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ABC SÁBADO 13 s 10 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA DINERO, BELLEZA, SALUD, SEXO, LONGEVIDAD Las empresas, las instituciones y, en general, todos los grupos de poder económico y sociológico conocen a fondo los muchos recovecos e intríngulis de la mente y del cuerpo de los ciudadanos y están dispuestos y perfectamente capacitados para manipular y explotar una a una todas nuestras apetencias... L mundo rico- -antes de entrar en una fase crítica que contendrá, como advertían los marxistas ¡algo tenían que acertar! tendencias autodestructoras- -está enseñando todas las vergüenzas sin el menor pudor. Coloquialmente se diría- -y se diría bien- -que lo hace a lo bestia una expresión, por cierto, ofensiva a la dignidad de los animales. Se acabaron ya, en todo caso, las pretensiones intelectuales y las hipocresías morales. Hemos llegado a la triste conclusión de que la condición humana es lo que es y de que, por mucho que lo intentemos, no da más de sí. Pura y simplemente, hemos llegado al límite. Como dice un proverbio árabe, el hombre no puede saltar fuera de su sombra O sea, que no hay que esforzarse más, no hay que asustarse ni ofenderse, no hay ni siquiera que entristecerse. Basta con reconocerlo con toda naturalidad y seguir adelante aun cuando no sepamos ni el objetivo ni el sentido ni la razón de ello. Puede ser cierto que un mínimo porcentaje de la ciudadanía de este mundo rico, cada vez más rico y cada vez más torpe, aún mantenga aspiraciones que puedan calificarse de nobles y que se esfuerce en comportarse éticamente o luche con buena fe por cambiar situaciones injustas. Pero la gran mayoría, pongamos para no exagerar el 99 por ciento- -una mayoría además creciente, en la que usted, dicho sea con todo respeto, y yo nos encontramos- -pasa de estas delicadezas y sensibilidades. Ni usted, ni yo ni la ciudadanía en su conjunto vamos por ahí. Los medios de comunicación y muy especialmente la televisión- -que es el más fiel espejo de nuestra auténtica alma- -lo demuestran de forma inequívoca, todos los días y a todas las horas. Somos, y eso es verdaderamente horroroso, lo que leemos, lo que oímos y lo que vemos en unos medios de comunicación donde, con muy pocas excepciones, la libertad y la objetividad han desaparecido de la escena para dejar paso libre al sectarismo más rampante, a la demagogia más burda y sobre todo a ingentes cantidades de vulgaridad y de basura moral. ay que decirlo y aceptarlo con toda firmeza. El sistema nos ha cercado. Para no angustiarnos en exceso, la cerca que nos rodea y aprisiona es invisible e impalpable, pero no hay escapatoria alguna. Estamos dirigidos y dominados por un ansia siempre creciente y siempre- -claro está- -insatisfecha de tener más dinero, más belleza, más salud, más sexo y más longevidad, un ansia, como dice la canción, verdaderamente loca que nos va a mantener- -durante bastantes décadas- -encelados, obsesos, confusos y desconcertados hasta que la muerte nos separe, aunque ya ni siquiera es seguro que la muerte pueda lograrlo. Antes o después, tomo apuestas, se generarán formas de consumo post mortem Las empresas, las instituciones y, en general, todos E los grupos de poder económico y sociológico- ¡y hasta político! -conocen a fondo los muchos recovecos e intríngulis de la mente y del cuerpo de los ciudadanos y están dispuestos y perfectamente capacitados para manipular y explotar una a una todas nuestras apetencias, querencias y adicciones, ya sean naturales o inducidas, y también para generar cualesquiera otras según se vayan agotando las existentes. Se lo advierto a todos los lectores. No nos darán respiro alguno. No habrá un solo momento de calma, y aún menos de paz. n el tema de la belleza y del sexo es donde la manipulación y el encelamiento van a alcanzar proporciones dramáticas. No habrá rincón ni recoveco del ser humano, sea externo o interno, que no admita- -lo ha demostrado al parecer un programa de televisión- -mejoras tan decisivas como espectaculares, y allí andaremos todas y todos buscando ávidamente pociones mágicas que nos hagan no más felices, que sería mucho pedir, pero sí más atractivos y con una potencia física (incluida la sexual) que nos mantenga activos hasta el mismo momento previo al último estertor. Un último estertor, además, que cada vez se producirá más tarde porque la obsesión por la belleza y el sexo nos obligará, velis nolis a cuidar la salud con dietas, ejercicios e incluso unos comportamientos mentales que, con la ayuda de la biotecnología, alargarán la vida hasta ese límite que Valentí Fuster señala, de momento, en los 150 años. Todo ello requerirá- -ese es el problema- -dinero en abundancia que habrá que adquirir- -nunca mejor dicho- -a cualquier precio. Saltarán así con facilidad y soltura todos los límites éticos y estéticos, porque sin dinero en E cantidad no habrá, en puridad de términos, ni esencia ni existencia. El único lema filosófico válido será muy simple: Cuanto más tengas, más tienes Y por ende, la aspiración más lógica será la de alcanzar aceleradamente la ya noble condición de nuevo rico, olvidando para siempre aquel refrán ruso, muy poco delicado, que afirmaba que el hombre que hace su fortuna en un año debería haber sido ahorcado doce meses antes Pero que nadie piense que, por fin, habrá algo nuevo bajo el sol. El Eclesiastés- -el más humano y refranero de los libros sagrados- -lo advierte con toda claridad: Nada es nuevo en este mundo ni nadie puede decir he aquí una cosa nueva porque ya existió en los siglos anteriores a nosotros Y por si hubiera dudas, aclara: ¿Qué es lo que hasta aquí ha sido? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que se ha hecho? Lo mismo que se ha de hacer Para corroborar estas afirmaciones, hay, a lo largo de la historia, muchos ejemplos, y entre ellos, lo cito porque hoy viene muy bien a cuento, el de Séneca que en sus epístolas morales a Lucilio denuncia la codicia inmobiliaria con las mismas preguntas y reflexiones que nos podríamos hacer hoy: ¿Hasta dónde extenderéis los límites de vuestras fincas? ¿Hasta cuando no habrá lago alguno en que no dominen las techumbres de vuestras quintas, ni río alguno cuyas orillas no las bordeen vuestros edificios? Doquiera surjan venas de agua caliente, allí se levantarán nuevos albergues de lujo. Doquiera el litoral se repliegue formando una ensenada, vosotros echaréis inmediatamente los cimientos Es difícil expresarlo mejor. la vista de lo anterior, ¿debemos abandonar toda esperanza de un mundo algo más digno? ¿Habrá que refugiarse en el consuelo filosófico del escepticismo, el relativismo y el nihilismo? ¡No, claro que no! La Humanidad no es necia. Gusta, de tiempo en tiempo, de asumir riesgos de todo género y se atreve a asomarse a los precipicios más profundos. Pero siempre vuelve a su ser y a su razón de ser. La historia demuestra que las épocas en las que se desbordan los límites de la sensatez y se olvidan los principios y fundamentos básicos no duran demasiado tiempo. La ciudadanía, al verse desprovista de todo amparo y sintiéndose en trance y riesgo de disolución, reaccionará por fin con entereza y pondrá en marcha un proceso de regeneración ética, que acabará permitiendo distinguir entre cosas importantes y cosas menores y, de una vez por todas, colocará la lucha contra la pobreza como la prioridad absoluta del mundo rico. Falta aún mucho tiempo, eso sí, pero esa nueva época vendrá porque, como dice el Eclesiastes, ya existió en los siglos anteriores a nosotros ¿O no existió? A H ANTONIO GARRIGUES WALKER Jurista