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76 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos MARTES 9- -10- -2007 ABC Querido Hitler... Un libro- Cartas a Hitler. Un pueblo escribe a su caudillo -recoge las esclarecedoras cartas privadas de muchos alemanes al Führer: textos de ruego, de amor, de odio, sobre las varias enfermedades de la patria y consejos a seguir POR RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLÍN. En tiempo de democracia resultan incomprensibles las dictaduras, pero hay que ojear el nuevo libro del historiador Henrik Eberle: extracta miles de cartas de ciudadanos, que vivían en incipiente democracia y se tornaron devotos de un nacionalismo totalitario y dictatorial con poco más que una crisis económica de por medio: El año antes del crack financiero occidental, sólo un 2,6 por ciento votó al Partido Nacional- Socialista y cinco años después lo sentaban en la cancillería con un 37,4 por ciento, anota Eberle, de la Universidad de Halle y autor también de El libro de Hitler Cartas a Hitler. Un pueblo escribe a su caudillo es para el diario Bild que prepublica algunos extractos en vísperas de la Feria de Fráncfort, un auténtico espejo de su tiempo, con cartas de ruego, de amor, también de odio reflexiones sobre las varias enfermedades de la patria así como consejos a seguir: Echar a los judíos y a los demócratas también entregados poemas, canciones y juramentos de lealtad, son miles de cartas recibidas por Hitler, entre 1925 y 1945 (desde 1933 es canciller) de parte de otros tantos miles de ciudadanos, funcionarios, madres, soldados, halladas ahora en el Archivo de la oficina privada de Hitler, en Moscú. Adolf Hitler saluda a las tropas durante un desfile militar Adolf La crisis mundial- -según Eberle- -había cambiado todo en una república de Weimar cuya economía empezaba por fin a salir de la postguerra. Pero los bancos y bolsas se desplomaron de repente, los ahorros de cientos de miles de pequeños empleados y funcionarios desaparecieron por ensalmo, seis millones de alemanes fueron al paro. Un politiquillo como Hitler, considerado tan inocuo que acababa de ser amnistiado y salir de la cárcel, empieza a reconstruir el partido y le da un brazo armado en estas nuevas circunstancias inicia Hitler el gran ascenso y asalto al Poder. Le acompaña el sentir patriótico- -y económico- -herido de millares y millares, cada vez más fascinados por la solución dictatorial. En 1925 toda la correspondencia hallada por Eberle está archivada en una sola carpeta; entonces le escriben todavía a la Thierschstrasse 41 l de Múnich. Ya en los cuatro meses de 1933, previos a las elecciones, son tres mil; hasta el final de ese mismo año llegan otras cinco mil; al año siguiente son doce mil; a partir de 1940 empiezan a decaer y para su cumpleaños de 1945, poco antes del fin de la guerra, sólo llegan cien felicitaciones. Hay cartas que muestran el nuevo entusiasmo de tantos de habla alemana, tocados por el canto de sirena pangermánico de Hitler, pero residentes en tantos nuevos países centroeuropeos, nosotros los nacidos alemanes de Austria al Báltico, sea una asociación alpina de Carintia o un funcionario ABC Queremos una dictadura El asalto al poder Los rendidos elogios y tratamientos de auténtica devoción son mayoría, aunque entre los militantes se va imponiendo la sola fórmula de Mi Führer y apenas sólo su hermana Angela Raubal le sigue escribiendo simplemente como Querido de Silesia, por no hablar de los sudetes o los suevos de Transilvania. Para ellos se acuña la divisa Heim in Reich (un hogar en el imperio) A una señora de Berlín le devuelve Rudolf Hess, probablemente por inconveniente, un pañuelo bordado a mano con la efigie de Hitler: argumenta que el Führer no ha dado su permiso para que su rostro pueda bordarse en pañuelos de bolsillo. Del mismo modo pasarían a ser prohibidos al poco los bizcochos y tartas con la imagen de Hitler. Hay preguntas sobre