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ABC MARTES 16- -10- -2007 Davide Croff, presidente de la Bienal de Venecia La Bienal valorará la propuesta formal de la Comunidad Autónoma de Cataluña 81 Xavier Pericay Periodista y escritor En el quirófano entró un hombre inteligente enfermo y salió un lerdo sano Miguel Delibes s Escritor Hoy se inaugura un congreso internacional sobre su obra. Mañana cumple 87 años y ve editadas sus Obras Completas (Círculo de Lectores y Destino) Delibes habla abiertamente para ABC del cáncer que le ha impedido escribir en la última década POR ANTONIO ASTORGA Muchos. Demasiados. Mehan sobrado diez. He tenido paciencia en estos meses. La palabra feliz no figura en mi diccionario. Pero me alegra haber culminado una obra. DESPIDO LIBRE ue Boadella haya dicho adiós a Cataluña no constituye, en el fondo, ninguna sorpresa. Cuando alguien llega a la conclusión de que ya nada le une a cuanto le rodea, lo más aconsejable es que cambie de aires. Por supuesto, siempre habrá quien sostenga que Boadella se ha marchado muy a su pesar. Hasta puede que salga alguno por allí con el cuento de que al fundador de Els Joglars lo han echado de su tierra. Nada más erróneo. Boadella se ha ido porque ya no cabía en Cataluña. Al fin y al cabo, las migraciones de un intelectual catalán- -esa especie tan rara- -se acaban explicando siempre, fatalmente, por una cuestión de espacio. A medida que va pasando el tiempo, el intelectual necesita cada vez más, para su propio desarrollo, ensanchar el territorio en el que se ha movido hasta entonces. Lo puede hacer, claro, sin renunciar al terruño, limitándose, como quien dice, a ir abriendo el compás. Pero sólo si este primer estadio de su actividad está libre de cortapisas, lo que no es el caso de Cataluña. Ni de su cultura. En esta parte de España el nacionalismo permanece vigilante. Véase Fráncfort, por ejemplo. O estás o no estás. No hay medias tintas. De ahí que la única salida, a menos de que uno se avenga al silencio o a la mediocridad, sea coger las de Villadiego. Es lo que ha hecho Boadella. Libremente. Tomándose el tiempo de despedirse. Como un señor. No será el último. Q ¿Cómo se siente al protagonizar sus Obras Completas? -Me siento un poco abrumado. Creo que en mis Obras Completas sobran algunas, pero ¿tengo derecho a suprimirlas? Los expertos dicen que no. Que uno es sus aciertos y sus errores y a los fans les suele gustar coleccionar unos y otros y posiblemente tengan razón. ¿Cómo valora esa segunda mitad del siglo XX que le ocupó escribiendo y el comienzo del XXI? -Han sido diez años nulos, perdidos. Con decir que en ese tiempo no cacé una perdiz roja ni escribí una línea profesionalmente está dicho todo. La operación de cáncer me quitó el cáncer, es cierto, pero también otras cosas importantes: memoria, orden mental, capacidad de concentración, hematíes, dioptrías, oído, etc. En suma, en el quirófano entró un hombre inteligente enfermo y salió un lerdo sano. Aunque viví hasta el 2000 el escritor Miguel Delibes murió en Madrid el 21 de mayo de 1998, en la mesa de operaciones de la clínica La Luz confiesa. ¿Hasta qué punto cuesta aceptar nuestra debilidad como animales para sentirnos, en vez de cazadores, presas del infortunio, del destino? -Medio siglo escribiendo, sí señor y publicando libros, pero el mundo no ha cambiado un ápice. Siguen vivas las ambiciones, las envidias, los abusos de los poderosos, la hacinación de los pobres... todo sigue igual, lo que quiere decir que las cosas de los hombres van mal y el hecho de que algunos piensen derecho y nos aconsejen bien no mejora la condición humana. -Con la ilusión de cambiar el mundo. De hacer la vida un poco más honesta, de hacer prevalecer la justicia. En el fondo escribía para eso, pero me temo que me he quedado en el proyecto. Cuando no hay conflicto sobre la mesa se inventan. Es un juego feroz. Nos divierte enredar las cosas más sencillas. ¿Por qué y para qué escribía? Delibes, fotografiado en su casa de Valladolid obras. Y consentí. Meto en la O. C. lo que escribí, lo que tachó la censura, mis arreglos posteriores, todo. El resultado es un documento curioso, quizá inédito, pero sigue siendo una mala novela. Lo único positivo es que los lectores podrán comprobar por sí mismos lo que digo. Si no lo hice antes es porque el proceso, además de largo y aburrido, no llevaba a ninguna parte. RAMÓN GÓMEZ -Los cirujanos impidieron que el cáncer le matara, pero no pudieron evitar que le afectara. ¿Cómo se vive a un cáncer pegado? ¿Qué ve cuando mira en el pasado: cuál es en su medida el balance de una vida? que hacer de Boadella, no podía decepcionar tantas esperanzas como se habían puesto en mí. Tradicionalmente, mi oficio ha sido un oficio transgresor, y esta vertiente de mi oficio me gustó. Es tan legítima como la del glamour Por cierto, Boadella no ha aparecido con el legendario cabezudo de Pujol, que es un auténtico fetiche Pero las comparaciones, por supuesto, siguen siendo odiosas. El cabezudo está en nuestro almacén, pero de hecho el que lo representa mejor sigue siendo el de verdad ¿Qué le hace más feliz de su gran obra literaria? -Cuesta aceptarlo, naturalmente. Si tú te tiendes en una cama con un cien por ciento de vitalidad y te levantas con cincuenta por ciento, has dejado en la mitad tus posibilidades físicas y mentales. Como dirían los castizos, te han dejado hecho una braga. Todo sucedió como usted dice. Y vivir pegado a un cáncer o a su posibilidad es no vivir. Uno se convierte en un paciente sumiso que obedece, pero la cabeza no le sirve de nada. Durante diez años he sido esclavo de la enfermedad sin padecerla, o lo que es lo mismo, de sus achaques. -Mañana 17, cumplo 87 años. -Es posible lo que usted dice pero, ¿hemos llegado a alguna parte si cree que el balance es bueno? Mis lectores y admiradores me confortan, pero ¿sirve de algo a la Humanidad? ¿No hubiera sido mejor que hubiera permanecido callado? -Se incluye el anexo: Aún es de día ¿Por qué no ha reconocido usted la novela en estos 60 años? -Sí, entra Aún es de día El director de la O. C. dijo que sin esa novela no serían completas las La palabra feliz no figura en mi diccionario. Pero me alegra haber culminado una obra -No me llevé mal con la censura. Había censores buenos y hasta compasivos. Alguno hasta me prestó el lápiz rojo. En Aún es de día el duro y el soez fui yo. Me deslicé, sin justificación, en un tremendismo absurdo. En cambio hubo pequeños cortes en otras novelas improcedentes. Pero pasaron íntegras Los santos inocentes Las ratas Cinco ¿Qué piensa de la censura? ¿Le cercenó la creatividad? ¿Cómo se burlaba la implacable máquina? -Es un alto honor. Los maestros que van a reunirse en Valladolid me aborchornan al ocuparse de mis cosas. Son lo más granado y yo no me considero a su altura. -Un Congreso Internacional estudia desde hoy su obra. ¿Cómo se siente al ingresar como materia de estudio en la Universidad? horas con Mario y Parábola del náufrago Los escritores jugábamos un poco con la censura, la toreábamos. Y con un poco de labia salíamos adelante, las novelas pasaban. A grandes rasgos no estoy de queja con la censura delibros y en cambio me pareció indigna y humillante la censura de prensa. Pretender que pasáramos por libres los directores visiblemente maniatados era feroz, una crueldad demasiado prolongada y vergonzosa. Juan Aparicio, Fraga, Jiménez Quilez y otros usaron como laureles nuestros despojos.