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ABC VIERNES 19- -10- -2007 La actriz tendrá su calle en Marbella, donde vivió de modo muy discreto 101 E. RODRÍGUEZ MARCHANTE DISTINGUIDA KERR S i hubiera que abrazar a Deborah Kerr con sólo una palabra, ésta sería sin duda distinción Cualquier personaje con ella dentro pasaba de inmediato a ser distinguido. Como actriz era discreta: una gran actriz discreta. También era pelirroja, británica, muy hermosa, de apariencia recatada y de explosión serena. Más dotada para el drama que para la comedia y para la eternidad que para el presente: nunca ganó un Oscar con una película, aunque las hizo muy importantes Narciso negro muy románticas Tú y yo muy grandes De aquí a la eternidad muy sobrevaloradas La noche de la Iguana muy buenas Mesas separadas moderadamente históricas Quo Vadis? Julio Cesar o sencillamente simpáticas Te y simpatía o El rey y yo No tuvo Deborah Kerr en la pantalla un físico avasallador, y a pesar de ello su lista de avasallados es casi imbatible, empezando por Burt Lancaster, al que prácticamente deboróh en una playa, y siguiendo por Cary Grant, Yul Brynner, Stewart Granger, Robert Mitchum, Richard Burton o Kirk Douglas. Pero su auténtico tesoro como actriz residía en una mezcla afinadísima de imposibles, de rigideces y de elasticidades, de recatos y desvergüenzas, que inoculados con sabiduría a sus personajes les daban una profundidad abismal. El pudor y la impudicia de la monja de Sólo Dios lo sabe obra espinosísima de Huston, o sus acorazados y frágiles personajes femeninos de El rey y yo o La noche de la Iguana En fin, Deborah Kerr, la única actriz que no acudió a una cita con Cary Grant. Más dotada para el drama que para la comedia y para la eternidad que para el presente daba vida a una dama seria y fría, se suelta la melena en unas tórridas escenas, -donde interpreta a una esposa adúltera- y es capaz de escandalizar al público con el erótico beso que protagonizó junto a Burt Lancaster- -ambos rodaban abrazados y húmedos una noche de verano en una playa de Hawai- La Academia del Cine estadounidense designó la cinta entre las cien películas más románticas en la historia del cine, y la playa de Oahu, que fue bautizada luego como Eternity Cove, en honor del filme, se volvió un lugar de peregrinación, siendo visitada por turistas del mundo entero. La actriz, que fue nominada para un Oscar como mejor actriz en seis ocasiones, nunca recibió la célebre estatuilla. No obstante, la Academia le concedió un Oscar honorario, en 1994, saludando la perfección, disciplina y elegancia de su trabajo en la gran pantalla. De cualquier manera, con o sin la estatuilla dorada, Deborah Kerr perdurará para siempre en la memoria de los cinéfilos gracias a algunas de sus memorables interpretaciones. ENRIQUE HERREROS DE SUFFOLK A LA ETERNIDAD E llaman de ABC para decirme que se ha muerto Deborah Kerr en Suffolk, al sur de Inglaterra. Lo primero que recuerdo es el día que la conocí. Eran las últimas fechas de diciembre de 1958, se alojaba en el defenestrado hotel Richmond (plaza de la República Argentina) y estaba acompañada de quien, años más tarde, sería un buen amigo mío, el escritor Peter Viertel Cazador blanco, corazón negro Vicente Ibáñez y yo estábamos agazapados en una esquina de la plaza para hacerle un reportaje para Gaceta ilustrada vino a buscarlos Luis Miguel Dominguín, que se los llevó en un amplio coche de torero, de esos que llevan en el techo hasta el consabido esportón pa atoreá Salieron en dirección Somosaguas; estaba lloviendo, M La actriz, en una escena de Tú y yo junto Cary Grant mi pequeño 4 x 4 dio un frenazo en un cruce, embistiendo- -con perdón- -al coche del torero. El mío quedó más abollado que el suyo, pero dio ocasión a que se desvaneciese la tensión. Fuimos todos juntos hasta la casa en construcción que Miguel levantaba para vivir con Lucía Bosé. Deborah se dejó retratar, pero Peter se quitó de foco, no quería llamar mucho la atención. Pasaron los años, y mi amistad con el torero, vía mi padre, me hizo preparar la promoción de la reparación de Luis Miguel, en Madrid, plaza de Vista Alegre, creo que el 9 de julio de 1973; AFP mientras se vestía- -por cierto, Cañabate dijo en este periódico que lo hacía para salir a bailar El sombrero de tres picos -en las habitaciones privadas de la Plaza, llegó Peter Vertel, acompañado de un amigo. Hablaba ya un castizo español aprendido entre las gentes españolas. Pasaron más años, el puñetero tiempo corre demasiado rápido para los ochentones, y me encontré a Peter en el Hotel Beverly Crest el año que Clint Eastwood tenía en pelea por la estatuilla la versión cinematográfica de esa novela antes citada. El día que regresaba a Europa me levanté temprano y le acerqué al aeropuerto, que es una cosa así como desplazarse desde la calle Alburquerque hasta más allá de El Escorial. El 21 de marzo de 1994, la Academia le entregó el Oscar honorario en reconocimiento a su importante carrera. Peter me acompañó hasta el Bel Air Hotel para que, brevemente, la entrevistase. Deborah, entre otras cosas, me dijo: En los años dorados de Hollywood, el dinero no era tan importante Le pregunté: Cuando está en España, ¿mira en la tele sus películas dobladas? Riéndose, me respondió: Algunas veces sí las veo, y lo que no comprendo es que mi voz suele ser la misma que la de Elizabeth Taylor o Audrey Hepburn. A principios de este año, hablé con Peter por teléfono. Yo quería que escribiera una opinión para un libro mío que saldrá en noviembre. Le pregunté: ¿Cómo está la jefa? Resistiendo me dijo con cariño. Nunca la podré olvidar en De aquí a la eternidad sobre todo, en la escena del revolcón con Burt Lancaster en la playa. ¡Descanse en paz!