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ABC SÁBADO 13 s 10 s 2007 ESPAÑA 21 UNA MEMORIA QUE ENVILECE Volver otra vez a recordar lo que el tiempo ha cubierto con su peso y con su valor es un disparate de tremendas e insospechadas consecuencias hermano de mi madre, comandante de la Guardia Civil en Albacete, fue fusilado y rematado horas después a bayonetazos en el Hospital Naval de Cartagena. Mientras tanto, en otro lugar de nuestra misma tierra, un hermano suyo pertenecía al ejército republicano. Moriría después en el exilio. Nadie puede, pues, acusarme y como a mí, a centenares y a miles de españoles, de haber fomentado una moral cainita. Mejor que memoria histórica, cabría decir olvido histórico, porque aunque creemos que la situación originada por la República española demandaba una solución quirúrgica, y la verdad no puede estar en modo alguno en dos sitios, los que servimos unos ideales de justicia y de amor no nos podemos resignar ahora a refugiarnos en un silencio cómplice, ante lo que acontece actualmente en la vida española, es decir, con la ruptura de su unidad, con la suicida disgregación que esta ley supone, con la sumisa aceptación de culpabilidades no existentes y con el olvido de hechos reales que muchos de nosotros contemplamos en nuestra primera juventud atónitos y prematuramente desesperados. Esta demagogia social nos puede conducir de nuevo a un enfrentamiento que no existe, a una lucha apagada en el tiempo y, en la razón, a un conflicto señalado tan sólo por una memoria que pretendió la integración y que no suscitó nunca el ánimo de contienda entre los españoles. La responsabilidad histórica del actual presidente tiene caracteres de enormidad, es un salto mortal, una daga venenosamente afilada para que se introduzca de nuevo en el corazón de los españoles y que también produce un hecho que quizás no hayan tenido en cuenta los legisladores. Que el actual Rey de España, que lo es de todos los españoles, aceptó en su día la legitimidad histórica del 18 de julio. La condena total al Régimen no admite excepciones e incorpora a la figura del Rey a esta condenación. De todo lo escrito, me gustaría señalar un ejemplo claro de cómo actuamos la mayoría de los hombres que ostentamos responsabilidades políticas en el Régimen anterior. En cierta ocasión, un gobernador civil de una provincia española, cuyo nombre no hace al caso recibió una carta desgarrada y patética de un miembro del Partido Comunista condenado a muerte en la prisión de Burgos. En aquella carta se dirigía al gobernador del que había tenido noticias y sabía que actuaba en su misión con generosidad y con justicia. Al recibir la carta el hombre que ostentaba la responsabilidad en de Gobierno en la provincia, se trasladó a la capital de España para lograr cumplir el deseo de quien rogaba poder asistir a su madre, gravísimamente enferma, en los últimos días de su vida. Aquel gobernador consiguió el traslado del recluso a la provincia de Ciudad Real y éste permaneció junto a su madre hasta que recibió las últimas paletadas de tierra. Este militante del Partido Comunista vive aún, se llama Benito Ruiz, y habita en la calle Ciudad Real de Miguelturra. Él dio siempre muestras- -porque quedó indultado años después- -de una gratitud fervorosa y conmovida dirigiendo cartas significativas a quien había realizado aquellas gestiones por su nobleza y generosidad. No bastaría con conocer esta anécdota, a la que podríamos sumar centenares de actos que evidenciaban por parte de los vencedores o de los hijos de los vencedores un ánimo de reconciliación definitiva. Es posible que la fuerza mediática desatada a favor de la corriente que ha originado el presidente del Gobierno crean lo contrario, pero yo afirmo en este artículo que el tiempo pasará factura de este colosal error y que los españoles veremos claramente que en la angelical sonrisa del presidente Zapatero no había nada más que la turbia mirada de un rencor inabatible. José Utrera Molina Abogado Alguien quiere vencer una guerra que todos queremos olvidar El cardenal de Sevilla critica la Ley de Memoria Histórica que ultima el Gobierno ABC ROMA. El cardenal de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, ofició ayer una misa con motivo del 12 de Octubre e la Iglesia Nacional Española de Santiago y Monserrat de Roma. Al concluir la misma, habló de la Ley de Memoria Histórica que prepara el Gobierno y señaló a Efe que lo peor de una ley de ese tipo es cuando sólo es memoria parcial También subrayó que da la sensación de que alguien quiere vencer una guerra que todos queremos olvidar cuanto antes Dijo que la Iglesia mira más al futuro que al pasado y que si mira para atrás, es para recoger todo lo bueno que ha dejado y no para echarnos en cara mutuamente los errores o maldades El purpurado matizó que ello no quiere decir que no se reconozcan los derechos y se reparen las injusticias que se hayan podido cometer, pero nadie debe aprovecharlo para vencer una guerra que gracias a Dios hace ya mucho tiempo que terminó Preguntado si no estaba en contra de esa ley, el arzobispo de Sevilla respondió: Yo estoy a favor de la historia, pero no estoy por la memoria ideológica. Estoy por la memoria de la historia y no por la memoria de las ideologías Durante la homilía, Amigo Vallejo pidió a Dios que proteja al Rey de España, ya que de su mano depende la estabilidad y que le dé largos días y que todos discurran en la paz A este respecto, señaló que normalmente se pide por el Rey y los gobernantes en todas las misas y que en la Fiesta Nacional era especialmente importante pedir por el Monarca. Igualmente, el líder de UDC, Josep Antoni Duran Lleida, escribe del proyecto de Ley en la carta semanal que publica en la página electrónica de su partido y asegura que no todo lo que hizo la República se sustentó en valores democráticos Duran, que participa en los debates de este proyecto de ley en el Congreso, considera que no era necesaria esta iniciativa legislativa, lo cual no quiere decir que no se tomasen medidas para complementar las que se han ido tomando desde el 15 de junio de 1977 para culminar todo el proceso de reconocimiento de las víctimas del franquismo ivimos un tiempo en el que la estupefacción, el asombro y la sorpresa indignada reinan por doquier. Nuestra existencia, normalmente tranquilizada por los muchos años que ha vivido sin mortales sobresaltos, contempla ahora sin dar crédito a lo que ve el perfil resignado de la actual situación española, donde todo nuestro ser físico y moral se revela con la amarga angustia de la impotencia. ¿Es posible que un solo hombre, me refiero claro está, al presidente Zapatero, albergue tal caudal de odio en su alma para ser capaz de reconducir la historia de España a una situación de conflicto, de confrontación y de reverdecimiento de antiguos rencores? Por haber ejercido función política durante muchos años, me he abstenido siempre de realizar una crítica ligera y apresurada referida a los que ostentaban responsabilidades políticas, pero en esta ocasión no tengo más remedio que lanzar mi yo acuso a quien increíblemente, por una incomprensible nostalgia del pasado, está dispuesto a abrir de nuevo las zanjas que los años habían cubierto de hierba apacible. La principal tarea del gobernante es tratar, sin duda, de obedecer el código de sus convicciones sin producir detrimentos insoslayables en aquellos que se sitúan en una posición adversa. La prudencia es una virtud superior a la astucia; la serenidad, la clave de cualquier género de comportamiento responsable. La demagogia temeraria deja de ser un error para convertirse en un mal incalculable. Insisto en que volver otra vez a recordar lo que el tiempo ha cubierto con su peso y con su valor es un disparate de tremendas e insospechadas consecuencias. El ejercicio de la reconciliación nacional lo llevamos a cabo hace mucho tiempo. En las filas del Frente de Juventudes, donde yo me honré en pertenecer, jamás se habló de rojos ni se lanzaron vituperios contra los que considerábamos adversarios. Yo pertenezco a una generación que no hizo la guerra, pero fui testigo con nueve años de la tragedia que asoló a nuestra tierra. En mi propia familia sentí el desgarrón que suponía esta lucha fratricida. Un V Duran critica la República El cardenal Amigo critica la parcialidad de la ley de Memoria MILLÁN HERCE