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76 CULTURAyESPECTÁCULOS El Nobel premia la obra indómita de Doris Lessing VIERNES 12 s 10 s 2007 ABC Fráncfort no se entusiasma con el Nobel a una mujer de rigor Ana María Moix celebra un Nobel sorpresa pero conocido, que sin embargo no apasiona en esta gran Feria del Libro RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLÍN. Como si lo anticiparan, a la entrada del pabellón de la cultura catalana en Fráncfort recibe Doris Lessing en una pantalla, declarando su pasión por Barcelona y su afinidad por lo catalán. Umberto Eco calificó ayer a la nueva Nobel como un gran alma literaria y el presidente de los Libreros Alemanes, como gran elección pero Phillipe Roth era preferible. No fueron entusiastas los santones de la crítica como Denis Scheck políticamente bien, estéticamente un error o Reich- Ranicki, que lo vio lamentable, la literatura anglosajona tiene mejores representantes... pero es en la línea de varios de los últimos premios Veteranas escritoras como Carme Riera se felicitaban, en cambio, por el Nobel y Ana María Moix, editora largo tiempo de Lessing, relataba ayer a este diario su encuentro con la escritora a través de La costumbre de amar Lessing estaba editada en España desde los primeros años 60, gracias a que a Gabriel le había gustado mucho desde el principio Gabriel Ferrater, uno de los grandes nombres últimos de la literatura catalana, autor de Teoria dels cossos y Les dones i els dies era entonces lector de anglosajones en Seix- Barral, además de traductor de Bloomfield o Gombrowicz. De sus lecturas de la surafricana, Moix destaca un libro muy importante en los 60 y 70 que fue El cuaderno dorado en el que la autora cuestiona y confiesa su desengaño y ruptura con el comunismo, y luego el feminismo estresada relación ésta última, e ideología la primera con la que había roto ya en 1954. Casi 50 años después aún publicaría El día en que murió Stalin: la mujer Para Moix es una escritora con rigor literario, no hay que olvidar que una novela se escribe con palabras pero asimismo un rigor personal, elegía los temas que le gustaban o le preocupaban, desde su ideología y su actitud ante la vida Compromiso con su tiempo y entorno según Moix, que la llevarían, tanto a denunciar el apartheid en su momento, como en sus últimos libros, que publicamos en Bruguera, a abordar la preocupación ecológica por los derroteros actuales del orbe. Trayectoria y obra, éstas, que le han valido el premio Catalunya y el Príncipe de Asturias al que se hizo acompañar por su amiga y traductora, la poeta catalana Marta Pessarrodona. A la hora de introducir a Lessing al lector aún no familiarizado con sus Gatos muy distinguidos y sus Cuentos africanos su editora recomienda que la lean mucho, porque es afortunadamente una escritora muy editada en España; esta vez tenemos un Nobel que no es un extraño al que hay que empezar a descubrir, sino que pueden comenzar desde mañana mismo Y en tal caso recomienda empezar por el final: Las últimas publicaciones como El sueño más dulce Ben en el mundo o La hendidura Pero Moix recuerda que aún faltan los ensayos literarios de Lessing, que habrá que editar Lumen publicará el año próximo su última novela D. MORÁN FRÁNCFORT. Estoy escandalosamente feliz Estas fueron las primeras palabras de la editora de Lumen, Silvia Querini, ayer desde Fráncfort. La alegría era doble, ya que The Cleft última novela de Lessing, pasó a formar parte de su catálogo hace unos cuatro meses, cuando Querini compró los derechos en la Feria del Libro de Londres. La obra no tiene aún título en castellano, pero se barajan La hendidura o El abismo Empiecen por el final Lessing recibió el Príncipe de Asturias de las Letras en 2001 THE CLEFT Publicamos parte del comienzo de su última novela. El título alude al lugar donde viven nuestros ancestros primigenios, una comunidad sólo de mujeres uando los carros llegan de la granja al acabar el verano, cargados con el vino, las aceitunas, las frutas, se respira un ambiente festivo en la casa y yo me sumo a él. Desde mis ventanas observo atento, como los esclavos de la casa, la llegada de los bueyes cuando doblan el camino, aguzo el oído para escuchar el chirrido del carro. Hoy los bueyes tenían los ojos desorbitados y estaban inquietos a causa de la ruidosa congestión en la carretera hacia el oeste. Su blancura había embermejado, casi como la túnica del esclavo Marcus, y su pelaje estaba cubierto de polvo. Las chicas, expectantes, han salido corriendo hacia el carro, no sólo por todos los deliciosos productos que se disponían a colocar en la despensa, sino por Marcus, quien en el último año se ha convertido en un joven bello. Su garganta acumulaba demasiado polvo para permitirle devolver los saludos, y se precipitó al surtidor, agarró el cántaro que ha- C El cuaderno dorado bía allí y bebió- -y bebió- se volcó agua sobre la cabeza, de donde surgió, tras esta libación, un montón de rizos negros, y lo soltó apresuradamente sobre los azulejos, donde se hizo añicos. En ese momento, Lolla, a cuya madre compró mi padre durante un viaje a Sicilia, una chica de carácter explosivo, se abalanzó sobre Marcus espetándole reproches y acusaciones. Él le gritó a su vez, defendiéndose. Los otros sirvientes ya estaban descargando las jarras de vino y aceite y la vendimia, negra y dorada, y era una escena concurrida, bulliciosa. Los bueyes comenzaron a mugir y entonces, con aire de ostentosa impaciencia, Lolla tomó un segundo cántaro y lo sumergió en el agua y corrió con él hacia los bueyes, donde llenó los pilones, que ya estaban casi vacíos. Era responsabilidad de Marcus asegurarse de que los bueyes tuvieran agua tan pronto como llegaran. Agacharon sus enormes cabezas y bebieron, mientras Lolla se volvía de nuevo contra Marcus, regañándolo y con aspecto enojado. Marcus era el hijo de un sirviente de la casa de la hacienda, y estos dos se conocían de toda la vida. A veces, él había trabajado aquí, en nuestra casa de la ciudad, a veces ella había ido a pasar el verano a la casa de la hacienda. Lolla era conocida por su genio, y si Marcus no hubiera estado sofocado y sediento después del largo y pesado viaje, probablemente se habría reído de ella, habría calmado su arrebato de impaciencia. Pero estos dos ya no eran niños: bastaba con verlos juntos para percatarse de que el enfado de ella, la hosquedad de él, no eran tan solo el resultado de una tarde acalorada. Se acercó a los bueyes, evitando la sacudida de los enormes cuernos, y empezó a calmarlos. Los liberó de los yugos y los condujo bajo la sombra de la gran higuera, donde colgó las cinchas sobre una rama. Por alguna razón, la ternura de Marcus hacia los bueyes irritó a Lolla todavía más. Se quedó quieta, mirando, mientras las otras chicas pasaban delante de ella trajinando los productos del carro, y sus mejillas estaban de color escarlata y sus ojos acusaban y reprobaban al chico. Él no le hizo caso alguno. Caminó frente a ella como si no estuviera allí, hasta la terraza, donde cogió otra túnica de su fardo y, después de sacarse la túnica polvorienta, se roció con agua otra vez y, sin secarse- -el calor lo haría en un momento- -se puso la limpia. Lolla parecía más tranquila. Apoyaba la mano en la pared de la terraza, y ahora estaba arrepentida, o a punto de estarlo. De nuevo hizo caso omiso de ella, pero se quedó al fondo de la terraza, mirando fijamente los bueyes, sus bultos. Marcus... dijo ella en su tono de voz habitual, y él se encogió de hombros, despreciándola. En ese momento la última de las tinajas y la fruta ya estaban dentro. Se encontraban los dos solos en la terraza. Marcus repitió Lolla, esta vez melosa. Volvió la cabeza para mirarla, y a mí no me habría gustado recibir esa mirada. Desdeñosa, enojada; muy lejos de la complacencia que ella estaba esperando. Se dirigió a la verja para cerrarla, y se alejó de ambas. Las dependencias de los esclavos se encontraban al final del jardín. Tomó su fardo y echó a andar, decidido, hacia donde iba a pasar esa noche. Marcus suplicó. Parecía a punto de romper a llorar... ABC. es Los lectores encontarán el texto completo en abc. es cultura