno responde con soberbia, ignorando el padecimiento de los barceloneses y el desprestigio de la ciudad y, lo que aún es más inexplicable, no cesando de manera inmediata a la ministra de Fomento y a su equipo. Así debería ser en una democracia respetuosa con el ciudadano y no presa del autismo de los gobernantes. Lógicamente, el PP ha pedido la comparecencia de José Luis Rodríguez Zapatero en el Congreso para explicar qué está pasando en Barcelona y qué está haciendo su Gobierno para resolverlo. Podría parecer excesiva esta petición del PP, pero el propio presidente del Gobierno la ha hecho adecuada a las circunstancias desde que apostó personalmente por la terminación de las obras del AVE a fecha fija- -el próximo 21 de diciembre- lo que induce a muchos ciudadanos a sospechar que detrás de tanta chapuza e ineptitud hay un apresuramiento en satisfacer los calendarios electorales de Rodríguez Zapatero. No es la primera vez que el Gobierno se muestra incapaz de atajar un problema que requiere gestión y coordinación de departamentos ministeriales o de administraciones públicas. Para un partido de izquierda, tan ufano en la defensa de los servicios públicos, es toda una descalificación que el transporte público en Barcelona- -sujeto a una cadena de gobiernos íntegramente en manos socialistas, desde el central al municipal, pasando por el autonómico- -se encuentre sumido en el caos, a diferencia de otras comunidades y capitales, gobernadas por el PP- -como Madrid- -donde este servicio, precisamente, se sitúa a la vanguardia europea. No es una cuestión de ideología. Simplemente, el Gobierno, con sonrisa o sin ella, es un pésimo gestor. FÓRMULA 1, EL PRECIO DE LA DISCORDIA OS datos de audiencia son contundentes. El domingo por la tarde media España estuvo pendiente del Gran Premio de Brasil de Fórmula 1. Fernando Alonso ya no es sólo un gran campeón, sino también un auténtico fenómeno sociológico: la gente discute en la calle sobre cuestiones técnicas desconocidas hasta hace poco y ha tomado partido de forma abrumadora en favor del piloto asturiano. Alonso llegó a McLaren Mercedes, una escudería puntera, con el bagaje de sus dos títulos mundiales ganados brillantemente con Renault. En lugar de encontrar un ambiente apropiado, tuvo que superar desde el primer día las preferencias de su nuevo equipo hacia Lewis Hamilton, un debutante que ha demostrado ser un gran piloto, pero al que le falló el temple y la solidez imprescindibles para ganar el campeonato cuando lo tenía todo a su favor. Ron Dennis, patrón de la escudería inglesa, ha fracasado en toda regla. Sembró la discordia entre los suyos y fue incapaz de reconducir una situación que se ha ido envenenando a lo largo de la temporada. El resultado puede calificarse de ridículo: perdió el Mundial de constructores por el turbio asunto del espionaje y regaló literalmente a Ferrari el título de pilotos cuando parecía casi imposible perderlo, un bagaje lamentable para una empresa que invierte mucho dinero en tecnología con el fin de poner sobre la pista un coche muy competitivo y que había fichado al piloto español a pre- L cio de campeón del mundo para situarlo luego- -en el mejor de los casos- -en pie de igualdad con una joven promesa que no supo aguantar la presión. El intento de última hora de ganar en los despachos lo que ha perdido en la pista es la mejor prueba de que esta prestigiosa escudería debería revisar seriamente sus pautas de comportamiento y la capacidad de sus directivos actuales para estar al frente del proyecto. El contraste con Ferrari resulta muy llamativo: el equipo italiano ha sabido luchar en la pista hasta el último minuto y diseñar una razonable estrategia conjunta, logrando así un premio inesperado que reafirma su brillante trayectoria histórica. Kimi Raikkonen es un digno campeón del mundo, aunque la impresión general es que Fernando Alonso habría logrado en condiciones normales su tercer título consecutivo. El futuro está abierto a cualquier posibilidad, porque nuestro piloto es una estrella del más alto nivel en la F- 1 y puede aspirar al máximo en los próximos años. El ambiente irrespirable de McLaren a lo largo de la temporada recién concluida no se corresponde con el esfuerzo y la ilusión de profesionales, aficionados y patrocinadores, muchos de ellos españoles. Las cosas tienen que cambiar a fondo en una escudería que ha pagado muy caro el precio de la discordia por causa de la vanidad y la incompetencia de algunos de sus responsables. L mensaje de los electores ha sido muy claro: los polacos quieren ser un país moderno, gobernado por principios liberales, reformistas y europeos. Han rechazado tanto el experimento del burdo nacionalismo obtuso y retrógrado de los hermanos Kaczynski como un tipo de socialismo que carga todavía con el peso de la herencia de décadas de dictadura. La llegada al poder de la Plataforma Cívica representa un alivio para un país que necesita coger cuanto antes el tren del progreso y la modernización que ha puesto a su alcance la Unión Europea. En cierto sentido, Polonia ha dejado de ser la excepción de Europa. Es más, después de haber hecho del chauvinismo y el euroescepticismo su bandera, los Kaczynski han acabado por convencer a los polacos de que se equivocarían si siguiesen respaldando una actitud que les convertía en un permanente dolor de muelas para Bruselas. Por ello, las instituciones comunitarias han acogido la victoria de Donald Tusk con toda la alegría que permite la cortesía ante un Ejecutivo saliente, con el que han estado negociando hasta el jueves pasado en Lisboa. La victoria de la Plataforma Cívica representa también un triunfo de la visión política a largo plazo. Si sólo hubiera sido cuestión de estar en el poder, sus dirigentes habrían podido acercarse hace dos años a los cantos de sirena de los hermanos gemelos, para fortalecerlos frente a la oposición socialista. Por suerte, prefirieron consolidar sus principios y mantener la visión de un centroderecha reformista y fervientemente europeo, que el pasado domingo triunfó claramente. No todos supieron ver en aquellos momentos que el tiempo daría necesariamente la razón a la Plataforma Cívica y pondría en su sitio a los hermanos Kaczynski y sus estrambóticas posiciones. La mera propaganda populista no ha logrado desorientar a los votantes, aunque haya sido difundida intensa y burdamente por una emisora de radio que se embosca en los profundos sentimientos religiosos de los polacos para manipularlos. El nuevo Gobierno ha prometido anclar mejor al país en las estructuras euroatlánticas, lo que no le impedirá cumplir también la promesa de retirar el año que viene sus tropas de Irak. Polonia es en estos momentos un aliado muy importante para la OTAN y para Estados Unidos, sobre todo para sus planes de instalar un sistema de defensa contra misiles, y no hay ninguna perspectiva de que ni una cosa ni otra vayan a suponer daños para la política exterior polaca. La permanencia en la presidencia de la República de Lech Kaczynski, finalmente, no puede ser un obstáculo para esta normalización, tan necesaria en la política polaca. El mensaje de la sociedad ha sido tan claro que no ha dejado dudas sobre la determinación de una mayoría de los polacos de acelerar las reformas, y sería un grave error intentar boicotearlo forzando de manera partidista el papel de las instituciones. E