Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 OPINIÓN SÁBADO 13 s 10 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro NOBEL A LA PROPAGANDA ECOLOGISTA EL PSOE FALLA EN SUS PROFECÍAS OS actos oficiales de la Fiesta Nacional del Doce de Octubre se celebraron ayer con la máxima solemnidad y enmarcaron una nueva manifestación de adhesión popular a los Reyes de España, quienes fueron vitoreados por los ciudadanos que asistieron al desfile militar. La ocasión era idónea para un acto de esta naturaleza, en el que la Corona reitera su condición de símbolo de la unidad y permanencia del Estado y el Rey encarna públicamente la jefatura suprema de los Ejércitos. Como jornada festiva, el Doce de Octubre representa una apelación histórica a la nación española, en la que se conjuga el descubrimiento de América, como aportación de España a la dinámica histórica; la culminación de la Reconquista frente a los musulmanes, hito decisivo para la consolidación de Europa sobre una de sus bases fundamentales, como era la identidad cristiana; y, sobre todo, la consolidación de España como una gran unidad política. La comprensión del Doce de Octubre con estos significados históricos es lo que explica la necesidad de celebrar esta jornada como lo que realmente es, la fiesta de una nación, reafirmada en sí misma sobre la vigencia de un orden constitucional que ha propiciado el más largo período de paz y prosperidad en su toda su historia. Éxito que se lo debemos al responsable ejercicio de los deberes de la Corona por parte de Don Juan Carlos y a la generosa voluntad de los españoles de no repetir más los errores del ayer. Precisamente por la extraordinaria calidad política y moral de la Transición y de la democracia instaurada en 1978, no es admisible el actual clima de revisionismo y enfrentamiento sobre el pasado más reciente y el uso de los símbolos nacionales. Ningún país europeo con el que debamos compararnos se plantea estos problemas absurdos, ni siquiera aquellos para los que la Segunda Guerra Mundial fue también un conflicto civil y pudieran, por esto mismo, tener motivos para seguir hablando de heridas o cuentas pendientes. Pero tampoco lo hacen porque la idea de la nación está por encima de las disputas partidistas. La jornada de ayer fue un digno desmentido a los nacionalismos que siguen espe- L rando la implosión del Estado constitucional a fuerza de privarlo de competencias y recursos, o de someterlos a traumas identitarios. También lo fue para quienes esperaban, o más bien deseaban, que se produjeran incidentes luego imputables al llamamiento institucional de Mariano Rajoy para exhibir la bandera nacional. Cuando la izquierda se desorienta y no tiene argumentos- -algo que le está sucediendo con alarmante frecuencia- recurre al miedo y agita el fantasma guerracivilista, porque esto es lo que anteayer hicieron coordinadamente el Gobierno, el PSOE y su grupo parlamentario cuando coincidieron en que muchos españoles se estremecen cuando la derecha habla de España. El día en que ETA robaba dos mil kilos de material químico para fabricar explosivos, cuando se siguen quemando fotos de los Reyes y la última víctima de ETA se encuentra aún en el hospital, la alerta que difundía el PSOE era que el vídeo de Rajoy podía provocar incidentes durante el desfile militar. Es cierto que ayer el presidente del Gobierno fue abucheado en varias ocasiones, comportamiento absolutamente reprobable porque la prioridad del momento era el homenaje a los caídos por España y el respeto a las instituciones y a las personas que las encarnan. Ahora bien, Zapatero ya escuchó pitos en 2005 y 2006, cuando Rajoy no hizo intervención alguna, y en ningún caso pueden calificarse como uno de esos incidentes que el PSOE esperaba impacientemente para señalar al líder del PP como inductor a la violencia. Fracasaron los estrategas socialistas por dos veces: llegando tarde al vídeo de Rajoy y respondiendo con catastrofismo a su acertada iniciativa. Hubo ayer otras cosas que sí fueron graves, como que los socios que sostienen a Rodríguez Zapatero en el Gobierno, ERC e IU, no asistieran a todos los actos de la Fiesta Nacional, mostrando una vez más ese rostro de crispación y rechazo hacia todo lo que tenga ver con la idea constitucional y nacional de España y la Corona. Fracasaron los agoreros socialistas, empeñados en alarmar a los ciudadanos con una derecha que no existe más que en sus obsesiones de izquierda anticuada. OBJETIVO: DESLEGITIMAR AL TC RECE la polémica en torno al Tribunal Constitucional, mientras la opinión pública contempla con irritación su deterioro. Resulta inadmisible la utilización partidista delos mecanismos procesales, perotodavíamás grave es la impresión de que el Tribunal se pliega a oportunistas estrategiaspolíticas. En este sentido, elhechodequehaya calado socialmente el mensaje de que no habrá sentencia sobre el Estatuto catalán hasta después de las elecciones generales sólo demuestra la hondura de la fractura interna que aqueja al Tribunal. La función del TC es decidir sobre la adecuación de las leyes a la Constitución y ello es independiente del contexto político de cada momento puesto que, por su propia índole, las sentenciassiemprefavorecen a unosy perjudican aotrosaltratarse de cuestiones conflictivas por naturaleza. Si estuviera subordinado al calendario electoral, el TC nunca podría resolverlagran cantidad de casos controvertidos ycon serias repercusiones políticas que se someten a su consideración. El último capítulo de esta lamentable historia es- -por ahora- -el acuerdo del Gobierno que habilita al abogado general del Estado para, llegado el caso, recusar a dos magistrados del llamado bloque conservador si se admite a trámite el recurso del PP contra la reciente reforma de la ley orgánica del propio Tribunal. Lallamada enmiendaCasas quepermitealaactualpresidenta prorrogar de modo automático su mandato al frente C del Tribunal, fueuna imposición del PSOE durante la tramitación de una reforma mal planteada de origen. No es extraño que el PP lahaya impugnado, dejandoasíaldescubierto los frágiles equilibrios internos, que dependen al parecer del voto de calidad de quien presida el pleno en cada momento. En el fondo, el Gobierno trataba de cobrar una factura por la razonable solución del caso Pérez Tremps apartado de uno de los recursos sobre el Estatuto por haber emitido un dictamen previo por encargo de la Generalitat, para lo cual al Ejecutivo no parece importarle comprometer gravemente la independencia del Tribunal. A mayor abundamiento, la campaña de desprestigio contra algunos magistrados es un intento evidente de forzar la voluntad del órgano jurisdiccional al servicio del interés partidista. Lo que subyace tras esta maniobra del Gobiernopara no perder elcontrolideológico delTC es, lisa y llanamente, la preparación del caldo de cultivo que necesita Zapatero para deslegitimar al Tribunal llegado el caso de que dicte una sentencia sobre el Estatuto catalán desfavorable para los intereses del PSOE. Un Tribunal de tan alto nivel no puede jugar al límite de la quiebra interna cuando están en juego cuestiones tan relevantes. Los españoles tenemos derecho asaber- -sin más dilaciones que las razonables y justificadas- -si esas leyes se ajustan o no a la Constitución al margen de los equilibrios del órgano y de criterios de oportunidad política. S evidente que la protección del medio ambiente en su más amplia acepción se ha convertido en una preocupación universal y así lo ha reconocido la Academia noruega al galardonar ayer con el Premio Nobel de la Paz al grupo de científicos del IPCC que asesoran a Naciones Unidas con sus estudios sobre el cambio climático y, junto a ellos, al ex vicepresidente norteamericano Al Gore, que ha hecho de su conversión al ecologismo militante su nuevo modo de vida. Después de haber ganado un oscar por su documental propagandístico, la concesión del Premio Nobel ha sido para Gore la consagración que no obtuvo en la política. La casualidad ha hecho que el anuncio oficial se produjera sólo dos días después de que un juez británico sacase a colación en una sentencia que el documental que le ha lanzado a la fama como defensor del medio ambiente contiene no pocas inexactitudes, exageraciones o incluso, sencillamente, mentiras, en lo que constituye el mejor retrato de cómo casi siempre lo único que cuenta en estos tiempos son las ideas superficiales y la repetición de lemas adecuados, más que los argumentos sólidos y las certezas científicas. Dentro de poco, nadie recordará ni la peculiar sentencia sobre el documental ni que el premio lo comparte Gore con un grupo de científicos, cuyos trabajos sobre las causas y los posibles remedios de los achaques del clima de la Tierra son infinitamente menos conocidos que cualquier anécdota sobre Gore. Tal vez los encargados de designar a los galardonados con el Premio Nobel no deberían haber olvidado que cuando estuvo en la Administración norteamericana como vicepresidente, Gore no consiguió impedir que su país boicotease el Tratado de Kioto, que ha sido hasta ahora el proyecto más ambicioso de la comunidad internacional contra la emisión de sustancias nocivas; o que mientras promocionaba su documental no se preocupaba de que en su propia mansión se derrochase energía en cantidades escandalosas. El principal mérito de Gore ha sido el de saber encontrar una buena causa y tener el talento de hacerse con el estandarte- -ya lo había intentado anteriormente con internet, del que llegó a proclamarse poco menos que creador- -y eso sólo no amerita un galardón como el Nobel de la Paz. Dicho ésto, no cabe duda de que el problema del cambio climático es un hecho que merece que se le dedique toda nuestra atención y que, en efecto, todos los esfuerzos que se hagan por sensibilizar adecuadamente a la humanidad han de ser bien recibidos. A pesar de los encomiables trabajos de los científicos en este campo, lo cierto es que todavía no parece haber calado con idéntica intensidad en todos los Gobiernos del mundo la necesidad de no mirar para otro lado cuando esos expertos nos emplazan a discutir seriamente sobre el deterioro de nuestro planeta. Ocurre sin embargo que la propaganda y las verdades a medias, a las que tanto parece haberse aficionado Gore, no son el mejor camino para esa labor de sensibilización mundial. E