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ABC MIÉRCOLES 17 s 10 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 81 El Odyssey Explorer a su llegada ayer al puerto de Algeciras, escoltado por la patrullera Río Pisuerga del Servicio Marítimo de la Guardia Civil AFP La Guardia Civil detiene al capitán del Odyssey Explorer por desobediencia Se negó a permitir el registro ordenado por el juez de La Línea que investiga por expolio a la compañía, después de que el buque fuera apresado en aguas españolas JESUS GARCÍA CALERO MADRID. Fue en aguas españolas, por orden de un juzgado (el n 3 de La Línea de la Concepción) y gracias a la muy profesional actuación de los barcos de la Armada (corbeta Descubierta y la Guardia Civil (patrullera Río Pisuerga que impidieron la huida del buque Odyssey Explorer con el que los cazatesoros supuestamente cometieron el expolio de uno o varios pecios, según investiga dicho juzgado. Además, el capitán del buque ha pasado la noche en el calabozo, por desobediencia. Los cazatesoros no lo han puesto fácil, ni mucho menos. Escogieron a un grupo de periodistas para asegurarse la cobertura internacional del apresamiento, desde su barco. Para empezar, una vez en Algeciras- -a cuyo puerto llegó a las 13: 30 de ayer- el capitán se negó a bajar la escala y permitir el acceso a la autoridad judicial, lo que le valió su detención por desacato y su puesta a disposición judicial. La Guardia Civil decidió tender su propia escala para cumplir su cometido. A los periodistas les fue requisado material gráfico en virtud de la misma orden de registro del buque y sus enseres. Algunos protestaron agriamente. Es la segunda acusación de desobediencia que recae en un capitán del Odyssey Explorer tras la cursada en enero de 2006, que terminó con una orden de búsqueda y captura. En aquella ocasión fue causada por la incomparecencia ante el juez español que lo había citado. Los cazatesoros, sin embargo, siempre alardean de haber colaborado con las autoridades españolas. La desobediencia se sumó ayer a la causa penal abierta por expolio en La Línea. Los hechos contrastan con la versión del empleado de Odyssey Ali Nessar, que declaró haber sufrido graves amenazas de llegar hasta el final con la violencia y ser encañonado. En el Peñón, la (polémica) presencia de Odyssey ya molestaba como una china en el zapato. Lo cierto es que la fecha elegida para hacerse a la mar, a sabiendas de que el buque sería apresado, viene muy bien a todas las partes. No ha sido antes de las elecciones de Gibraltar del pasado día 11, con lo cual no interfirió en la victoriosa campaña electoral de Peter Caruana, uno de los garantes del Día bueno para todas las partes acuerdo tripartito. Además, la próxima reunión con España y Gran Bretaña está prevista para el 6 de noviembre, cuando los fuegos del apresamiento estarán ya extinguidos. Pese a lo que pudiera parecer, lo que ayer portaba el Odyssey Explorer no eran los habituales pertrechos tecnológicos con los que el barco estuvo operando en nuestras aguas, en los que se recoge hasta el último detalle de sus actividades. Durante las últimas semanas el barco pudo ser limpiado de cualquier prueba incriminatoria en Gibraltar, lo cual tampoco es colaborar con la justicia. Los pertrechos reales podrían haber abandonado la Roca, lo cual hace temer de nuevo en el uso indebido del aeropuerto de soberanía compartida. José María Lancho Abogado AGUAS CLARAS O dyssey no quiere hablar de arqueología ni quiere oír de derecho, pero prefiere discutir sobre aguas internacionales al Este de Gibraltar delante de periodistas. El Parlamento del Reino Unido aprobó en 1878 el Acta de las Aguas Territoriales, por cuya virtud la jurisdicción de los tribunales que habían heredado la antigua jurisdicción del Almirante de Inglaterra, se extendían hasta tres millas de la costa inglesa. Esta norma, que sigue en vigor, fue una norma muy polémica entonces y entronca con la presente cuestión de Gibraltar. Los juristas ingleses discutían si el derecho internacional, que en aquella época reconocía casi universalmente la soberanía de tres millas, tenía eficacia directa sobre el ordenamiento inglés sin necesidad de una ley que expresamente lo dijera. Las discusiones acabaron en la conclusión de que el derecho internacional se hace obligatorio para los Estados por la aquiescencia del propio Estado, y para Gran Bretaña esto suponía un Acta del Parlamento o una declaración judicial. Esta es la línea de uno de los casos judicia- les más trascendentes seguidos en el Reino Unido acerca de su soberanía marítima: el denominado asunto Franconia que determinó que sin ley del Parlamento no hay soberanía en las aguas. En el caso de Gibraltar el derecho interno británico es ambiguo y, desde luego, implícito al reconocerle tres millas de aguas territoriales. Pero no existe ley que se pronuncie o dé garantías sobre el carácter internacional de cualesquiera aguas que circunden sus aguas territoriales. Un caso internacional reciente que desmiente definitivamente la pretensión de que Gibraltar proyecta hacia el Este aguas internacionales, es el resuelto por el Tribunal Internacional de Justicia el 8 de oc- tubre de este año; Nicaragua y Honduras discuten la delimitación de sus aguas; y según el Tribunal, las islas hondureñas no proyectan aguas internacionales ni contiguas, ni ZEE- dentro de las áreas marítimas de Nicaragua, sino que son cercadas por las de este último país. Se añade que Gibraltar se cedió por medio de un tratado cuyo carácter singular no sólo no cedía aguas territoriales, sino que ha condicionado la conducta de ambas partes, hasta el punto de que España jamás ha reconocido que proyecte aguas territoriales; y de que el Reino Unido ha evitado mencionar Gibraltar en su delimitación de aguas territoriales y nunca ha inquietado el espacio marítimo español con reclamaciones de aguas.