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4 OPINIÓN MARTES 16 s 10 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro PIRUETA DE LA IZQUIERDA ITALIANA ÁS de tres millones de italianos se han tomado la molestia este fin de semana de acudir a votar para elegir como líder del nuevo proyecto político de la izquierda- -el Partido Demócrata- -al actual alcalde de Roma, Walter Veltroni, lo que desde el punto de vista numérico representa un entusiasmo inesperado. Si hasta ahora el primer ministro, Romano Prodi, tenía no pocas dificultades para asentar su liderazgo en este sector del espectro ideológico, ahora tendrá que compartir el puesto con Veltroni. Por un lado, la actual coalición de Gobierno sale reforzada por el indudable apoyo popular a estas primarias pero por otro es indudable que esta situación fragiliza también a Romano Prodi, a quien muchos de sus actuales aliados pueden empezar a ver como un dirigente amortizado, aunque aún le queden más de tres años de legislatura. Esta es la enésima vez que la izquierda italiana intenta reorganizarse, empeño en el que se habían utilizado las fórmulas más barrocas que se puedan imaginar, pero nunca hasta ahora se había dado el paso de instaurar una bicefalia como remedio para intentar apuntalar una coalición de Gobierno que tiene que trabajar cada día en el filo de la navaja, porque sólo tiene un senador de ventaja sobre los representantes de la derecha. Para Prodi, la refundación del Partido Demócrata representa un segundo intento de aglutinar la constelación de pequeños partidos de izquierda y centro- izquierda. Ya lo hizo con la fórmula bautizada como El Olivo en 1995, que le permitió ganar las elecciones el año siguiente, pero que terminó veinte meses después con su dimisión irrevocable tras una rebelión interna. Esta vez, vuelve a la carga con un proyecto igualmente ambicioso, en el que intenta otra vez mezclar a antiguos dirigentes democristianos, como él mismo, con otros de origen comunista, como Veltroni, para tratar de formar una masa homogénea que resista el paso del tiempo, pero que muy probablemente conocerá una suerte similar a El Olivo si los políticos italianos no se ponen de acuerdo para reformar la legislación electoral, principal causa de la inestabilidad de la política italiana. Lo lógico es que, después de haber elegido a su nuevo líder, un Gobierno pretendidamente de izquierda convocara elecciones anticipadas. Sin embargo, las encuestas son menos entusiastas que algunos comentaristas políticos y, a pesar del apoyo que ha recibido en las primarias, por ahora no hay ningún síntoma de que Walter Veltroni pudiera obtener un resultado mejor que el que tiene Romano Prodi. Ambos van a tener que aceptar una cohabitación que, si en lo personal pudiera parecer llevadera, en la gestión de cada día puede hipotecar las posiciones de uno y otro. Si son capaces de llegar unidos a las próximas elecciones generales, será un éxito para ambos y, seguramente, un auténtico récord en términos de la política italiana tradicional. M EL PRESIDENTE EN SU BURBUJA NTE un auditorio político y empresarial del máximo nivel, el presidente del Gobierno ofreció ayer en el Foro ABC su faceta más voluntarista. Al parecer, todo va bien en la sociedad española como feliz consecuencia de una legislatura de la que presentó un balance triunfalista, sin resquicio alguno para la autocrítica. El optimismo antropológico que caracteriza a Rodríguez Zapatero lució esta vez en su más alta expresión. Todo perfecto en economía, con elogios incluidos a Pedro Solbes, a pesar de que el vicepresidente ha tenido que plegarse a muchos criterios que no comparte. Por supuesto, no hay problemas en la economía internacional, ni mucho menos en la nuestra, aunque, por si acaso, pidió sin rodeos a las instituciones financieras que no cierren el grifo de las hipotecas. También se muestra muy satisfecho, incluso eufórico, en educación, infraestructuras y- -sorprendentemente- -la política de vivienda, por las consecuencias de un patriotismo de los derechos que atribuye a una singular ideología liberal progresista Se trata, sin duda, de una retórica llamada a pisar el terreno a sus adversarios. La distancia entre el optimismo presidencial y la realidad de los hechos se manifiesta especialmente en materia territorial. Pocas horas antes de de que Ibarretxe traslade a La Moncloa su desafío a la España constitucional, el presidente invoca el nombre de la Constitución como si fuera un conjuro infranqueable contra las supuestas ocurrencias del lendakari, sin aclarar qué medidas concretas está dispuesto a adoptar. El líder socialista se mueve por definición en el mundo del deber ser nuestra democracia es fuerte y no es posible actuar contra la ley, luego la consulta popular no se puede realizar. Pero la gente está preocupada porque el nacionalismo plantea la cuestión en el terreno práctico y efectivo. En este punto, parece descartado que el Gobierno impulse la ilegalización de ANV y del PCTV y, por supuesto, se elude- -por el viejo sistema de mirar A para otro lado- -la posibilidad de aplicar el artículo 155. En la misma línea, resulta que el estatuto catalán ha reforzado la gobernabilidad y, por arte de magia, la práctica desaparición de la Administración estatal sobre el territorio resulta ser una manera de fortalecer al Estado. Tampoco es fácil entender cómo la financiación privilegiada que establece dicho estatuto puede reforzar la cohesión entre comunidades autónomas y beneficiar a las que tienen menos nivel de renta. Así son las cosas, sin embargo, en la idílica visión que transmite un presidente que, de cara a la campaña electoral, recupera el mejor de los talantes Por eso pide sosiego y reprocha al centro- derecha que suba el listón de las críticas en materia de banderas o de memoria histórica, como si fuera el producto de la exageración de unos cuantos exaltados. Aunque las palabras del presidente sobre la Monarquía parlamentaria no dejan lugar a dudas, es poco convincente pasar de largo por los graves incidentes de los últimos tiempos, asegurando que se están magnificando hechos de importancia relativa. Zapatero no quiere que la realidad le estropee un buen mensaje electoral. Un país feliz, visto desde la burbuja presidencial, que disfruta de derechos sociales y de una Educación para la Ciudadanía que califica de acto patriótico es el mejor caldo de cultivo para transmitir a los ciudadanos un proyecto edulcorado. El líder socialista tiene notable facilidad para la comunicación y está dispuesto a utilizar en los próximos meses su faceta más seductora. No obstante, en una democracia madura los ciudadanos exigen mucho más, incluida una defensa coherente de la Constitución y una gestión realista de los asuntos que importan de verdad a la gente. Una sociedad desarrollada no se deja seducir por la retórica sin fundamento. No parece la mejor fórmula para afrontar hoy mismo una entrevista con un lendakari que viene dispuesto a romper los cauces de la Constitución y la convivencia social. EL ESTATUTO QUE LO COMPLICA TODO A reclamación de una selección nacional la promoción exterior de una cultura mutilada- -Feria de Fráncfort- -y, ahora, la ficticia invitación a la Bienal de Venecia como nación sin Estado -en palabras de Carod- Rovira- -son los síntomas de un problema que amenaza con seguir resquebrajando la inserción de Cataluña en España. Lo temible no es que España se rompa, porque la Constitución no lo permite y los separatistas saben bien que con la independencia perderían nivel de vida. Lo que realmente preocupa es que el Estado español, como organización política de la nación, acabe siendo una realidad demediada por una soberanía ejercida de facto por la Generalidad catalana. El Gobierno desprecia a todo aquel que muestra su preocupación por la evolución de un Estado que hasta ahora era autonómico, caricaturizando con brocha gorda los legítimos reparos a la implosión del sistema institucional. Que España no se rompa no significa que no pueda sufrir otros males, que pueden no quebrarla, pero tampoco la dejarían vivir como merece. La corta experiencia de la Cataluña neoestatutaria lo demuestra con creces, porque a esos hechos, que podrían pasar por anecdóticos- -la selección catalana, la depuración de la cultura catalana en castellano y las ínfulas estatistas de Carod- Rovira- se le suma la institucionalización de una relación bilateral y en régimen de igualdad entre el Estado y la Generalidad. El nuevo estatuto catalán ha convertido en sistema político lo que hasta hace poco no eran más que ensoñaciones soberanis- L tas, forzando una esquizofrenia constitucional, pues lo que establece la norma estatutaria no es lo que prevé la Constitución. En efecto, el Estado español está inmerso en un proceso confederal desde el momento en que una de sus leyes- -el estatuto- -reconoce la existencia de una segunda nación en España y la dota de un sistema de gobierno que pasa de la autonomía a la cosoberanía. Por eso, el rumbo tomado por el Gobierno tripartito catalán, con el visto bueno del central, está impregnado de una clara apariencia de inconstitucionalidad, pero al mismo tiempo cuenta con el asidero de un estatuto en la lista de espera del Tribunal Constitucional, peligrosamente empantanado en sus lances internos y sin visos de retomar con la urgencia debida su responsabilidad de juzgar la constitucionalidad de las leyes, que es lo que ha de hacer. Mientras tanto, el compromiso del Gobierno por sus pactos con ERC y la coautoría de Rodríguez Zapatero con el estatuto catalán impiden que el Estado ejerza una defensa activa de su propia integridad. El nuevo estatuto de Cataluña, antes que la solución de estos desplantes del tripartito hacia España, va a ser un acicate para agravarlos y extenderlos. Las soluciones de Zapatero a la tensión territorial eran, desde el principio, más problemas para la estabilidad del modelo autonómico, con el agravante de que hacían más vulnerable al Estado. Los nacionalistas catalanes, incluido el PSC, no hacen lo que quieren, sino lo que les permiten el PSOE y un estatuto bajo sospecha de inconstitucionalidad.