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ABC LUNES 22 s 10 s 2007 ECONOMÍA 41 El FMI advierte que aumentan los riesgos sobre la economía Aconseja a los bancos centrales vigilar de cerca la inflación AGENCIAS WASHINGTON. El Comité Monetario y Financiero del FMI (IMFC) que marca la estrategia del organismo, advirtió ayer de que los riesgos sobre la economía global han aumentado y aconsejó a los bancos centrales vigilar de cerca la inflación, informa Efe. El IMFC cree que las actuales turbulencias financieras tendrán un efecto moderado sobre el crecimiento mundial, pero aun así considera que las interrogantes abiertas hacen necesario que los gobernantes permanezcan con la guardia en alto. El Comité subraya la importancia de políticas macroeconómicas sólidas a medio plazo, así como la continua vigilancia para mantener el buen funcionamiento de los mercados y reforzar los pilares para un alto crecimiento sostenido El órgano hizo hincapié en la resistencia de las economías emergentes al embate de la actual crisis, que se desató a raíz de los problemas del sector de hipotecas de alto riesgo en EE. UU. lo que, a su vez, provocó un endurecimiento del crédito en el país y violentas fluctuaciones en los mercados globales. Las ondas expansivas de ese fenómeno forzaron al Fondo Monetario Internacional (FMI) a rebajar esta semana al 4,8 su proyección de crecimiento global para el 2008, frente al 5,2 previsto anteriormente. Pese a esas menores expectativas de crecimiento, el Fondo destacó que los bancos centrales deberían examinar detenidamente el panorama inflacionario, debido a los mayores precios del petróleo y, en general, a la situación en los mercados de materias primas. Resaltó el papel crítico que han desempeñado los bancos centrales a la hora de asegurar el buen funcionamiento de los mercados financieros y garantizar la necesaria liquidez. Rodrigo Rato, director gerente del FMI AP Juan Velarde Fuertes TREINTA AÑOS DEL PACTO DE LA MONCLOA L desarrollo económico español, desde los años sesenta, era fortísimo. De 1964 a 1974, la tasa media anual acumulativa era del 6,94 de crecimiento del PIB al coste de los factores, según la estimación de Prados de la Escosura. El fundamento esencial de este avance era disponer, dentro de una apertura creciente, de una energía muy barata. Pero ésta encarece súbitamente des- E de 1974, al par que la economía mundial entraba en recesión. Nuestro fuerte desarrollo se esfumó, porque experimentamos cuatro choques sucesivos: el de los precios del petróleo; el de las materias primas, cuya subida parecía dar la razón a las profecías del Club de Roma; un fortísimo choque salarial y de conflictividad social; finalmente, el cuarto choque lo generaba un rápido cambio de criterios de los ministros responsables de la Economía, con lo que la desconfianza empresarial era notable. El deflactor del PIB había crecido en 1976 un 16,1 lo que indicaba una inflación que, en el estudio mensual de 1977 se veía que se aceleraba, llegando a pronosticarse que, a corto plazo, saltaría a los tres dígitos. La relación de los precios de importación a los de exportación hizo mella en la balanza comercial. En el año 1976, para una exportación de 582,2 miles de millones de pesetas, las importaciones eran de 1.158,2 miles de millones, déficit que también parecía crecer. Todo ello junto con un progreso preocupante en la tasa de paro, que había sido del 1,1 en 1969, y que en 1976 alcanzaba- -y la subida seguía- -el 4,8 de la población activa. Añádase una agitación social creciente justo en el momento en que el presidente Suárez planteaba una marcha constituyente que concluiría en 1978. Fuentes Quintana comprendió que sin un pacto de los partidos políticos la salida era imposible, porque era lo suficientemente dolorosa como para acentuar las tensiones sociales- -acababa de publicar Luis Ángel Rojo su libro Renta, precio y talón de pagos (Alianza, 1974) y en él se señalaban con claridad los costes de la salida de una situación de déficit exterior causado por inflación: una rece- sión interior o sea, añadir leña al fuego de la tensión social. Ese Pacto, para frenar la tensión exigía abandono de posturas en la izquierda y la derecha. La izquierda aceptó liquidar la presión salarial y la conflictividad en las empresas, y abandonar- -como sucedió hasta ahora mismo- -todo impulso revolucionario anticapitalista, y la derecha admitía que se entregase a las nuevas organizaciones el patrimonio de la extinguida Organización Sindical Española, y que se pondría en marcha una reforma fiscal con un fuerte componente de tipo personal y progresivo. Y todos aplaudirían el solicitar formar parte, como miembro de pleno derecho, del Mercado Común. Fue un ejemplo de sensatez colectiva. No está de más, ante los muy serios problemas actuales, recordar cómo entonces se evitó una catástrofe.