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74 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos VIERNES 12- -10- -2007 ABC Doris Lessing, ayer, en la puerta de su casa al norte de Londres, donde atendió a los medios de comunicación AFP El Nobel premia la literatura indómita e inconformista de Doris Lessing Ayer, la Academia Sueca le concedió el Nobel de Literatura por haber sometido a escrutinio a una civilización dividida POR JESÚS MARCHAMALO MADRID. Cuenta en su libro de memorias, Dentro de mí el que probablemente sea su primer recuerdo, con algo menos de dos años, en su Persia natal. Un enorme caballo, cálido y sudoroso, sobre el que montaba su padre, inestable con su pierna de madera: un objeto duro, grande y resbaladizo al que un niño difícilmente consigue habituarse. Y cuenta cómo la subieron allí arriba; el vértigo, el miedo a la caída y la sensación de vacío en el estómago al alejarse del suelo. Ayer, el secretario perpetuo de la Academia Sueca, Horace Engdahl, afirmó que se trataba de una de las decisiones más meditadas que habían tomado jamás, al comunicar la concesión del Nobel a Doris Lessing, novelista británica de 87 años, autora de una obra de más de treinta títulos, marcada por su visión de África, y el feminismo. No me interesa el premio había declarado hace tiempo, tal vez en broma, no quiero enmudecer como Saramago Hija de un oficial del ejército que sufrió graves heridas durante la Primera Guerra Mundial, y de la enfermera que le atendió en el hospital, Lessing nació en Kermanshash, actual Irán, en 1919, donde el Banco Imperial, para el que trabajaba su padre, le había enviado. En 1924 se trasladó con su familia a Rhodesia del Sur, hoy Zimbawe, aprovechando las ventajosas condiciones que el gobierno británico ofrecía a los veteranos de guerra para adquirir terrenos y cultivar maíz. La granja de los Tayler estaba situada al norte del país: cuatrocientas hectáreas en las que edificaron la casa, y desbrozaron tierras para el cultivo. Con doce años, la joven Doris sabía conducir, cuidar gallinas, disparar, hacer papel maché, caminar sobre zancos y cazar. Y en alguna foto que conserva de esa época se la ve sonriente, rodeada de perros y vegetación. Combativa, indómita, polémica, alguna vez ha explicado cómo tuvo que habituarse a elegir situaciones difíciles ya en esa nube gris con la que a menudo ha identificado su infancia. Al elaborar mentalmente la lista de todos los lugares en que había estado, resultó que a esa edad habían sido ya unos setenta, incluido un colegio católico donde tenía que ponerse una tabla en el cuello, cuando se bañaba una vez a la semana, para que no pudiera ver su cuerpo desnudo. Otro recuerdo, vívido como un mal sueño, son los vestidos que había llevado su madre desde la metrópoli, y que guardaba en un baúl, sin estrenar: tafetanes, blondas, organdíes, también zapatos de fiesta, pañuelos bordados, tarjetas de visita... Allí, en lo que no era más que una pequeña cabaña de madera, en medio de la nada. Un día la pequeña Doris y sus amigos se vistieron con los jirones de aquella ropa, para acudir a un baile de disfraces. Se marchó de casa a los quince años. Y con diecinueve se casó Frank Charles, un funcionario rhodesiano con el que tuvo dos hijos, Jean y John. Un matrimonio desangelado y triste, que acabaría cuatro años más tarde en un divorcio tras el que los niños se quedarían con su padre. Hay algo en la vida de Doris Lessing de inconformismo, de radical resistencia ante la adversidad y la resignación. Algo de feroz independencia En 1944, mientras Europa se des- Hay algo en su vida de de inconformismo, de radical resistencia ante la adversidad y la resignación Rhodesia (Zimbawe) la declaró persona non grata en 1956