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ABC JUEVES 18 s 10 s 2007 Rugby s Copa del Mundo DEPORTES 95 BRYAN HABANA EL NIETO DEL VIENTO El ala de Suráfrica igualó el récord de ensayos de Lomu (8) en un Mundial de rugby y se dispone a batirlo en la final contra la Inglaterra de Lord Wilkinson POR ANTONIO ASTORGA Bryan Habana es el antílope humano más veloz del mundo. Heredero del legendario ala negro springbok Chester Williams, el domingo mareó a los pumas argentinos con su elegante zancada por las llanuras de la pampa. El antílope negro tiene un cuerpo relativamente esbelto, patas largas y delgadas, orejas largas y puntiagudas, y registra velocidades de más de 80 kilómetros por hora. Habana, el antílope humano, corre los 100 metros en 11 segundos, y los pumas argentinos están buscando aún su rastro. La Inglaterra de Wilkinson estudia cómo parar el vértigo de su carrera, en la final del sábado, sobre la pradera de Saint Denis. Bryan Gary Habana (nacido el 12 de junio de 1983 en Benoni, Gauteng) jamás había visto un encuentro internacional de rugby hasta que su padre le llevó a conocer el hielo de este deporte en el Macondo surafricano: el partido inaugural del Mundial de 1995, en Ciudad del Cabo, entre Suráfrica y Australia. Lo que allí observó cambió su vida. Un mes después fue testigo, en la caldera rebosante del estadio de Johannesburgo, de la victoria de su país en la final sobre la mejor Nueva Zelanda de la Historia- -una especie del Brasil futbolístico de los años 70- y de la entrega de la copa por el presidente negro de Suráfrica, Nelson Mandela, al capitán blanco, Pienaar. El abrazo del alma de ambos unió a todo un país, cautivó a Habana, y enterró el abominable y despreciable apartheid Bryan- -bautizado así por la admiración de su padre al capitán inglés de fútbol Bryan Robson- -soñaba con ser un springbok. Habana, un niño de 11 años en aquel Mundial, desconocía las reglas del rugby: Recuerdo que todos nos sentimos orgullosos El elegante vuelo de Habana cautiva al rugby y le puede consagrar como mejor jugador mundial de ser surafricanos. Formar parte de aquella euforia total fue realmente edificante. Y me empujó a luchar por mi país Dotado de la velocidad del rayo (si Carl Lewis es el hijo del viento, Bryan es el nieto) sus 178 centímetros de altura y 89 kilogramos de peso le convierten en un antílope letal, implacable, indomable, irreductible. Habana debutó contra Inglaterra en 2004 desde el banquillo, y consiguió ensayar nada más acariciar el cuero oval. Una semana después jugó de titular contra Escocia y posó dos ensayos en la línea de marca. Habana ha disputado 34 encuentros internacionales, y anotado 30 ensayos- -incluyendo los ocho que atesora en esta Copa del Mundo- El instinto de Habana para marcar le ha convertido en un finalizador inalcanzable para la delantera rival, en una bella estampa para los fotógrafos (como el perfil de la imagen) y en un héroe cultural para los surafricanos. Sus fans le escriben canciones y Habana les responde con exhibiciones benéficas, como la carrera contra un cheetah (en una iniciativa para salvar esta especie en peligro de extin- REUTERS ción en Suráfrica) que perdió por muy pocos metros. Candidato a mejor jugador mundial, Habana tiene los pies en el suelo y la cabeza excelentemente amueblada: Soy un tipo que da toda la energía sobre el césped, y mi rol es cruzar la línea de ensayo. El final del día no es feliz si no hemos ganado Jonah Lomu- -la locomotora neozelandesa- orgulloso de que Habana haya igualado su record de ensayos (ocho) en el Mundial de 1995, dice que el cielo es el límite para el antílope humano. El cielo, y tal vez la guillotina Wilkinson...