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ABC LUNES 22 s 10 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA MARAGALL, ENTRE LA BRUMA UIZÁ yanuncasepamos cuántodeinvoluntario había en el borroso desvarío de sus últimos tiempos, agitados en el interior de su conciencia por el descubrimiento de un mal agazapado y tenebroso, saboteador traicionero del orden, el equilibrio y la memoria. Confuso y contradictorio como ha sido siempre, incluso en sus períodos más carismáticos, lequedaahora elbeneficio de la duda sobre su errática deriva política, atravesada de humanidad por este amargo arranque de sinceridad y coraje con el que ha desvelado un desalentador diagnóstico neuronal desde el humor elegante y lúcido de una esperanzadora fortaleIGNACIO za. También en el momento CAMACHO críticodeesta valienterevelación ha demostrado Pasqual Maragall i Mira esa condición de singularidad inteligente que le ha alzado siempre, intelectual y políticamente, un palmoporencimadelamediocridad de sus contemporáneos y colegas de la menguada dirigencia española. El formidable embrollo en que su impremeditada osadía y sus improvisadas zozobras han sumido a la vida pública española a partir del absurdo delirio soberanista ha sido un modo de hacerse poca justicia a sí mismo, un dirigente brillante y capaz que en su momento más luminoso emergió con fulgurante energía al frente de un proyecto colectivo de extraordinaria pujanza. Más allá de su nebulosa vocación de arquitecto de una improbable Cataluña flotante en el espejo roto de una España confederal y asimétrica, Maragall será siempre el alcalde que construyó, con apasionado y vibrante liderazgo, los mejores Juegos Olímpicos de la Historia. Es cierto que sus fogonazos de clarividencia han alternado a menudo con tormentosas ocurrencias tan arrogantes como mal reflexionadas y peor expuestas, pero aun en medio de esos debates estériles su figura de político intelectualmente distinto ha destacado entre el hormiguero de ambiciones devuelo corto, intereses clientelares y medianías pueblerinas en que se ha convertido la escena catalana. Desdeel agridulce apartamiento del poder al que le ha conducido su zigzagueante periplo ha formulado en los últimos meses esbozos de razonable autocrítica parcial que no han servido sino para poner de manifiesto sus errores, sin privarse de algún ajuste de cuentas retroactivo que no parece afectado por el siniestro horizonte de la niebla en la quese dispone a adentrarse con entereza digna de todo elogio. En cualquier caso, el desbarajuste del Estatuto y la crisis que ha proyectado sobre la política española no podrá nunca imputársele de forma exclusiva, ni su alzheimer servirá de cínica coartada para quienes le han secundado en perfectas facultades mentales. Ni Montilla, ni Mas, ni Carod, ni por supuesto un Zapatero queledioalas al disparatado proceso sin saber cómo controlar su curso ni su trayectoria, podrán delegar en el declinante Maragall- -al fin y al cabo tan culpable como víctima- -su propiaresponsabilidad en eldescalzaperros a que nos ha arrastrado esa loca aventura de aprendices de brujo. Y ninguno de ellos tendrá nunca en su hoja de servicios la muy honorable página olímpica de la que el expresident acaso pueda llegar a olvidarse, pero siempre será recordada por todos con una legítima sacudida de orgullo. Q EL ÁNGULO OSCURO DEMOCRACIA YOUTUBE A nadie dudará que YouTube, el portal de videos on- line, se ha convertido en el más formidable instrumento de propaganda y contrapropaganda política de nuestra época. En la fase primitiva de la democracia mediática, el político que quería asomar la cabeza tenía que convocar una rueda de prensa para largarnos su doctrina, o conseguir que, en mitad de un mitin soporífero, un apuntador le advirtiese del momento en que iba a producirse la conexión en directo con el telediario, para engallar la voz y soltar las frases más rimbombantes o triunfalistas. Si el político pertenecía a la facción que manejaba el cotarro, la repercusión de sus arengas estaba garantizada; pero si pertenecía a la facción que calentaba banquillo tenía que chincharse y exponerse al ninguneo o, lo que aún resultaba más aflictivo, a que lo sacaran en la tele mientras aburría a las ostras. En la fase primitiva de la democracia mediática, además, el político sabía que el impacto de su doctrina dependía tiránicamente de las audiencias: la repercusión de lo que hiciese o dijese no sólo se mediría por la atención que le dispensaran los medios, sino sobre todo por la atención menos JUAN MANUEL controlable que le dispensara la clienteDE PRADA la del medio en cuestión. Ya podía desgañitarse, que como el destinatario hubiese decidido dormir la siesta sus palabras se perderían en el limbo. Si el periódico del día anterior sólo sirve para envolver el pescado, las palabras del político arrojadas al limbo de la desatención se pudren más rápidamente que los mejillones en agosto. A ver quién era el guapo que se iba a infectar con su hedor, zambulléndose en una hemeroteca. Con YouTube, la democracia mediática ingresa en una nueva era. Los momentos de lucimiento del político son repescados por su propia facción, que los cuelga del portal para entusiasmo de sus prosélitos. Los momentos de desdoro o ignominia o franca ridiculez son repescados por la facción adversa, o incluso por algún cachondo que tuvo la santa paciencia de tragarse la pifia mientras la emitían por televisión y la picardía de grabarla. Y Esta figura del cachondo que se dedica a colgar en YouTube las gansadas, intemperancias y desatinos de nuestros políticos es uno de los especimenes humanos más dignos de celebración y encomio de nuestro tiempo. Es algo así como el partisano que le ha salido a la democracia mediática, el saboteador que emplea cuña de la misma madera para desactivar las estrategias de la propaganda. Cualquier exabrupto deslizado por el político de turno que no ha tenido la prevención de comprobar si los micrófonos estaban apagados, cualquier berrinche que desmienta siquiera por unos segundos la calculada simpatía del político- -como el reciente de Carod- Rovira, revolviéndose como la niña del exorcista ante la mera mención del nombre que le adjudicaron en la pila bautismal- -se convierte de inmediato en pieza cinegética para estos cachondos de YouTube, erigido en el verdadero tubo de la risa de la democracia mediática. Otro fenómeno también ligado a la emergencia de YouTube como nuevo instrumento de propaganda y contrapropaganda política lo tenemos en la proliferación de esos videos mostrencos que las diversas facciones en liza pergeñan para enardecer a su parroquia. Son, por lo general, videos poco creativos, burdamente apologéticos o escarnecedores, que siempre se vuelven contra quien los concibió o- -todavía peor- -contra quien los protagoniza. Así, en el video en el que Rajoy exhortaba a sacar las banderas a los balcones, la fijeza del plano corto ponía un toque tostonazo que los repertorios de jurisprudencia del fondo hacían gravosísimo. El video de Zapatero, menos envarado, tiene sin embargo un clima como de publirreportaje en el que se cantasen las excelencias de un método de aerobic o una pomada de baba de caracol, agravado por la teatralidad meliflua y buenrrollista del presidente, a quien sólo le falta para completar el cuadro hacerle carantoñas en el pescuezo a un perro de raza collie mientras nos vende su mercancía. YouTube se ha convertido en el algodón que no engaña de nuestra democracia mediática; y la mancha del algodón, como los mejillones en agosto, sigue oliendo a podrido que tira p atrás. www. juanmanueldeprada. com