Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 13 s 10 s 2007 Tribuna Abierta OPINIÓN 7 José M. González Páramo Miembro del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo CREDIBILIDAD Y CONFIANZA ACE apenas nueve años Europa vio alumbrar su gran proyecto de fin de siglo: la Unión Monetaria. Esta ambiciosa iniciativa hacía descansar sus objetivos de crecimiento económico no inflacionario y altos niveles de empleo en tres pilares: un mercado interior competitivo, a cuyo progresivo desarrollo debían contribuir la eliminación de barreras a los intercambios y las reformas estructurales, unas políticas presupuestarias nacionales saneadas y sostenibles, y una política monetaria orientada a la estabilidad de precios. La responsabilidad de garantizar la estabilidad de precios en el conjunto de los países miembros de la Unión- -que constituyen lo que hoy llamamos Eurozona- -fue asignada a un banco central, el Banco Central Europeo (BCE) que, recién nacido a mediados de 1998, debía inmediatamente pasar a capitanear un equipo, el Eurosistema, integrado por bancos centrales de la tradición y el prestigio del Bundesbank, la Banque de France o el Banco de España. Transcurridos estos brevísimos años, el BCE se ha erigido en uno de los bancos centrales más sólidos y respetados del mundo. Y ello ha sido posible gracias a la credibilidad ganada en el cumplimiento de su mandato primordial: garantizar la estabilidad de precios en el conjunto de la Eurozona, que hoy formamos casi trescientos veinte millones de ciudadanos. BCE: INDEPENDENCIA, H BCE en cumplimiento de su responsabilidad fundamental ante los ciudadanos. La institución ha dado en diferentes ocasiones prueba palmaria de su celo en defensa del derecho y la obligación de independencia que el Tratado de la Unión le exige, y cuyo respeto escrupuloso vincula también, de manera especial, a gobiernos. obre estas bases, la ejecutoria diaria del BCE le ha permitido acumular una inmensa cantidad del capital que más puede ambicionar una institución monetaria: credibilidad. Más allá de las decisiones específicas sobre los tipos de interés adecuados en cada momento, los mercados no abrigan duda alguna acerca de la actuación que cabe esperar de sus órganos de gobierno. En cada coyuntura, con la mejor información y análisis disponibles, enriquecidos mediante el juicio experto, el BCE hará lo necesario para contrarrestar los riesgos para la estabilidad de precios. Esto lo entienden bien los ciudadanos, que de forma clara envían al BCE su apoyo a través de encuestas. Un respaldo exigente, pues le reclaman también una actitud de permanente alerta que les proteja del riesgo de ver erosionado el poder de compra de sus salarios, de sus pensiones y del producto de sus ahorros. Los resultados están a la vista. Desde 1998, la inflación media ha sido inferior en un tercio a la registrada en los ocho años anteriores, y las expectativas de inflación a medio y largo plazo están firmemente ancladas en niveles inferiores aunque próximos al 2 por 100 en el conjunto de la Eurozona. Asimismo, la tasa de crecimiento ha sido significativamente superior, y el número de empleados ha aumentado en unos catorce millones de personas, nada menos que diez veces el empleo creado en los ocho años previos a la creación del euro. En cada coyuntura, con la mejor información y análisis disponibles, enriquecidos mediante el juicio experto, el BCE hará lo necesario para contrarrestar los riesgos para la estabilidad de precios. Esto lo entienden bien los ciudadanos, que de forma clara envían al BCE su apoyo a través de encuestas S CARLOS KILLIAN ¿C uáles han sido los ingredientes básicos de este logro, en el que sólo un puñado de visionarios confiaba hace poco más de una década? Básicamente, cuatro: un mandato claro, que asigna una importancia fundamental al mantenimiento de la inflación de la Eurozona a un nivel reducido a medio plazo; una estrategia de toma de decisiones basada en un análisis de la situación económica y monetaria que responde a los más elevados criterios de rigor y coherencia; unos procedimientos de gran transparencia en la comunicación con los mercados, los ciudadanos y el Parlamento Europeo; y, finalmente, unos niveles de independencia legal, personal y financiera respecto de los gobiernos que han hecho y harán fútil cualquier intento por parte de los poderes ejecutivos- -ya sean nacionales o comunitarios- -de interferir en las decisiones tomadas por el integración y la estabilidad financiera europea y, sobre todo, de la generación de confianza. El papel de la confianza en el buen funcionamiento de la economía es difícil de exagerar. Y si es importante en condiciones normales, su valor deviene esencial en circunstancias extraordinarias. El BCE ha superado con éxito los retos de distinta naturaleza que plantearon acontecimientos como el efecto 2000 el 11- S, la introducción física de los billetes y monedas del euro en 2002, o el fracaso de algunos refrendos populares sobre el proyecto de Constitución Europea. En este contexto, merece la pena referirse a las tensiones financieras que desde fines del pasado julio se han registrado en los mercados financieros mundiales. raíz de la crisis del mercado de las llamadas hipotecas basura norteamericanas, a comienzos de agosto un conjunto de entidades bancarias europeas con exposición a este mercado, tanto directa como indirecta- -a través de derivados financieros y vehículos especializados de inversión- comenzaron a experimentar fuertes dificultades para financiarse en dólares. Estas tensiones alcanzaron con gran rapidez una intensidad desconocida, se trasladaron de lleno a los mercados financieros europeos y pusieron a los mercados monetarios en una tesitura de desaparición de la liquidez. La desconfianza acerca de las exposiciones de las entidades bancarias condujo a una situa- ción cercana al parón en el mercado interbancario, con tipos de interés a corto plazo muy elevados y gran reticencia de los bancos a prestarse entre sí. Estas turbulencias pusieron a prueba la capacidad de reacción y los procedimientos de intervención del BCE en pleno verano. En unas pocas horas de la mañana del 9 de agosto el banco cotejó los datos disponibles, las informaciones procedentes de otros bancos centrales europeos y no europeos, y las claves proporcionadas por la inteligencia de mercado. En virtud de estos elementos, y dentro del marco operativo de la institución, su órgano ejecutivo organizó inmediatamente una operación especial de inyección de liquidez, que resultó ser la más cuantiosa de la historia de la entidad: 95.000 millones de euros. En los días y semanas posteriores, el BCE convocó nuevas subastas de liquidez, a plazos de un día, una semana y tres meses, a tipos de mercado y respaldadas por colateral de calidad. La valoración de estas intervenciones por parte de los expertos, las entidades financieras y otros bancos centrales es hoy compartida. Al demostrar su capacidad de actuar en tiempo real, del modo adecuado, sin necesitar para ello utilizar nada más que sus instrumentos de intervención regulares, y con la intensidad requerida por el extraordinario choque a la demanda de liquidez, el BCE ha conseguido insuflar confianza cuando era más necesaria, contribuyendo así a un funcionamiento más ordenado del mercado. as tensiones de liquidez aún no han desaparecido y pueden tardar un tiempo en reabsorberse, en paralelo al paulatino retorno de la confianza. Consciente de ello, el BCE ha renovado su compromiso público de mantener un seguimiento estrecho de la evolución de los mercados monetarios, para así continuar contribuyendo a su normalización y reduciendo la volatilidad de los tipos de interés a muy corto plazo. Es un hecho afortunado que en poco tiempo los ciudadanos hayamos podido comenzar a recibir con abundancia los frutos de una institución por nosotros creada, y que inspira tal grado de confianza y credibilidad dentro y fuera de Europa. Credibilidad y confianza tanto en el ejercicio de sus diferentes responsabilidades, incluida la de contribuir al funcionamiento ordenado de los mercados monetarios, como en su compromiso con el mandato primordial al servicio de la garantía de nuestro poder adquisitivo. No merece la pena regatear esfuerzos en tratar de proteger y reforzar los elementos básicos en los que se sustenta este éxito colectivo. L A O bviamente, sin ser las cifras de crecimiento y empleo atribuibles a la política monetaria en exclusiva, no resultan comprensibles sin tener en cuenta la contribución del BCE en dos dimensiones. Primera, una mayor estabilidad macroeconómica, reflejada en unos tipos de interés históricamente reducidos. Y segunda, una mayor eficiencia económica, derivada de la mejora en el funcionamiento del sistema de precios, de su aportación a la