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4- 5 S 6 LOS SÁBADOS DE DÍAS DE JÚBILO Un grafitero solitario arde en la noche, volvía yo a casa gozando de la soledad fantasmal y la coquetería de luces indirectas del viejo Madrid. A cambio, en medio de la calle, me encontré con una ambulancia del SAMUR y un conjunto de vecinos en pijamas y batas. Rodeaban una camilla con un hombre postrado y unos enfermeros, que pronto se lo llevaron rumbo a un hopital. Me informaron que se trataba de un grafitero. No contento con emporcar la planta baja del edificio, había trepado al primer piso para seguir con sus arabescos. Un desmayo, un mal paso, la escalera poco firme, vaya uno a saber qué más, lo hicieron caer. No era una banda de jóvenes atolondrados sino un solitario maduro, como cincuentón, en la apacible edad de las pantuflas y el televisor. Días más tarde, un infalible portero me contó que un par de señoras habían averiguado más de él. Carecía de familia, vivía en un poblado provisorio, en una choza donde almacenaba como único tesoro unos álbumes con las fotografías de sus graffiti. Tras una operación de urgencia, una medula herida auguraba malos tiempos, quizá la invalidez, un perpetuo sillón de ruedas. Se reunieron algunas ropas usadas, una radio portátil, una caja de dulces para acompañar al desgraciado en su soledad. ¿Los habrá estimado o sería la soledad su universo? Alguna vez medité en esta columna sobre la agresión que nuestras ciudades sufren a manos de los grafiteros. No saben nada de nosotros, salvo que somos sus enemigos. Nada, ni siquiera qué causa oscura y potente tiene su enemistad. Ignoro qué porvenir le deparan los días. Espero que el mejor posible. Si no puede valerse por sí mismo, una institución pagada por todos nosotros, sus anónimos adversarios, lo acogerá y cuidará de él. Que por esperar no quede: ansío su mejoría moral, aunque a tan elevado precio. Aprenderá a convivir desde su silla, no obstante su vocación de solitario, que seguramente seguirá allí, dura como el destino. Sabrá que existimos, que somos sus semejantes, aunque no nos ponga rostros ni nombres. Que lo queremos, es decir que lo queremos vivo, tras llegar a la frontera de la muerte por su trivial aventura nocturna. Que somos los otros como él es el otro para todos, para cualquiera. T Blas Matamoro Su estilo es inconfundible no sólo por el acabado de las prendas, sino por el lujo de los pequeños detalles La inspiración le viene a Bartoletti de la propia mujer de hoy, que trabaja, se ocupa de la familia, quiere estar guapa y sentirse bien. Si no se siente bien con la ropa que se pone, poco puede hacer por ella el diseño asegura Moretti, quien añade que no utilizan tratamientos sintéticos para la piel, (el petróleo ocasiona alergias) sólo tintes vegetales (frutas incluidas) y animales. Y como tendencia en cuanto a color, la piel violeta y la gama de los malvas serán los reyes del invierno. La filosofía de la marca es clásica. No seguimos una línea de moda- -puntualiza la diseñadora Bartoletti- -sino un modo de vida, un estilo, tanto con la ropa como con los complementos y todos con nuestro símbolo, la lechuza La moda tiene su sitio, pero son los complementos los que han cogido el protagonismo. El bolso y los zapatos- -puntualiza Bartoletti- -son las piezas claves y no tienen que ir conjuntados sino en armonía. Pero lo más novedoso es que el hombre está llegando en la moda, un terreno que antes era exclusivo de la mujer, con fuerza y en lugar de comprarse un par de zapatos para temporada, como antes, no se resiste al encanto de tener en su armario seis u ocho pares, si no más. En la moda el hombre es imparable, va a más Esta casa que fue durante décadas el alma florentina de moda, no lucha por hacer cosas nuevas (que también) sino por cuidar el detalle que es lo que le va a distinguir de los demás, lo que le va a dar categoría a la pieza. Cueros viejos, tratados al estilo de los que se curtían en época de los Medicis (con tintes vegetales y aromas de flores de mimosa) y cueros nuevos (iguana, canguro... porque las pieles del futuro son cada vez más naturales. Nuestro público es muy amplio- -segura Alberto Moretti- -y nuestras prendas las puede llevar la chica de 17 años o una señora de 50. Para nosotros que la gente famosa nos compre no es tan importante como que lo lleve la gente que de verdad se encuentra bien con estas prendas. El hombre se ha vuelto consumista de ropa y complementos porque trabaja mucho y le gusta estar guapo pero no demasiado. Ahí es donde entramos nosotros Moretti cree que no hay diferencia entre los hombres normales y los de gusto gay porque todo es cuestión de estilo. Los hay que lo tienen demasiado visible o de moda, no porque sean gays, sino porque les gusta ir muy bien y con un aspecto muy estético, y los hay más clásicos Curtidos como para los Medicis Abrigo de hombre con un corte clásico modernizado y en lana de espiguilla larga Una lechuza como logo Resulta curioso que cuando nació Arfango, a la familia Gianivetti, sus propietarios, se les ocurriera poner como logo de la marca la cabeza de un animal tan peculiar como la lechuza. Tomaron el nombre de harfang des nieges (una lechuza que vive entre las nieves del norte de Europa) porque el animalito en cuestión estaba considerado como símbolo de la buena suerte y ellos, naturalmente, quisieron que ese buen augurio se trasladase a su reciente industria a la que auguraban un buen futuro. Hoy, todos los objetos que realizan en piel, ya sean bolsos de viaje, de caballero o de señora, incluidos los monederos y las carteras llevan en algún lado la lechuza. Este otoño se siguen llevando bolsos grandes king size pero dentro de ellos y como detalle curioso va uno pequeñito que, llegada la ocasión, se desengancha fácilmente del gran saco y sirve como complemento de tarde- noche. Es la moda del dos en uno