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80 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos DOMINGO 21- -10- -2007 ABC Cuando los bárbaros estuvieron a punto de conquistar Europa En 1992 fue incendiada la Biblioteca de Sarajevo; el edificio estuvo ardiendo durante tres días. Mañana, el Ministerio de Cultura español presenta un proyecto para restaurar su fachada POR ALBERTO SOTILLO La Biblioteca de Sarajevo fue atacada con granadas incendiarias en la noche del 25 al 26 de agosto de 1992. Fue un blanco deliberado. El voluntarioso cuerpo de bomberos de la ciudad consiguió reducir las llamas, pese a que no había presión en el agua de las mangueras y a que tenían que combatir el incendio con baldes de agua. Pero los nacionalistas serbios volvieron a concentrar su fuego en el edificio. Y lo hicieron con tanta intensidad, que la biblioteca estuvo ardiendo tres días. Durante casi una semana la ciudad fue invadida por las cenizas de la biblioteca, que flotaban tenuemente sobre la urbe como una enlutada nevada. Mariposas negras llamaban a esos persistentes despojos del alrededor del millón y medio de libros y manuscritos incendiados. Todavía varias semanas después del ataque se levantaban las cenizas del suelo socarrado en el que se apilaba una oscura pasta en la que confundían cascotes, maderas y los restos calcinados de los volúmenes. Fue un ataque deliberado y al más puro estilo de aquellos bárbaros. El personal de la Biblioteca acudió enseguida, a ver si aún quedaba algo que salvar. Y los nacionalistas serbios pusieron a varios francotiradores a disparar a todo el que se aproximaba al edificio o intentaba buscar a la desesperada algún volumen que no hubieran devorado las llamas. Una bibliotecaria de treinta años murió cuando corría hacia la Biblioteca a ver en qué podía ayudar. El sitio de Sarajevo tenía esos episodios de heroísmo, tan reales que, en una película, tra pasta negra que se levantaba sobre el atrio central se convirtió en símbolo de la resistencia de la ciudad. Era un elocuente ejemplo de la catadura de los sitiadores. Y los francotiradores serbios, que lo sabían y eran muy conscientes de su papel, también convirtieron la plaza de la Biblioteca en uno de sus lugares preferidos para hacer puntería. El líder de los serbobosnios, el psiquiatra Radovan Karadzic, aseguró que no fueron ellos los culpables. Dijo que los propios bosnios habían destruido la Biblioteca porque no les gustaba su arquitectura Unas palabras por las que ya merecería una cadena perpetua ese individuo reclamado en vano por el Tribunal de la Haya para la antigua Yugoslavia para juzgarle como criminal de guerra. En aquel conflicto se puso muy de moda decir que los bombardeados se bombardeaban a sí mismos. Unos meses antes los nacionalistas serbios habían atacado y destruido el Instituto Oriental de Sarajevo, en el que se atesoraban manuscritos turcos, persas y árabes de incalculable valor artístico e histórico. Otro ataque claramente deliberado. El objetivo de Karadzic y sus matones era crear una Gran Serbia étnicamente pura y formada por todo aquel territorio que alguna vez hubiese pisado un serbio. Un propósito para el que era un claro estorbo la ciudad de Sarajevo, en la que hasta entonces habían convivido serbios, musulmanes y croatas... ortodoxos, musulmanes, católicos y judíos. Eso de la convivencia siempre parece poco creíble, pero lo cierto en que por la ciudad vagaban también quienes te comentaban: Yo soy hijo de musulmán y croata... era yugoslavo... ahora no sé qué soy En la Biblioteca se guardaba la memoria de una confluencia de culturas, de un territorio que fue frontera entre Oriente y Occidente ya desde los tiempos de la partición del Imperio Romano. La Biblioteca era como aquellos emblemáticos puentes de los Balcanes que unían el barrio musulmán y el cristiano, ambos mirándose a las aguas de un mismo río. Como aquel puente de Mostar, que unía a cristianos y musulmanes de una misma ciudad, también deliberadamente destruido por los bárbaros. Se trataba de acabar con cualquier vestigio que custionase la existencia de un Estado étnicamente puro, una Gran Serbia sin mácula de otros pueblos. Ataque claramente deliberado Imagen de la Biblioteca de Sarajevo, completamente destruida por las llamas parecerían inverosímiles y melodramáticos. Aquello no era una guerra, sino un sitio medieval. Apenas se combatía. Los nacionalistas serbios disparaban sus baterías desde lo alto de las montañas en las que tan cómodamente se habían instalado. Sus francotiradores hacían puntería contra todo lo que se movía en la ciudad. Y los sitiados aguantaban... y apenas podían hacer nada más. La Biblioteca de Sarajevo era un edificio singular, de estilo neomudéjar. Decían que único en su fusión de rasgos otomanos y austrohúngaros. Aunque a cualquier madrileño tampoco le parecería tan original: te- ABC nía un inconfundible parecido con la plaza de toros de Las Ventas. Incluso calcinada y semiderruida guardaba el recuerdo de sus arcos mudéjares y sus filigranas entre moriscas y modernistas... como la plaza de toros de Las Ventas. Aquel edificio quemado, ennegrecido, con aquella sinies-