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82 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 21 s 10 s 2007 ABC García Márquez, 25, 40, 80 y cien años Hace hoy 25 años, el escritor recibió en México la buena nueva del premio Nobel, y respiró: Me supone el descanso de no ser ya candidato POR JOSÉ MIGUEL OVIEDO Es curioso que en este año podamos celebrar tres importantes fechas en la vida y la obra de Gabriel García Márquez: los 25 años de su premio Nobel, los 40 de la publicación de su novela clave, Cien años de soledad, y sus 80 años de vida. Cabe agregar otra coincidencia cronológica: la mencionada obra del autor apareció justo un siglo después de María, de su compatriota Jorge Isaacs, el paradigma de nuestra literatura romántica. Haré un poco de memoria personal para situar algunos de estos hechos en el contexto de su época. El primero se refiere a la publicación de Cien años de soledad en Buenos Aires bajo el sello de Sudamericana. Hasta ese momento, el escritor era conocido sólo dentro de un limitado círculo de lectores que habían tenido acceso a sus primeros libros publicados en México- -donde vivía desde hacía buen tiempo- especialmente por la notable novela El coronel no tiene quien le escriba (1961) Existía cierta expectativa antes de que Cien años de soledad apareciese el 30 de mayo de 1967, porque algunos fragmentos del libro habían sido adelantados en revistas, entre ellas Mundo Nuevo, que dirigía el crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal desde París. Pero. por supuesto, la realidad superó largamente la expectativa: su impacto se dejó sentir, quizá por primera vez para un autor hispanoamericano, hasta en ámbitos o niveles bastante ajenos a la actualidad literaria; era la noticia del momento y en todas partes no se hablaba de otra cosa. Recuerdo que la revista argentina Primera Plana. donde trabajaba el novelista Tomás Eloy Martínez, saludó la publicación del libro como un gran acontecimiento y le dedicó la carátula con una foto en la que el escritor aparecía exhibiendo sus bigotes de brocha gorda y su famosa camisa a cuadros de leñador, ocupando así un lugar generalmente reservado a políticos, artistas de cine o modelos de televisión. La literatura había llegado, al fin, a ser noticia de actualidad. Las subsiguientes obras de García Márquez mantuvieron García Márquez, recibiendo en 1982 el premio Nobel de manos del Rey Carlos Gustavo de Suecia en un nivel muy alto su prestigio y popularidad, pero creo que, pese a ello, la noticia de que la Academia Sueca le había otorgado el premio Nobel de Literatura en 1982 fue una grata sorpresa para casi todos, incluso para él mismo. Neruda había obtenido el premio en 1971 y ya se sabe que la Academia no suele hacer reconocimientos muy frecuentes cuando se trata de autores de nuestra lengua, como sí ocurre con los de otras áreas lingüísticas o geográficas. Yo estaba entonces en Los Ángeles, como profesor de la Universidad de California, y escuché la noticia del premio por radio. Casi de inmediato traté de comunicarme con Gabo para felicitarlo, pues tuvimos primero una breve relación epistolar y luego una amistad personal cuando lo conocí en México, pocos meses antes de la salida de su célebre novela. Tenía su teléfono, pero pensé que todos sus amigos estarían haciendo lo mismo. Para no ser muy impertinente, resolví usar la mediación de Álvaro ABC Gabo se refugió en casa de Álvaro Mutis para evitar la avalancha, y estaba tomando tragos con él y otros amigos Mutis, su amigo de toda la vida, para dejarle el encargo de mi saludo. Apenas mencioné el nombre de Gabo, Álvaro me dijo: Espérate un momento Unos segundos después escuché la inconfundible voz del propio Gabo, que se había refugiado en casa de Álvaro para evitar la avalancha periodística y estaba tomándose unos tragos con Álvaro y unos cuantos amigos. Recuerdo muy bien las palabras con las que Gabo resumió lo que sentía en esos momentos con una de esas condensadas ironías que usan sus personajes: Ya pasó lo peor Recibir el Nobel era como haber cumplido con una sentencia. Luego vendría la ceremonia de entrega del premio, a la que él agregó una variante: siempre informal y ajeno a los ritos de los actos públicos solemnes, Gabo (que nunca ha usado corbata, ni aun cuando se entrevistó con el Papa Juan Pablo II) no quiso llevar el traje de etiqueta que es de rigor en esas ocasiones. sino un traje blanco de gala típico de Colombia. Lo vi en una foto gigantesca que adornaba la oficina de su agente y amiga Carmen Balcells en Barcelona. Allí aparecía sonriente, feliz y perfectamente documentado para la posteridad que se había ganado con una obra cuyos comienzos fueron algo oscuros hasta llegar a su deslumbrante cúspide y centro con Cien años de soledad.