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ABC MARTES 16 s 10 s 2007 INTERNACIONAL 37 Los blairistas se movilizan ante la baja de Gordon Brown en los sondeos Dimite el líder de los liberal- demócratas ante su mal resultado en las encuestas EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Gordon Brown se dedicó diez años a atosigar a Tony Blair, preparando la futura sucesión, y ahora que ésta se ha producido el campo de los blairistas ha comenzado a devolverle la moneda tan pronto como el nuevo primer ministro ha mostrado su vulnerabilidad. Varios destacados dirigentes próximos a Blair han subrayado la falta de visión de Brown, entre ellos un ministro de su Gobierno, de forma que el anterior premier ha tenido que salir al paso asegurando que él no está detrás de ninguna operación de acoso. Blair insiste en que apoya a Brown y en que no ha autorizado a nadie para que en su nombre orqueste una maniobra. En este contexto, significativa es la andada de The Sun que parece comenzar a desengancharse de los laboristas, a los que venía apoyando por conveniencia. Según Trevor Kavanagh, uno de los columnistas más seguidos entre la clase política, no sólo Brown es ya un muerto viviente sino que además estamos asistiendo a la potencial desintegración del Nuevo Laborismo La última encuesta, publicada el domingo, daba a los conservadores una intención de voto del 43 por ciento, frente al 36 por ciento atribuido a los laboristas: una ventaja de siete puntos para los tories que están en su mejor momento demoscópico en quince años. La primera víctima política, no obstante, ha sido Menzies Campbell, que anoche anunció su dimisión como líder de los liberal- demócratas, a quienes los recientes sondeos dan alrededor del 14 por ciento de apoyo, cuando solían estar en un 20 por ciento. Campbell, de 66 años, aportaba escaso tirón a su partido. Dados los bandazos de los sondeos en las últimas semanas, habría que dar tiempo a que la situación sedimente para tener clara la distribución de fuerzas. Pero todo parece indicar que tras una primera general buena aceptación de Brown como primer ministro, se ha impuesto una percepción negativa, no tanto por su acción de Gobierno como porque han quedado manifiestos aspectos de su personalidad que no le ayudan. Entre ellos está la imagen de calculador, de alguien interiormente complicado, tan jugador para movimien- Florentino Portero EL DURO DESPERTAR o cabe duda. A estas alturas Gordon Brown es plenamente consciente de que el período de gracia concedido a cada recién llegado al 10 de Downing Street ha finalizado. La realidad se ha impuesto y no resulta muy agradable. La renuncia de Tony Blair tuvo el efecto de una válvula que se abriera, liberando las tensiones acumuladas y reduciendo la temperatura interna. Gordon Brown es político de imagen consistente y reputado prestigio como hacendista. Todo ello hizo de su llegada un acontecimiento positivo, hasta el punto de tentarle a convocar nuevas elecciones y consolidar una nueva mayoría parlamentaria, ésta sólo suya. Sin embargo, ni Blair era el único problema de los laboristas, ni Bush lo es de los republicanos. Con Blair se va su historia, pero también su liderazgo, su programa y su agenda política. Hasta la fecha Gordon Brown no ha logrado reemplazar estos tres elementos esenciales y no renovará en el cargo si no lo consigue. William Rees- Mogg, una de las leyendas vivas del periodismo británico, destaca en su columna en el matutino The Times el contraste entre las conferencias anuales de los dos grandes partidos británicos. Si en los conservadores era evidente la vitalidad de un núcleo dirigente en torno a un programa, en los laboristas destacaron el cansancio y la falta de ideas. Las brillantes intervenciones de Osborne y Cameron deslucieron el discurso grisáceo de Brown. El Sunday Telegraph ha publicado una encuesta en la que los conservadores se sitúan siete puntos por encima de los laboristas. Desde 1992 no tenían un sondeo tan favorable. A Brown no le basta con moderar algunos aspectos de la política blairista tiene que definir una nueva agenda y eso supone reabrir la caja de los truenos. El debate sobre los impuestos es un ejemplo tanto de esa falta de programa como de las serias diferencias internas. Los seguidores de Blair no le perdonan su traición y la izquierda quiere cobrar los réditos de su apoyo para forzar el cambio. Brown tiene que demostrar su liderazgo y no le resultará fácil. N Brown recibió ayer en la sede del Gobierno a un grupo de birmanos tos bajo la mesa como incapaz de saber comunicarlos luego. Blair podría haber perdido credibilidad en los últimos años, pero aún tenía habilidad para trasladar cierta ilusión. Brown no tiene esa chispa y lo que ahora puede aparecer de pronto es el definitivo cansancio de diez años de un mismo partido en el poder. A Brown se le ha criticado entre las filas laboristas por haber comenzado el curso político con un discurso poco ambicioso en el congreso del partido. Estuvo más preocupado en tapar huecos, con la vista puesta por razones tácticas en unas elecciones anticipadas que finalmente no han sido convocadas, que en presentar una ilusionante nueva era. Además, según le censuran internamente, Gordon Brown se ha empeñado más en oponerse a Tony Blair, para dar una imagen de renovación que al final no está consiguiendo, que en contrarrestar al líder tory David Cameron. Y cuando ha intentado recuperar la iniciativa, lo que ha hecho es copiar las propuestas fiscales de los conservadores. Ese déficit visionario es EPA El amago de elecciones anticipadas ha puesto de manifiesto una percepción de Brown como calculador Las encuestas británicas dan a los conservadores los mejores resultados en 15 años el que ha señalado el ministro de Industria, John Hutton, mientras que lord Falconer, anterior miembro del Ejecutivo, ha advertido que la renovación no viene por sí sola con el cambio de liderazgo Dirigentes como Alan Milburn y Charles Clarke están siendo apremiados para que movilicen ese criticismo. De momento, en cualquier caso, se descarta algo articulado, pues un enfrentamiento abierto no haría sino precipitar un posible triunfo de los tories Falta de visión