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48 MADRID www. abc. es madrid MARTES 9- -10- -2007 ABC Raji quiere subirse al carro de la fama y ayer se hacía pasar por el popular Washington Mendigos de plantilla en el aeropuerto Barajas es el domicilio de muchos indigentes. Algunos, al menos cuatro, son fijos. Llevan viviendo aquí incluso siete años. Recorren el aeropuerto con sus carritos cargados de cosas raras, sus propiedades s Washington recibió tres disparos el pasado verano POR MARÍA ISABEL SERRANO FOTOS ERNESTO AGUDO MADRID. Condesa el italiano cabeza de buque el australiano Abebe Washington ¿Qué tienen estas personas en común? Son indigentes. No tienen casa, ni apenas familia, ni futuro claro y con pocas expectativas en la vida. Viven en el aeropuerto de Madrid. Han hecho de Barajas su techo y su hogar. Son mendigos fijos con domicilio en el aeródromo. Alguno lleva ahí siete años. Otros, van y vienen. Los pasajeros les miran extrañados cuando les ven pasar por su lado con aspecto abandonado, pidiendo algo de dinero y tirando de un carrito lleno de cachivaches porque la mayoría sufre una especie de síndrome de Diógenes El personal de Barajas se ha acostumbrado a ellos. Les resultan, incluso entrañables, y el que más y el que menos, hasta les facilita comida y algo de ropa para que puedan cambiarse de vez en cuando. Barajas, el inmenso Barajas, tiene mendigos como residentes. Al menos cuatro de ellos viven aquí hace años. Algunos son ya carismáticos. El caso de Washington es especial. Se trata de un hombre joven, al parecer, de Etiopía porque alguien le ha visto un carné de conducir de dicho país. Su origen, de todas todas, no está claro. Él tampoco contribuye mucho a aclararlo y sin documentación, un día dice que viene de aquí y otro que de allí. Puede tener unos 40 años. Negro de raza. Saltó a la fama de forma trágica el pasado verano. Abebe, etíope, dice que es emperador y el aeropuerto su reino tarse a la Policía el 20 de julio. Los agentes le pidieron la documentación. Él, que no se lo esperaba, se puso nervioso y trató de agredir a los policías con un cuchillo. Recibió tres impactos de bala en el tórax, abdomen y un brazo. Fue conducido a un centro hospitalario madrileño y allí ha permanecido hasta su recuperación. A finales de la semana pasada Washington regresaba a Barajas. He vuelto para quedarme. Aquí se está bien dijo entonces. Se ha reinstalado en su casa por las inmediaciones de la puerta 2 de la Terminal 1. Courage Washington, así dice llamarse, lleva en su cuerpo las cicatrices de su altercado con la Policía. Asegura estar recuperado y lo que más le preocupa en estos momentos es la mano derecha que no puede extender del todo y ello le dificulta el hecho de tirar de su carro y de las muchas pertenencias que acumula. Ayer, Washington no se dejó ver por el aeropuerto. Muchos le buscaban para preguntarle por su salud, su ánimo y su estado físico. Nada. Desaparecido. Se sabe, eso sí, que su principal entretenimiento es recoger toda clase de artículos y amontonarlos en el carro con el que recorre la T 1. Parece que se trata de una persona algo impredecible y bastante extravagante. Acostumbra a llevar turbantes en la cabeza, cascos de obra o de ciclista. Y a falta del auténtico Washington ayer había en Barajas otro indigente que suplantaba su identidad. Nos dijo que se llamaba Raji Washington pero se negaba a hablar del suceso con la Policía y, mucho menos, a mostrarnos sus cicatrices. Daba igual. Es otro de los mendigos fijos del aeropuerto. También es de raza negra, joven y con rastas cortas en la cabeza. Repuesto de las heridas Con un síndrome de Diógenes de aúpa y con un carácter que, en algunos momentos, se torna violento, Washington tuvo la mala fortuna de enfren- La normativa establece que no se les puede echar El empadronamiento voluntario de estos indigentes en el aeropuerto de Barajas no parece tener una clara solución. Según señalan fuentes oficiales, la normativa dice que no se les puede echar. No molestan. Están metidos en su mundo. Mientras todo siga así, Barajas es su casa y nadie lo puede evitar. Tampoco es que se quiera evitar. Se encuentran en un lugar público, abierto las veinticuatro horas del día, de par en par. Así, quien quiera quedarse, se queda, por unos minutos o durante años y años. Por este aeropuerto pasan, a diario, unos 135.000 pasajeros y cerca de 70.000 acompañantes. A eso se añaden los 25.000 trabajadores. La suma: 230.000 almas. No es extrañar, así, que algunos, ante un revés imprevisto, opten por quedarse aquí: primero es un rato, luego varios días al final, toda una vida. En ocasiones, miembros de los servicios sociales del Ayuntamiento se pasan para atender a los indigentes y prestarles ayuda, tanto sanitaria como higiénica. Se les informa de que pueden ser atendidos en residencias pero ninguno quiere dejar Barajas. Raji, el suplantador