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22 ESPAÑA Trigésimo aniversario de los Pactos de la Moncloa DOMINGO 14 s 10 s 2007 ABC Algunos de los firmantes de los Pactos de la Moncloa, en el Patio de Columnas del palacio el 25 de octubre de 1977 ABC El primer acuerdo constitucional Pensar que echar a andar la democracia era cuestión solamente política, hubiera sido un grave error. Los Pactos de la Moncloa fueron anticipo y base del consenso constitucional. Esta es la crónica de cómo se gestó un acuerdo clave para el futuro de España del verano de 1977 España pasaba por una situación económica tan insostenible que ponía en peligro cualquier proyecto democratizador. El primum vivere garantizar la despensa para sobrevivir durante la travesía constitucional, se convirtió en objetivo prioritario para poder al mismo tiempo filosofar sobre la democracia. Con una inflación en niveles del 30 por ciento; unas negociaciones salariales que terminaban arrancando casi siempre dos puntos por encima del coste de vida; con unos sindicatos apenas representativos e instalados en la cultura de reivindicación más política que social; con una patronal por construir, alineada en su mayoría con la derecha franquista: con aquellos mimbres, ¿cómo garantizar un mínimo clima de convivencia social para vivir en libertad? La crisis económica afectaba también a otros países- -Andreotti, tuvo que hacer su reforma en Italia, Raymond Barre en Francia y Soares lo hizo en Portugal, por poner ejemplos de tres países vecinos- -pero en España la situación se complicaba por la ausencia de instituciones democráticas. Y a la falta de costumbre negociadora se sumaba la inexistencia de agentes sociales verdaderamente representativos. Pensar que echar a andar la democracia era cuestión solamente política, hubiera sido un grave error. Los Pactos de la Moncloa fueron el anticipo y base del consenso constitucional. Al hilo de las negociaciones previas afloraron ya las actitudes que habrían de repetirse durante los debates constitucionales. Tras el triunfo de UCD en las primeras elecciones democráticas Suárez estaba legitimado para tomar la iniciativa. Lo hizo en los primeros días de gobierno. Se lo adelantó a Felipe González en una entrevista en La Moncloa. La primera respuesta no fue halagüeña: Quiere que le saquemos las castañas del fuego comentó el del PSOE. Y al igual que hiciera durante su gobierno anterior, Suárez llamó a Santiago Carrillo para asegurarse la implicación del PCE, que al fin y al cabo era una manera de contar con Comisiones Obreras. La respuesta del comunista fue incondicional. Un bulle- bulle, un trajín, un sinfín de idas y venidas con nombres propios configuran el proceso de incubación de Los Pactos de La Moncloa: A los protagonistas del gobierno, Enrique Fuentes Quintana, Fernando Abril, Leopoldo Calvo Sotelo, Manuel Jiménez de Parga, José Luis Leal, entre otros, con Adolfo Suarez a la cabeza, Recelos Consuelo Álvarez de Toledo MADRID. Que nadie se llame a engaño: sin los Pactos de la Moncloa, la Constitución no hubiera sido posible. Sin la inteligencia para discernir entre lo importante y lo imprescindible, sin la generosidad para abrir caminos de entendimiento más allá de la ambición personal, sin el coraje necesario para vivir una Historia nueva poniendo a cero las memorias de una sociedad que comenzaba a respirar en democracia, este país no sería lo que hoy puede seguir siendo. La Transición, que andaba entonces sus primeros pasos, sufría los embates del terrorismo, los asesinatos y secuestros de ETA y de los Grapo, y las conspiraciones y ataques del franquismo despechado. La situación era tan delicada que realmente ya no había capacidad para afrontar más focos de desestabilización. La cruda realidad era que a comienzos se sumaron sindicalistas y representantes de los partidos de izquierdas. Marcelino Camacho, Nicolás Redondo, Joaquín Leguina, Nicolás Sartorius, Ramón Tamames, con Felipe González y Carrillo. Manuel Fraga, remolón, y también algún nacionalista, como Juan Ajuriaguerra. Estaban muchos y eran todos los que querían construir la España en democracia. Fueron unas negociaciones complejas y a varias bandas en donde todos cedieron para salir todos ganando. El contenido tan heterogéneo que fue surgiendo de mesas de negociación dispersas, obligó a dividir los documentos: los pactos económicos sociales, por un lado, y los políticos de otro. Junto a la moderación salarial, se pactaban reformas estructurales y se derogaban leyes políticas que por denigrantes no debían esperar a ser derogadas por la Fueron unas negociaciones complejas y a varias bandas en donde todos cedieron para salir todos ganando Los pactos se firmaron el 25 de octubre de 1977 en el Patio de Columnas del Palacio de la Moncloa Constitución: junto a la reforma fiscal se acordó, por ejemplo, la despenalización del adulterio y amancebamiento No fue difícil llegar a un acuerdo con las organizaciones de izquierdas sobre RTVE, la ley de Enjuiciamiento Criminal o el Código de Justicia Militar. UCD llevaba en su programa electoral reformas económicas de contenido más que liberal socialdemócrata. Esto facilitó los acuerdos. El Gobierno asumía una reforma fiscal, liberalizar el sistema productivo, financiero incluido, y otras cuestiones como el cambio de la peseta y una política presupuestaria restrictiva. Y los partidos de oposición, con sus sindicatos detrás en el caso de la izquierda, se comprometieron a defender una política de rentas con compromiso de negociar salarios en función de la inflación prevista y no de la del año anterior. Hubo casi unanimidad. Manuel Fraga firmaría sólo los pactos económicos. El 25 de octubre de 1977 en el Patio de Columnas del Palacio de la Moncloa no cabía un alfiler. Desde primeras horas de la mañana los servicios de protocolo de Presidencia del Gobierno se habían afanado en la preparación del escenario para una ceremonia impensable tan solo catorce meses antes. Uno a uno, los diez hombres, fueron firmando el documento. Era la primera vez que los españoles demostraban ser capaces de pactar en aras del interés general. Eran otros tiempos, claro.