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ABC LUNES 22- -10- -2007 Campeonato del Mundo de Fórmula 1 s Gran Premio de Brasil DEPORTES 93 Alonso, un producto de sí mismo De cómo aprendió a esquiar, subió el Angliru con su mountain- bike o se ha relacionado con McLaren JOSÉ CARLOS CARABIAS ENVIADO ESPECIAL SAO PAULO. La demanda de información es cada vez más elevada y el protagonista busca con empecinamiento contumaz una vida lo más normal posible, a pesar de que las encuestas le sitúan como uno de los tres tipos más conocidos del país. Zapatero, Julián Muñoz y Fernando Alonso, en posiciones intercambiables. En esa disyuntiva fluye la relación entre el personaje y el individuo. Alonso pretende recuperar algún fragmento de su antigua existencia, de cuando iba a la autoescuela en la calle Campomanes de Oviedo, competía en karts con Genís Marcó o acudía al restaurante donde trabajaba su amigo José Luis. Ahora es una estrella mundial, su oficina idea estrategias para preservar su privacidad en los restaurantes, viaja en avión particular por Europa e intenta mantenerse cerca de los aficionados sin que el calor popular atente contra su intimidad, su caballo de batalla con determinado tipo de prensa. Pese al éxito de sus intervenciones, a su probada capacidad de liderazgo competitivo, su ardor en la consecución de victorias, Alonso no ha sido del todo feliz en McLaren. Y siempre por lo mismo. Ha mamado válvulas, manchas de lubricantes, motores con más o menos caballos y gasolina en vena desde que su padre- -José Luis, maestro industrial que trabajó en una factoría de explosivos- -le compró un kart con tres años. Su sitio está en la pista y en los garajes. Pero no pertenece al mundillo de las relaciones públicas, los abrazos, las sonrisas por delante y los puñales por detrás, ese teatrillo de cartón piedra que es la Fórmula 1. Estoy seguro que disfrutaba más en aquella época, comiendo bocadillos y pasando frío recordó José Luis Echevarría, director del circuito de karting de Asturias. Los hechos confirman esa hipótesis. Alonso prefiere comer una pizza o una ensalada en cualquier restaurante que navegar con Ron Dennis en el yate de su socio Manseur Ojjeh por la aguas de Ibiza. Escogerá mucho antes jugar un partido de tenis con cualquier amigo que calzarse un traje para dejarse ver por una cena de gala en el puerto de Mónaco. Es su naturaleza. La que ha chocado contra un trasatlántico de la Fórmula 1 y las relaciones sociales, como es McLaren. Al mismo nivel que rendía el Alonso hace un gesto cariñoso a los mecánicos de su equipo tras el Gran Premio de Brasil fortín futurista de Woking para armar un coche potente, creció la desconfianza por la falta de sintonía personal entre Alonso y Dennis. Cuestión de costumbres, choque de culturas. Cuestión, también, de personalidad. Un don que no le falta a Fernando Alonso. Tiene 26 años, pero piensa y actúa desde hace mucho como si hubiera nacido en 1971 en vez de en 1981. El automovilismo le privó de todas esas vivencias comunes para los adolescentes y le proporcionó madurez de carácter, solvencia para manejarse en la vida. Como aquella vez que conoció a Adrián Campos, su ex manager que ahora dirige un equipo de la GP 2. Fue en Barcelona, en una prueba de karts del Marlboro Masters de leyendas. Le acompañó su padre y la cita duró un par de horas. Había un coche por la estancia y Alonso diseccionó el auto con mirada y memoria fotográficas. Apenas articuló una palabra en 120 minutos. Acepté que aquel crío fuese más rápido que nosotros, pero no que nos adelantase y nos dejase pasar con ese desparpajo. Jugó con nosotros recuerda Campos. El salto a la fama ha vuelto más reservado si cabe al asturiano, que se sabe en el centro de las dianas y ha tejido una red frente al exterior para evitar intromisiones. Le rodea un cierto secretismo que sólo se expande para lanzar los mensajes que le interesan. Secreta era su vocación autodidacta para el esquí, una afición común entre los niños bien de la parrilla. Muchos pilotos han aprendido el noble deporte de la nieve con un profesor. Alonso, no. Un día se subió a las monta- AP Un talento innato El asturiano no participa en el tanatorio de McLaren Ron Dennis entraba y salía del pabellón McLaren sin un rumbo fijo. El patrón de la escudería inglesa viajaba hacia ningún lado, presa de la desazón comprensible que debía rondarle. En menos de un mes se ha quedado sin nada, sin la cadena de trofeos que anunciaba una temporada fantástica. En el tribunal de París perdió todos los puntos del Mundial de constructores que McLaren tenía en la mano y ayer, en el jurado de Interlagos, entregó también el título indidual que deseaba para Hamilton y hubiera rentabilizado con Alonso. A eso de las cuatro de la tarde en Sao Paulo, McLaren era ayer lo más parecido a un tanatorio. Fernando Alonso no participó en el velatorio. Sin mayor atención a las formas, sonrisilla indisimulada, nada de gesto adusto, compareció sin mayor problema ante la Prensa mundial. Bueno, digamos que más tristes tienen que estar en Super Aguri o Spyker, que no han conseguido nada esta temporada Mientras Hamilton repetía el mensaje conocido- estoy decepcionado, pero sólo estoy en mi primer año en la Fórmula 1 mientras los mecánicos de McLaren consolaban a Ron Dennis entregándole el título honorífico de campeón mundial de constructores Alonso siguió a lo suyo. He perdido el Mundial en otros sitios que no han sido Brasil. No quiero volver sobre el pasado porque sería del género tonto. He intentado adelantar hoy a los ferrari, pero ha sido imposible ñas suizas, se ajustó unos esquís y se lanzó ladera abajo como un kamikaze. No hay noticias de que pagase platos rotos de novato con alguna fractura, sino todo lo contrario. Sobrevivió. Habilidoso para el deporte, suele marcarse desafíos de cuando en cuando. Como alguna ascensión al endemoniado Angliru, el coloso de la sierra del Aramo que ha escalado con su mountain- bike ultraligera. Quería probar si era cierta la sensación de escalofrío que describían los cronistas de ciclismo cuando se atraviesa la Cueña les Cabres, la formidable rampa al 23 por ciento en el último tramo antes de llegar al abrevadero del ganado de la cima. Hace unos días, un ex ingeniero de Renault, John McGuin, ahora en Toro Rosso, recordaba una anécdota del español. En un hotel de una ciudad cualquiera, alguien abrió la puerta de la habitación de Alonso y le encontró tocando la guitarra y entonando canciones en español con cierto pellizco. Hasta aquí ha llegado Alonso, más de lo que nunca imaginó. Enfrentado a McLaren, sorprendido por un compañero como Hamilton, al mando de un deporte que se ha convertido en dominante. Pero siempre con la esperanza de volver a ser quien fue algún día en su anonimato.