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86 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo JUEVES 11- -10- -2007 ABC Atrapados por YouTube La batalla legal emprendida por José Martín Roldán, pensionista madrileño de 70 años, para que YouTube retire un vídeo en el que humillan a su hijo deficiente, revela las dificultades con que se encuentran quienes quieren defender sus derechos en la Red J. M. NIEVES MADRID. El caso de Román, el discapacitado psíquico madrileño cuyas humillaciones filmadas fueron colgadas en YouTube, no es más que la punta de un iceberg digital que se extiende a todos los ámbitos de la sociedad, la política y la economía mundiales. Batallas legales como la que sostiene la familia de Román indican que, aunque resulta fácil entrar en este auténtico laberinto de la Sociedad de la Información, puede ser muy difícil, incluso imposible, salir de él. O por lo menos hacerlo de una forma limpia, legal y sin pisar, por defender los derechos de unos, los de otros. Eliminar un vídeo cualquiera de una página de internet resulta técnicamente muy fácil, igual que, en su caso, inhabilitar para siempre a un usuario concreto. Pero las cuestiones legales asociadas a ese tipo de censura pueden complicar mucho las cosas. Por no hablar de que resulta prácticamente imposible impedir (como ha sucedido en el caso de Román) que otras personas vuelvan a colgar el mismo vídeo después de haber sido retirado. Cuando el contenido de un vídeo no está manifiestamente prohibido por una ley concreta o por el código ético de la compañía entran en juego, también, los derechos de las personas que lo han publicado. Y eso significa enfrentarse, entre otras libertades, a la de expresión. Los vídeos de contenido pornográfico, por ejemplo, están expresamente prohibidos por YouTube. De forma que cualquier nuevo miembro de esa comunidad digital sabe de entrada que cualquier material con esa clase de contenidos será filtrado y eliminado de inmediato. Pero esa automatización de la respuesta no es posible cuando la legalidad o no del vídeo en cuestión está sujeta a la interpretación de una norma Con la ley en la mano Los servidores donde se almacena la información están, en muchas ocasiones, en países extranjeros, fuera de la jurisdicción de los tribunales del país donde se ha cometido el delito. En España, el honor y la intimidad de las personas está protegida por la ley. El artículo 18 de la Constitución limita en España el uso de la informática y garantiza el honor y la intimidad personal y familiar. Y el Código Penal protege, además, de la difusión de mensajes injuriosos. La ley Orgánica de Regulación del Tratamiento Automatizado de Datos de carácter personal protege a los ciudadanos para que no se puedan obtener el perfil y los hábitos de una persona. legal, a una intervención judicial o al mecanismo a veces lento que requiere, como punto de partida, de una denuncia por parte del ofendido. Y a pesar de que en España tanto el Código Penal como la propia Constitución (en su artículo 18) protejen el honor y la intimidad de los ciudadanos, la inexistencia de leyes internacionales que castiguen por igual estos delitos hacen imposible perseguirlos, especialmente cuando se Los maltratos de Valencia, un nuevo ejemplo de la impunidad digital cometen desde el extranjero (internet no entiende de fronteras) o, por poner un caso real, desde un barco en alta mar. YouTube, comprado por Google hace exactamente un año por 1.650 millones de euros, acapara casi diariamente titulares de prensa y espacio en los medios de comunicación de todo el mundo, y lo hace por motivos de una extraordinaria variedad: del puro divertimento a los intereses comerciales, de la mera publicidad al ansia de fama y notoriedad, del espionaje industrial a la denuncia ciudadana y, como en el caso de Román, a la crueldad gratuita. La masificación de los recursos tecnológicos y el auge mismo de internet, cuyo crecimiento sigue siendo exponencial año tras año, son la base de la auténtica explosión de imágenes que sufre el mundo moderno. Hoy, el uso de cámaras digitales y teléfonos móviles con capacidades multimedia está a la orden del día. Cualquiera, en el sentido más estricto de la palabra, puede fotografiar o filmar cualquier cosa, persona o situación en cualquier momento. Y colgar después esas imágenes en sitios como YouTube es solo cuestión de tener un ordenador y un par de minutos que perder. Vecinos que intentan tomarse la justicia por su mano (como los de la madrileña calle de la Montera, que hace unos días fueron noticia por colgar vídeos de prostitutas en plena actividad ante la pasividad de las autoridades) empleados descontentos que filtran imágenes comprometidas de sus empresas o de sus jefes; justicieros improvisados que filman (como sucedió recientemente en Marruecos) a policías corruptos y publican después los vídeos en internet; padres de niños desaparecidos (como el famoso matrimonio McCann) que abren secciones especiales en YouTube para que cualquiera coloque imágenes que den alguna pista; precampañas electorales, con vídeos que denuncian los desmanes y las promesas incumplidas de los adversarios; lucha contra la censura, como la popular Radio Caracas Televisión, clausurada por el gobierno venezolano y que sigue publicando reportajes a través de YouTube... Los ejemplos son tan prolijos como la propia imaginación. Explosión de imágenes Conflicto de derechos Una relación basada en la confianza En su página web, YouTube pide expresamente a los miembros de su comunidad que no abusen del sitio ya que el uso de sus herramientas implica un cierto nivel de confianza En sus términos de uso, los responsables del sitio aseguran que no se admitirán contenidos pornográficos ni de sexo explícito así como actividades ilegales o peligrosas como el consumo de drogas o la fabricación de bombas. Tampoco se consentirán vídeos que violen los derechos de propiedad intelectual, o los que fomenten el odio o contengan calumnias así como los que animen a la amenaza, al comportamiento agresivo, al hostigamiento, al acoso, a la invasión de la privacidad ni a la revelación de información personal Más información: http: es. youtube. com t community guidelines