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ABC DOMINGO 14 s 10 s 2007 Reportaje ECONOMÍAyNEGOCIOS 43 vo de arroz, con el que sobrevivía a duras penas, por los cangrejos y langostinos, llegando a triplicar sus ingresos sólo el primer año. Pedí un préstamo y, tras devolverlo, utilicé el dinero ganado en comprarme una motocicleta y en construir esta casita, pues antes vivíamos toda la familia con mis padres relata a ABC mostrando un rudimentario cuarto frente a sus dos piscinas. Hoang Dinh Giang recoge cangrejos de su piscifactoría en Haiphong Del arroz al langostino Tomando como modelo las cooperativas gallegas, un proyecto de la Agencia Española de Cooperación Internacional ayuda a reconvertir los campos de arroz de Vietnam en piscifactorías para la cría de marisco TEXTO Y FOTO PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL HAIPHONG (VIETNAM) Si le gusta el marisco, es muy posible que haya tomado más de una vez gambas y langostinos de Vietnam, una de las potencias mundiales en la exportación de este delicioso alimento. Pero también es más que probable que dichos manjares no hayan sido pescados en las aguas del Golfo de Tonkín o del Mar del Sur de China, sino, curiosamente, en los campos de arroz que pueblan el interior de esta bella nación asiática. Desde que la economía empezara a crecer espectacularmente gracias a las reformas de corte capitalista emprendidas en 1986 doi moi o renovación) el régimen comunista de Hanoi viene impulsando un plan para diversificar la producción del cultivo tradicional en el país: el arroz. Aunque Vietnam continúa siendo el segundo mayor exportador de arroz del planeta, muchas de sus plantaciones se han convertido en piscifactorías dedicadas a la cría de marisco y pescado por la acuacultura. Así ocurre en Kien Thuy, un pueblo situado a las afueras de Haiphong y muy cerca de la sobrecogedora bahía de Halong, al norte de Vietnam y en pleno Golfo de Tonkín. En este distrito, que hace treinta años soportó algunos de los bombardeos más duros de la guerra contra Estados Unidos, sus sufridos habitantes siguen cada día hundidos hasta las rodillas en verdes campos inundados de agua, pero no para recoger granos de arroz, sino cangrejos y langostinos. Estas son las dos especialidades de la cooperativa Tan Thanh, donde unas 140 familias viven de las 200 piscinas de entre 1.500 y 5.000 m 2 recicladas hace seis años para la cría de marisco. Desde entonces, los beneficios de los campesinos se han multiplicado por cinco hasta superar los 750.000 euros anuales, lo que ha provocado una generalizada mejora de vida entre la población. Es el caso de Hoang Dinh Giang, un agricultor de 45 años que hace dos décadas recibió del Gobierno 1 sau de tierra (360 metros cuadrados) y ya posee dos piscinas que trabaja junto a su mujer y dos hijos. Hace un lustro, abandonó el culti- Doi moi capitalismo para curar las heridas de guerra Gracias a las reformas económicas inicada dos décadas, la existencia de Hoang Dinh Giang ha mejorado notablemente desde que naciera en el pueblo de Hop Duc allá por 1961, cuando comenzó la guerra de Vietnam contra EE. UU. Había cráteres de bombas cada diez metros y la vida era terrible, puesto que las casas no disponían de electricidad, en la escuela carecíamos de mesas y sillas y apenas teníamos para comer recuerda el cooperativista, cuyo padre resultó herido en el frente. Tras el conflicto, vino el embargo impuesto por Washington y, como indica Hoang Dinh Giang, sobrevivíamos a base de un poco de arroz y de lo que pescábamos en los ríos cercanos Pero todo cambió a partir del doi moi la renovación emprendida en 1986 por la que el régimen comunista introdujo la capitalista economía de mercado. Un año después, y con el dinero que había conseguido trabajando para una fábrica estatal, me compré mi primera televisión en blanco y negro, que funcionaba con baterías porque la electricidad no llegó hasta 1994 desgrana el campesino, quien se convirtió durante esa década en uno de los millones de vietnamitas que adquirieron una motocicleta, el nuevo símbolo del crecimiento en este hermoso y todavía pobre país del Sureste Asiático. La salubridad, vital Sin embargo, durante los dos últimos años se han desatado varias epidemias en los cultivos, por lo que la cooperativa ha sufrido grandes pérdidas. Para superar la crisis, los agricultores se han visto beneficiados por un proyecto de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) que, desarrollado por la ONG Ayuda, Intercambio y Desarrollo (AIDA) les ha formado en la explotación de piscifactorías. Se hacen estudios epidemiológicos, se imparten cursillos sobre las técnicas de crianza y se profundiza en la gestión medioambiental y empresarial, poniendo como ejemplo el exitoso modelo de las cooperativas de marisco de Galicia explica la coordinadora del programa, Blanca Pérez Lozano. Gracias a esta iniciativa, la temporada del cangrejo (que va de septiembre a febrero) le reporta a Hoang Dinh Giang más de 300 kilos. Como sus compañeros de la cooperativa, vende en los puestos locales la mitad de esta producción y de los 110 kilos de langostinos recogidos entre febrero y agosto. La otra mitad va a parar a las grandes empresas procesadoras de marisco, como Halong Cane Food Company, que luego lo exportan a EE. UU. y la Unión Europea. Cada año debo invertir unos 20 millones de dongs (933 euros) por lo que me resulta vital saber manejar el agua para evitar las enfermedades y minimizar los riesgos indica Hoang Dinh Giang, cuya familia necesita al mes 1,5 millones de dongs (70 euros) Como en el resto del Vietnam rural, su vida es muy dura porque, mientras el hombre se dedica a criar las larvas en las piscinas, la mujer se marcha a las tres de la madrugada al mercadillo de Quy Kim, donde se saca entre 20.000 y 70.000 dongs (entre 1 y 3,5 euros) vendiendo las hortalizas y verduras de su huerto. Pero, al menos, ahora hemos superado la economía de subsistencia que teníamos cultivando sólo arroz y podemos progresar gracias al marisco se congratula esperanzado Hoang Dinh Giang mientras inspecciona los cangrejos de su piscina. Más información sobre la AECI en: http: www. aeci. es