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ABC DOMINGO 21- -10- -2007 El Madrid mantiene el liderato pese a caer en Montjuic gracias al tropezón del Barça Los de Rijkaard naufragan en Villarreal y el Valencia golea en Riazor 89 Las frases de los protagonistas Fernando Alonso Braveheart ante McLaren Alonso salió a saludar a los asturianos pintados de William Wallace que le animaron delante de su hotel e increparon a Lewis Hamilton POR J. CARLOS CARABIAS SAO PAULO. El dispendio electrónico crujía en la plaza del número 12902 de la Avenida de las Naciones Unidas. Cámaras de fotos, móviles, sms. Un bloqueo asturiano en torno al hotel Hilton de Morumbi, punto neurálgico del Gran Premio de Brasil. Hasta allí se desplazó una colonia de españoles- -un centenar largo- -para escenificar de aquella manera- -salió como pudo- -la historia de Braveheart, aquel campesino llamado William Wallace que levantó al pueblo escocés contra la monarquía inglesa. Alonso ha estado muy majo, a la altura de las circunstancias dijo alguien por allí a través del móvil a su interlocutor. Hacía dos minutos que el campeón del mundo había salido a la lujosa puerta del establecimiento para saludar. Visualizar la avalancha no es difícil. Alonso posó, firmó, se apretujó, estrechó manos, agradeció cubre- entradas en tonos azul y blanco, y algún despistado le paró para firmar autógrafos. Salieron las diez chicas que compiten por el trono de número 1 de Red Bull. E, inevitable, la atención del personal se giró en dirección hacia los monumentos entre los que se encuentra la española Raquel Chulvi. En ese momento salió del hotel Lewis Hamilton. El lapso de tiempo entre la puerta de la recepción y la camioneta que le esperaba seis metros más allá pareció eterno por la posibilidad de un incidente que flotó como una nube negra. Se negoció, seguro, alguna colleja indeseable. Nada pasó. Hamilton ganó la escalera del coche, subió pegado a su padre y a la comitiva que lo esperaba dentro. Ron Dennis, su mujer Lisa, la madre y el hermano del piloto y siete u ocho personas más. Fue entonces cuando asomaron las peinetas, el viva Asturias y algún gesto obsceno más que fue clausurado por los ocupantes de la furgoneta corriendo las cortinas y dejando invisible el interior. Hamilton se fue a cenar con su padre real, Anthony, y el virtual de siempre, Dennis, al Fogo de Chao, el restaurante más típico de esta megalópolis de diecisiete millones de habitantes. Y atrás quedó la sombra de Braveheart contra McLaren. No ha pasado nada en concreto, pero cuarto es la peor posición posible, con mis dos rivales delante de mí Estoy pesimista, pero en China también salí cuarto y luego la carrera fue muy afortunada para mí, espero que se repita Lewis Hamilton Los Wallace asturianos, con el gaitero a la cabeza, ante el hotel el gesto y se evaporó antes de que lo convirtiesen en papilla. Dos individuos ataviados con el kilt escocés- -falda de cuadros al viento- la cara pintada de azul y amarillo asturiano y una bandera de la Cruz de la Victoria jalearon al grupo en una comedia que impactó en el bando inglés. Personal del departamento de marketing de McLaren no dejó pasar la ocasión de fotografiar a los Wallace astures y su séquito, tan variado como impredecible. Había canarios, sevillanos y también brasileños y paraguayos. Había asturianos, cla- ABC No estoy presionado, lo que estoy es excitado, pero me siento relajado en líneas generales. El coche va muy bien, me encanta el circuito y mucha gente me apoya ABC. es Más información sobre el Mundial de F- 1 en http: abc. hoymotor. com especiales formula 1 ro, y sonó la gaita. Al compás del Asturias patria querida la gente bailó. Se animó también al ritmo futbolero. Hamilton el que no bote Aquí van a saltar los dueños de Gibraltar y cómo no, Dennis, cabrón, Alonso, campeón Dentro del hotel, las puertas custodiadas por seis guardas de seguridad, se alzaba estridente una bosanova atronadora que impedía escuchar el griterío del exterior. Salió Vitantonio Liuzzi, el italiano de Toro Rosso, sus pantalones de franela marrón, camiseta holgada hasta las rodillas, gorra