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ABC JUEVES 18- -10- -2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 81 Un juez de Buenos Aires prohíbe a César Gómez salir de Argentina y le impone 2.200 euros de fianza En el corazón de la cultura española Biblioteca Hispánica reúne en la BN joyas de todas las ramas del saber humano en respuesta al desafío de digitalizar el núcleo principal de los fondos que atesora JESÚS GARCÍA CALERO MADRID. ¿Qué hallaremos en los libros, que es más fuerte que nosotros? La respuesta, aunque inefable, está estos días en las salas de la Biblioteca Nacional, donde se muestran en casi 200 obras los más importantes exponentes de nuestra milenaria cultura, entendida en su más alta y amplia concepción. La reunión de tantas joyas únicas- -algunas suntuosas, como los manuscritos miniados, incluido el Beato de Liébana, y otras en ediciones sin duda modestas, pero tan fuertes que están en los cimientos de lo que somos- -estará abierta hasta el 20 de enero y ha recibido el patrocinio de Axa- Winterthur. En su nombre, ayer asistió a la inauguración Don Jaime de Marichalar. Detrás de esta maravillosa reunión de ingenios- -que abre Lope de Vega, fénix de todos ellos, con el manuscrito y varias ediciones de La dama boba -se esconde un proyecto de mayor calado, la creación de la Biblioteca Digital Hispánica, una selección de los más relevantes hitos de nuestra cultura que serán la puerta por la que se irán colando en formato digital las obras y se pondrán a disposición de todo el mundo en internet. Un comité de expertos, presidido por José Manuel Blecua, es responsable de esta selección y está también involucrado en la muestra de la BN, que habría sido imposible- -reconocían todos ayer- -sin el impulso de Rosa Regàs. Por duro que haya sido el donoso escrutinio que discriminó entre tantos libros célebres para incluir unos y excluir a los otros, la investigación llevada a cabo ha permitido a las comisarias de la exposición, Isabel Ortega y María Cristina Guillén, ir descubriendo detalles desconocidos, insólitos, de estas obras tan estudiadas, porque los libros hablan, sobre todo de su procedencia: la encuadernación o una marca aportan datos, incluso es posible descubrir la reutilización de documentos, o ediciones inconclusas... En efecto, los libros hablan: primero a sus autores, porque a veces la idea de un escritor cobra una forma diferente al encarnarse. Después, a sus lectores, que los enriquecen- -se ven preciosas ediciones anotadas de Aristóteles y otros libros con glosas- -y también conversan los unos con los otros, sin problemas de idioma o época. Incluso algunos son una conversación inacabable, como la Biblia Políglota Complutense, el monumento a la filología realizado en tiempos de Cisneros. Hay un rumor dulce de páginas en esta expoisición, detectable, que llegamos a entender. La muestra es también un viaje por el tiempo, por el entramado de los siglos, los hombres y los nombres, por las artes, desde las musicales- -manuscritos de Barbieri, las Cantigas de Alfonso X, ediciones de Victoria, Salinas, Cabezón, el Cancionero de Palacio, manuales de baile del XVIII- -a las artes naturales, con el Dioscórides brillando en su centro- -libro de plantas de curación y venenos, porque el saber ni juzga ni daña, que ése es privilegio de los hombres- o libros ilustrados de Humboldt, los códices madrileños de Leonardo Da Vinci y otros imponentes tratados científicos, como el Arte de navegar de Pedro de Medina o la Anathomia. La cartografía es otro tesoro nada secreto de nuestra primera biblioteca. Porque damos forma al mundo en un papel- -el atlas Sgrooten, los mapas portulanos, un plano de Extremadura con sus croquis, de Thomas López... -al igual que nos lanzamos al Descubrimiento: están también los viajes de Colón, de Bartolomé de las Casas- -abierto por la mañana de un viernes 12 de octubre de 1492- la carta de relación de Hernán Cortés, mapas del valle de México, de las misiones jesuíticas en California. También hay mundos que no están en éste. Los libros de horas y el Beato lebaniego, el catecismo diminuto de Pedro de Gante, en el que cabría toda la fe, la Biblia de los pobres y el Misal Rico de Cisneros, en momentos en los que la imprenta- -fuente tanto de prodigios como de sospechas- -convive con los manuscritos de pergaminos semieternos. Por si fuera poco, hay una presencia tecnológica inmejorable, en pantallas que permiten hojear, página a página, algunas de las joyas de la muestra. Entre ellas brilla Las edades del mundo de Francisco de Holanda, una de cuyas ilustraciones es el cartel de la muestra. Y hay obras poco vistas de Velázquez, Goya, Durero, Rembrandt, Fortuny... A pesar de lo que sugieren los codicilos de Isabel la Católica, o los privilegios de Alfonso XI, no es la máquina, sino el corazón mismo del tiempo lo que exponen en la Biblioteca Nacional. Y, por supuesto, late con nuestro propio corazón: desvanecidos trazos del Libro de los gorriones de Bécquer, o Follas Novas y Martín Fierro en vetustas ediciones modestísimas. O estrofas, hojas caídas del delicado Cancionero de Stúñiga: De ti me uiene pesar et desigual padescer tu huelgas con mi penar et penas con mi plaser Sennor qual enemigo auer pudiera que mas daño del que digo me fisiera Sólo libros, ventanas de mil años a mil mundos: pero algo llevan dentro, que nos sobrevive. bri Comso Fol. XXXII Media Nox y una escena de cacería número 157- 172 y 248. El abogado de César Gómez Rivero aseguró que éste logró la acreditación para acceder a las salas restringidas de la Biblioteca Nacional porque es un investigador. No recurrió, porque no le hacía falta, a recomendaciones de nadie Por su parte, un juez de Buenos Aires prohibió ayer a César Gómez salir de Argentina y le impuso 2.200 euros de fianza. Rosa Regás, anterior directora de la Biblioteca Nacional, había declarado que Gómez Rivero logró el carné de investigador, porque aportó una carta de recomendación del embajador de España en Argentina extremo que también fue desmentido. Los libros hablan Tecnología, página a página Esta maravillosa reunión de ingenios la abre Lope de Vega con el manuscrito y varias ediciones de La dama boba Un comité de expertos, presidido por José Manuel Blecua, ha sido responsable de esta selección Se exhiben libros ilustrados de Humboldt y otros imponentes tratados científicos, como los códices madrileños de Leonardo Da Vinci El original del Beato de Liébana (1045) en una de las vitrinas de la exposición FRANCISCO SECO Más información: www. bne. es esp bne bibdigitaleuropea. htm