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ABC MIÉRCOLES 17- -10- -2007 La Memoria Histórica olvida borrar a ETA ESPAÑA 17 Otaola está decidida a suprimir los carteles y cualquier pintada de apoyo a los terroristas Txirrita Gudarien Plaza recuerda al terrorista como soldado que la violencia ejercida por los terroristas requiere la condena política y moral de toda la sociedad y en ningún caso sus autores pueden ser ensalzados como héroes ni sus acciones receptoras de honores ni homenajes por parte de entidad pública alguna. Una sociedad decente necesita que desde la política se realicen gestos que eviten que se dignifique socialmente el terror y trasladen un mensaje claro y diáfano sobre las terribles consecuencias que provocan las acciones terroristas de quienes no creen en la convivencia y no respetan ni la libertad ni la vida Para el PP, desgraciadamente eso no está ocurriendo y son decenas los miembros de ETA cuyos nombres son dados a calles y avenidas en diferentes municipios del País Vasco y, en algún caso, de Navarra. Entre las cosas que tiene previsto cambiar en Lizarza la alcaldesa Regina Otaola, del PP, está el nombre de la plaza donde está ubicado el Ayuntamiento, dedicada al etarra José Bernardo Bidaola, alias Txirrita El nombre de la plaza es Txirrita Gudarien y no sólo rinde homenaje al etarra, sino que lo califica como soldado vasco Bidaola pertenecía a ETA político- militar y falleció en 1976 al enfrentarse a tiros con agentes de la Guardia Civil. De momento, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Lizarza no ha iniciado los trámites para el cambio de denominación, pero la alcaldesa está decidida a realizar ese cambio, así como a suprimir los carteles y las pintadas de apoyo a los presos de ETA en el municipio. Regina Otaola tiene un difícil papel en un pueblo en el que la izquierda abertzale lo controla todo, hasta el punto de que sólo el PP se atrevió a presentarse a las elecciones, después de que los proetarras no pudieran hacerlo por la relación de su candidatura con la banda terrorista. El anterior alcalde fue el presidente del PNV de Guipúzcoa, Joseba Egibar, quien cedió a las presiones de los radicales y no cambió nada en el municipio en el que Otaola está empeñada en hacer cumplir la ley, empezando por la presencia de la bandera española. Algunas de las fotografías que se exponen en el museo bilbaíno y que han indignado a las víctimas de ETA EFE Un Guggenheim lacerante El museo inaugura hoy una exposición que incluye una serie de fotografías indignante según víctimas de ETA, que han impedido que se recoja en ella la radiografía del cráneo de Miguel Ángel Blanco después del atentado BLANCA TORQUEMADA MADRID. Es una serie de imágenes que podría estar colgada en cualquier herriko taberna. Los ingredientes, incluso en la utilización de las palabras, son los de siempre: militantes de ETA muertos, enfrentamientos con la Ertzaintza, padecimientos de los familiares de los presos, coches incendiados y un afán apenas disimulado de presentar a la Guardia Civil como ejército de ocupación... En suma, el Guggenheim, después de diez años de existencia en los que no ha abordado la lacra del terrorismo, ahora ha mordido el cebo del pretendido conflicto Esta denuncia de Cristina Cuesta, portavoz de Covite y gerente de la Fundación Miguel Ángel Blanco, preludia que las víctimas no nos quedaremos de brazos cruzados ante la recopilación de instantáneas del fotógrafo navarro Clemente Bernad incluida en la exposición Chacun à son goût Cada uno a su gusto que hoy se inaugura en el afamado museo bilbaíno, caja de resonancia mundial de cuanto en él se exhibe. El hondo malestar de la Fundación arrancó con una carta dirigida por el propio Bernad a Mari Mar Blanco, presidenta de la entidad, hace un par de semanas. Tras un preámbulo cortés Estimada Señora: Le escribo en mi condición de artista participante en la exposición Chacun à son goût que se exhibirá en el Museo Guggenheim Bilbao... el fotógrafo planteaba a bocajarro a la hermana del edil asesinado por ETA en 1997 su intención de exponer, en un amplio formato (120 x 80) la reproducción de la radiografía del cráneo de Miguel Ángel agonizante, con la horrenda huella del plomo de los dos balazos de Txapote Superado el desgarramiento anímico, sólo cupo una respuesta de la familia Blanco: un no tajante e indignado. Así, la muestra (que, por otra parte, es muy amplia y recopila obras de creadores vascos contemporáneos, algunos muy prestigiosos) quedará finalmente inaugurada sin esa ofensa macabra, pero con otras instantáneas de la misma línea según Cuesta. Algo que, en su opinión, es un agravio injustificable. Respetamos el hecho de que el Guggenheim, en sus diez años de existencia, se haya mantenido al margen de la lacra del terrorismo, pero exigimos que, si ahora aborda la cuestión, aunque sea de refilón y en el marco de una exposición con otros muchos contenidos, lleve a cabo algo correcto, digno y coherente Bajo el ampuloso título de Basque Chronicles Crónicas vascas el autor había seleccionado catorce instantáneas de su trabajo como reportero, entre ellas las radiografías atrapadas con su cámara en la rueda de prensa ofrecida por los médicos del Hospital General de Aránzazu después de que Miguel Ángel Blanco ingresara en urgencias, ya al borde de la muerte. Es una humillación para todos los ciudadanos, no sólo para las víctimas, que se presente, con ínfulas artísticas, algo tan lacerante. El solo hecho de que se haya planteado la posibilidad de que esa radiografía se colgara en el Guggenheim, aun supeditando esa posibilidad a una autorización de la familia, revela la esquizofrenia y la perversidad Cambios en Lizartza Crónicas vascas Las imágenes presentan a las Fuerzas de Seguridad como un ejército de ocupación, según Cristina Cuesta moral que se ha instalado en buena parte de la sociedad vasca La exposición permanecerá abierta hasta el 3 de febrero, un periodo de tiempo demasiado largo en opinión de la gerente de la Fundación, para que miles de turistas se marchen a sus casas con esa visión sesgada. De los etarras muertos, se muestran los cuerpos destrozados, los llantos sobre los ataúdes; de los guardias civiles, la estampa marcial del general Galindo, en una de las fotos, y en otra, un impersonal féretro en la distancia, con la silueta del fusil de un agente en primer término Si en su carta a Mari Mar Blanco el autor de esas imágenes proclama que siempre ha intentado llevar a cabo el ejercicio de su profesión con el respeto más absoluto a la dignidad humana y con el fin de transmitir los hechos de la forma más coherente posible sus argumentos quedan anulados por su falta de empatía ante el sufrimiento ajeno según diagnóstico de Cristina Cuesta. Hace tan sólo unos días se honró junto al Guggenheim al ertzaina Txema Agirre, asesinado por ETA cuando abortó el intento de los terroristas de sembrar muerte, con lanzagranadas, en la solemne inauguración del museo, en octubre de 1997. Ésa es una foto- -recuerda Cuesta- -que nunca ha estado en una exposición