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ABC DOMINGO 14 s 10 s 2007 Necrológica AGENDA 65 LOURDES ARROYO La forja de una mujer en su destino Lourdes Arroyo, esposa de Mario Conde, murió ayer tras sufrir una larga enfermedad. Fiel compañera del banquero, Lourdes, siempre discreta y en la sombra, era madre de dos hijos y abuela de un niño, Fernando, la última ilusión de su vida FERNANDO FERNÁNDEZ MADRID. Mario Conde es el símbolo de la época de fuerte crecimiento económico y rápido enriquecimiento personal que siguió a la entrada de España en la Unión Europea. Una época que acabó en la crisis del 92 y con Conde en la cárcel, condenado por el Tribunal Supremo a seis años por el caso Argentia Trust y veinte años por apropiación indebida, estafa y falsedad en el caso Banesto. Su figura pública ha simbolizado el auge y caída de la beautiful people, y su trayectoria personal y profesional la emergencia de una nueva clase de jóvenes ejecutivos, tremendamente agresivos y excelentemente preparados que, convertidos en empresarios sin escrúpulos, desafiaron el status quo de la nobleza empresarial. No dudaron para ello en traspasar los límites de la legalidad, aunque fueran, durante un tiempo excesivamente largo, considerados un ejemplo para la juventud incluso por la izquierda progresista. Durante el recorrido que va de estudiante en Deusto a presidente de Banesto, Mario Conde contó siempre con el apoyo indiscutible de su mujer Lourdes Arroyo, ayer fallecida. Lourdes fue una acompañante leal y discreta, que rehusó en todo momento usar los medios de comunicación para hacer avanzar su causa, que no fue otra que la de la inocencia de su marido. Si se ha comparado a Conde muchas veces con Clinton, sobre todo a raíz de su frustrada experiencia política cuando compró el CDS para buscar una cobertura de persecución que los españoles sabiamente le negaron en las urnas, Lourdes nunca fue Hillary. Nunca apareció llorando ante las cámaras, nunca hizo una representación dramática de su experiencia ni pidió perdón teatralmente, nunca buscó involucrar en su tragedia personal a amigos, conocidos y mantenidos. Cuando el destino salió a su encuentro, le hizo frente con fortaleza. Su enfermedad, que le de- Conde y su mujer, en los años felices que disfrutaron en la residencia familiar de Pollença (Mallorca) de la que era propietaria Lourdes tectaron el pasado verano, ha sido dolorosa y su muerte se ha producido en silencio, sólo acompañada por las lágrimas de su marido y sus hijos. En tiempos de igualdad de género por decreto, es difícil imaginar, comprender y menos aún elogiar el papel necesario de una mujer como Lourdes Arroyo detrás de un banquero que conoció como pocos el éxito antes de caer en la ignominia. Pero olvidemos por un momento la corrección política, el presentismo de juzgar con nuestro código actual de valores los comportamientos que tuvieron lugar en otra época. Recordemos que estamos hablando de una España en la que un ministro de Hacienda socialista se ufanaba de haber construido el país del mundo en el que más fácil era hacerse rico rápido, en el que la presencia de mujeres en el mundo empresarial y político era poco más que una anécdota. En ese país, las mujeres de personajes importantes se dividían entre las que buscaban la fama con la espectacularidad de sus fiestas y saraos, las que aprovechaban la creciente libertad de costumbres para recuperar el tiempo perdido, o las que como Lourdes, dedicaron toda su habilidad, conocimiento y voluntad a seguir a su marido en la felicidad o en la adversidad. Y a Lourdes Arroyo le tocó su buena dosis de adversidad. No podía imaginar cuando contrajo matrimonio con un apuesto y prometedor abogado del Es- ABC tado de provincias, las pruebas que el destino le tenía preparadas. En el día de su muerte, y más allá de todo juicio sobre avatares legales o empresariales, nadie puede negarle la dignidad con la que respondió al infortunio y la lealtad con la que acompañó a Conde. Dicen las crónicas que el banquero encarcelado estaba destrozado. No podía ser de otra manera. Cuestión de humanidad que nada tiene que ver con los negocios o la justicia. ESQUELAS DOÑA MARÍA LOURDES ARROYO BOTANA EL DIA 13 DE OCTUBRE DE 2007 Habiendo recibido los Santos Sacramentos FALLECIÓ EN MADRID D. E. P. Su esposo, el excelentísimo señor don Mario Conde Conde; sus hijos, Mario y Alejandra; su madre, doña Carmen Botana Pérez; hijo político, don Fernando Guasch Vega- Penichet; su nieto, Fernando; sus hermanos, Alejandro, Enrique, Joaquín, Carmen, Pedro, Cristina, Elena, Verónica, Ana y Ricardo; su madre política, doña Pilar Conde Prieto; hermanos políticos, tíos, primos, sobrinos, demás familia y amigos, y los que estuvieron cerca de ella RUEGAN una oración por su espíritu. El entierro se celebrará en la intimidad. El funeral por su eterno descanso tendrá lugar (D. m) el jueves, día 18 de octubre, a las diecinueve horas, en la parroquia de San Fermín de los Navarros (paseo Eduardo Dato, 10) Madrid. (3)