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6- 7 S 6 LOS SÁBADOS DE DÍAS DE JÚBILO La voz de la sirena on esto de la memoria histórica también yo hice memoria. Recuerdo haber ido con la Isidra y el Mateo, mis vecinos de patio, a una exposición sobre la guerra civil. La Isidra es mi tesoro castizo. Todavía bebe pintas de cerveza, habla en verso (Amadeo que te veo) y adjetiva a su Mateo de místico (cuidadoso, detallista, cumplido: he ahí su misticismo) De ventana a ventana me pasa las torrijas de Semana Santa y los churros de San Isidro, el santo de mi abuelo asturiano. Siempre me picó la curiosidad el recuerdo que la Isidra tiene de la guerra. Al empezar ésta era verano y ella, una nena de escasos años. Los chicos dormían al raso, sobre unos colchones extendidos en el patio, viendo las estrellas con un cerco de tejas y el tempranero sol de julio. Luego cayó un obús en el esquinazo y pasaron unas semanas en casa de los primos Equis, en la Guindalera, jugando en su jardín. Todo parece amable y divertido en su memoria. Dentro de la exposición nos esperaban fotos de viejos cafés y testaurantes desaparecidos, afiches con propagandas de productos ahora inexistentes, retratos de actores y cantantes. La Isidra los reconocía puntualmente. Vaya si no sabe las filmografías de Luchi Soto y Lina Yegros. La megafonía dispersaba las voces de Miguel de Molina, Estrellita Castro, Celia Gámez. La gente cotorreaba con alegra nostalgia: ¿recuedas esto y lo otro y aquello y lo de más allá? De pronto, el altavoz acalló su música y dejó oír una sirena de alarma. Las voces enmudecieron y todos miramos hacia el cielorraso como si fuera el amenazante cielo real, el de los aviones enemigos. ¿Qué tal si salimos a tomar unos pinchos? -propuso el Mateo- Yo convido. Salimos, en efecto. Creo que sentí algo nunca experimentado, que conocía apenas por películas y libros: emerger de un refugio antiaéreo. Hasta me parecieron suaves y acariciantes los ruidos callejeros: grúas de construcción, motores de coches y autobuses, los pitidos de una ambulancia, las conversaciones íntimas de una acera a la otra entre Mili y Pepa, dos ilustres desconocidas que nos ofrecían sus intimidades. La voz de la sirena había desaparecido. No era la voz de la sirena que encantaba a Ulises sino la otra, la de una Parca vestida de sirena. Los ruidos de la calle Fuencarral, en cambio, clamaban con el gozoso estruendo de la paz. C Blas Matamoro José Antonio Pérez, de La Gramola, posa con el single Ain t She Swet (Beatles, 1964) que cuesta 600 euros zó a comprar como aficionado singles y LPs de rock anglosajón. Iba al Rastro. Por entonces trabajaba en la fotomecánica en la que Hispavox y Columbia hacían las portadas de sus discos. En 1977 lo dejó todo, y abrió su tienda, Escridiscos, una leyenda desde la época de la movida. Hoy, a sus cincuenta y cinco años, sigue al frente del negocio. Me dedico sólo a la importación, y a las compañías independientes españolas afirma. Escribano no sabe qué ocurrirá con la música, aunque, en su tienda, el vinilo significa hoy el 12 por ciento de las ventas El negocio sigue en danza. Pablo se cambia de casa y vende su colección, cosas de Peter Hammill y Bowie. Jaime, barcelonés, no tiene tienda, pero estará con sus discos en la próxima feria de Barcelona. Son sólo unos ejemplos, porque el plato sigue girando. Música para fetichistas PABLO M. PITA Esta misma semana se pondrán a la venta veintiún singles originales de Héroes del Silencio en una edición en vinilo de 7 La banda británica Coldplay hizo lo mismo hace unos meses, con la colección The singles 1999- 2006 Radiohead deja que cada cual pague lo que quiera por bajarse sus nuevas canciones de internet, pero vende por 57 euros una caja de lujo con dos CD y dos vinilos de 12 Hacía tiempo que infinidad de artistas, sobre todo extranjeros, ofrecían a sus fans la posibilidad de degustar sus melodías en un plato. Pero en una época en que la edición digital, carente de glamour pierde interés a marchas forzadas, la más reciente tendencia es lanzar productos para verdaderos coleccionistas. Hay quien dice que el soporte físico de la música ya se hace sólo para fetichistas. Un tocadiscos en buenas condiciones es difícil de encontrar, pero puestos a buscar un fetiche, qué mejor que un pedazo de vinilo, metido en una carpeta de cartón y con el aroma de unos tiempos en que unos jovenzuelos iban escribiendo la historia de la música rock en cada surco. José Escribano, treinta años entre vinilos en Escridiscos Stefan, con uno de sus discos favoritos, de Radio Birdman