Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
82 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 22 s 10 s 2007 ABC POP TOROS Take That Concierto de Take That. Lugar: Palau Sant Jordi, Barcelona. Fecha: 20 de octubre. Banderillas negras para una novillada áspera y mansa Peterpanismo y cortinas de humo DAVID MORÁN La historia está llena de casos así, de bandas que deciden echar el freno a su carrera y, cuando se animan a volver, descubren con pasmo y sorpresa que su público ya no está donde lo dejaron. Algo parecido les ocurrió el sábado a los británicos Take That en su primera y única actuación en España: sólo 12.000 personas se animaron a medio llenar el Palau Sant Jordi para rescatar sus recuerdos de adolescencia en compañía de la banda que coronó la liga del pop adolescente y anda ahora jugándose la permanencia noche tras noche. Es lo malo de ser un grupo generacional: pasa el tiempo, el público crece y, con los años, empieza a preocuparse más por llegar a final de mes que por rescatar las pegatinas que decoraban su carpeta escolar una década atrás. Aun así, el regreso de los de Manchester fue, contra toda pronóstico, un deslumbrante ejercicio de prestidigitación escénica y derroche de producción. Las canciones, siempre a caballo entre las baladas a cuatro voces y los números de funk mantecoso, acabaron siendo lo de menos en una noche repleta de ingeniosa pirotecnia audiovisual. No han escatimado ni un solo euro los británicos en un retorno que compensa lo liviano de las composiciones y lo anacrónico de algunas coreografías- -las de Sure y Give Good Feeling eran de chiste- -con un fastuoso montaje que, a su paso por Barcelona, tocó techo con la fabulosa interacción entre pantalla y escenario de Never Forget Lo nunca visto: Gary Barlow, Mark Owen, Jason Orange y Howard Donald entrando y saliendo en tiempo real de uno de sus vídeoclips. Impresionante. Fue el colofón a una noche de cuartetos de cuerda y bailes de disfraces; de pianos de cola emergiendo de la nada y pasarelas levadizas conectando el escenario principal a otro más pequeño situado en el centro de la pista; de bolas de espejos gigantes y ritos paganos con llamaradas y bailarines en trance... Fue, en fin, una noche de vistosos efectos especiales y cortinas de humo con los que la banda británica demostró que, a pesar de su más que evidente complejo de Peter Pan, se puede plantar las puertas de la cuarentena con cierta dignidad. MADRID Monumental de las Ventas. Domingo, 21 de octubre de 2007. Un cuarto de entrada. Novillos de Hdros. de Miguel Zaballos, desiguales y feos de hechuras, altones; mansos, difíciles y ásperos en conjunto; el 1 devuelto por blando; un sobrero de El Pizarral (lidiado en cuarto lugar) condenado a banderillas negras, al igual que el 6 Óscar Sanz, de grosella y oro. Pinchazo hondo, tres pinchazos y descabello. Aviso (silencio) En el cuarto, tres pinchazos, uno hondo y tres descabellos (silencio) Javier Bernal, de nazareno y oro. Pinchazo, estocada corta contraria y dos descabellos (silencio) En el quinto, estocada baja (vuelta al ruedo) José Caraballo, de blanco y oro. Cuatro pinchazos y media trasera. Aviso (silencio) En el sexto, pinchazo y estocada (palmas) Se desmonteró David Aladid. Dave Gahan, en una imagen promocional realizada por Anton Corbijn ABC Estar en una banda de rock te obliga a dejar de crecer Dave Gahan, vocalista de Depeche Mode, presenta Hourglass su segundo trabajo discográfico en solitario JESÚS LILLO MADRID. Tras probar suerte con Paper Monsters (2003) y componer algunas de las canciones del último álbum de Depeche Mode, su vocalista coge confianza y estrena Hourglass trabajo reflexivo y penitencial en el que explora la oscuridad lírica y sintética con que ya impregnó el repertorio de su banda. Hasta Paper Monsters yo me limitaba a cantar lo que escribía Martin L. Gore. Sus letras funcionaban para mí porque somos muy parecidos, pero ahora es él quien se identifica con lo que dicen mis canciones, y también con el hombre que aparece en mi disco dice Dave Gahan sobre el líder y guionista habitual del drama musical de Depeche Mode. El tiempo, la edad, el vacío y el vértigo son los argumentos de Hourglass una noche temática y electrónica en la que Gahan parece madurar a deshora. Trato de aceptar- -señala- -quién soy, de asimilar los problemas que me surgen como marido y como padre... Hablo de crecer para ser parte de una familia, algo que echaba de menos en el sentido de pertenencia ¿Madurez o inmadurez? Cuando formas parte de un grupo de rock durante muchos años, desarrollas una vida de Peter Pan como resultado de una negación del crecimiento personal. En el pasado tenía miedo de crecer, quizá porque dejar de ser joven podría impedirme actuar, o tocar... Ahora sé que puedo escribir canciones honestas de un hombre de 45 años, porque ante todo soy padre y esposo. Las mujeres son capaces de vivir más intensamente los instantes de la vida, y aceptarla tal y como viene, pero a los hombres nos cuesta mucho encontrar ese equilibrio. En el pasado llegué a pensar que el rock era lo más importante del mundo, y le dediqué demasiado tiempo; ese fue mi gran error, porque sin la familia no soy más que un hombre solo y perdido Tras distanciarse de Depeche Mode, banda que se reúne puntualmente para grabar y girar y cuyos miembros mantiene una relación familiar, y las familias se enfadan reconoce su vocalista, Gahan renuncia a la frivolidad del pop de consumo y apuesta por la gama de grises que sirve de fondo a Hourglass No hubiese sido sincero con otro tipo de música. Intento reflejar cómo me siento, y la música es un proceso de catarsis para sacar lo que llevas dentro, como la pintura o el cine... Cada uno tiene que convivir con sus demonios, y la música de Hourglass es como la vida que cuento Más información sobre el artista: http: www. davegahan. com ROSARIO PÉREZ MADRID. Mal gusto elevado al cuadrado de los Herederos de Miguel Zaballos, que lidiaron dos novillos llamados Islero (I y II) Una falta de respeto a la historia del toreo y a Manolete, muerto hace sesenta años por las astas de un miura bautizado con este nombre. Para más inri, la novillada fue espantosa, por fuera y por dentro. Fea, complicada y áspera, fue un auténtico regalito para los toreros que buscaban una oportunidad en el otoño de Madrid. Un cero para el ganadero y para la empresa por traer material tan barato e inapropiado a la primera plaza del mundo. La nota más triste llegó con la cornada del subalterno Vicente Pinazo durante la lidia del manso y geniudo sexto, condenado a banderillas negras, al igual que el cuarto, un sobrero de El Pizarral. Javier Bernal se libró de milagro del percance en un quite por gaoneras y se ganó una vuelta al ruedo por su estimable faena al quinto, el único que se dejó- -y a medias, pues se quedaba corto y se revolvía en ocasiones- -por el izquierdo. El alicantino exprimió dicho pitón y extrajo naturales de mérito, jaleados en medio del desierto. Lástima que la estocada cayese baja y se enfriasen de nuevo los ánimos. Con el anterior, de descompuesta embestida, se mostró firme. Caraballo hizo un esfuerzo con el último; frente al tercero, de nula clase, esbozó una serie al natural de mano baja. El debutante Óscar Sanz apenas tuvo opciones. Parte facultativo: Pinazo sufrió una cornada en el muslo derecho de 20 centímetros, que produce destrozos en cuádriceps y contusiona arteria femoral, de pronóstico menos grave