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2- 3 S 6 LOS SÁBADOS DE Sin palabras. Pieza cobrada en Australia Las gangas del diseño En sus apuntes, los cazadores de señales no han querido pasar por alto algunos de los más sonados chollos con que se han topado los explotadores de símbolos- -para los que la creación ajena ha resultado un negocio redondo o, como dicen los devotos del self- made men supieron ver la oportunidad Así, Carmen y Lluís recuerdan a Harvey Ball, diseñador y veterano de la guerra de Vietnam, brillante autor del sonriente Smile, trabajo por el que cobró 45 dólares mondos y lirondos mientras vio tiempo después cómo los réditos por su éxito mundial se los llevaban otros. O a Carolyn Davidson, que dibujó para Nike su logotipo cuando todavía era estudiante, recibiendo por toda compensación 35 dólares del ala (nunca mejor dicho) o a Alberto Norda, autor del famoso retrato del Che Guevara, reproducido hasta en la sopa, y por cuyos derechos el retratista no se embolsó ni un euro. Morón son el alma de Signes donde, como especialistas en la implantación de identidad corporativa, fabrican sus propias señales desde hace los mismos 25 años que llevan rastreando el planeta. Una curiosidad insaciable que vuelcan en su propia creación y que les ha valido este año el Premio Nacional de Diseño y, a su Fundación Signes, que realiza una labor impagable con los futuros diseñadores, el Premio Príncipe Felipe a la Excelencia Empresarial. Ellos nos han hecho fijar la mirada en lo que por cotidiano pasa desapercibido y de lo que sólo damos cuenta cuando nos hemos sentido desorientados y confundidos. Porque quién, como nos apunta Ramón Úbeda, se ha parado a pensar que las representaciones gráficas de las redes metropolitanas en las grandes urbes son una obra de arte, Como en un cuadro abstracto- -añade- no se entienden a primera vista, pero esconden un significado que cuando se alcanza a comprender Arte abstracto Árbol devorando- -más que sujetando- -el signo (Nimes) te puede transportar muy lejos Las signos nos guían y nos informan. Los hay de vanguardia, como los emoticones que nacieron con una sonrisa y después alumbraron todo un diccionario, o tan antiguos como los pasos de cebra cuyos primeros vestigios aparecen esculpidos en piedra, entre las ruinas de Pompeya; o poderosos y temidos, sin autoría conocida, como la hoz y el martillo, el copyright- -que se empezó a usar después de la segunda guerra mundial- el dólar, acuñado en 1776 y símbolo universal del dinero; la calavera, sinónimo de peligro, o la esvástica, palabra que en su origen sánscrito significaba bienestar y se representaba por la cruz gamada, que ya existía en la cultura de muchas civilizaciones milenarias, y que utilizaron los nazis en 1920 para representar su ideología precisamente que la judía no la usaba. Sin duda, un mundo sin signos- -sentencia Úbeda- -es un mundo perdido. Sería también un mundo más peligroso. Los signos nos señalan por dónde no debemos ir para evitar dejarnos la vida en la carretera. Los signos también nos indican el lugar donde debemos mear o nos dicen a quien debemos rezar. De entre todos los signos, seguramente el de la cruz es para nosotros el más reconocible. Desde hace más de dos mil años nos acompaña de la cuna hasta la tumba. Ahora bien, la cruz, como gra- fismo, puede tener un significado muy distinto según sea el color con que se mire. En otros tiempos un hombre con una cruz en el pecho no podía ser otra cosa que un cristiano. Hoy, si esa cruz es blanca sobre un fondo rojo, entonces ese hombre es un suizo. Si los colores están invertidos resultará que tenemos ante nosotros a un voluntarioso miembro de la Cruz Roja. Y si fuera verde sería una farmacia. Los demás colores están por el momento vacíos de significado, pero todo se andará. A medida que nuestra sociedad evoluciona necesita de más y más signos que nos orienten. Ahí fuera están por todas partes y es cuando menos se notan que resultan más eficaces. Mala cosa- -subraya el editor- -cuando hay que buscar el cartel de salida en el parking, la entrada de urgencias de un hospital o la ventanilla para entregar el impreso de la renta. Por suerte, el asunto de la micción, que ha dado lugar a un variado catálogo de pictogramas, no tiene pérdida: desde los tiempos de la cruz en el pecho todo el mundo sabe que los servicios están siempre al fondo y a la derecha