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4 OPINIÓN MARTES 9 s 10 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro SECTARISMO FRÁNCFORT CULTURAL EN A Feria del Libro más importante del panorama internacional abre sus puertas en Fráncfort con la literatura catalana como invitada especial. Podría ser una magnífica oportunidad para desplegar ante los ojos del mundo la pujanza del sector editorial y la creatividad de sus autores. Sin embargo, el nacionalismo prefiere ofrecer una imagen limitada y parcial, porque la ausencia de autores en lengua castellana expresa una visión falsa de la realidad lingüística y deja fuera a escritores de primera fila, unos a causa del veto nacionalista y otros porque no se han prestado a la manipulación política. El director del instituto Ramón Llull plantea el éxito de Cataluña en Fráncfort como si fuera la puesta de largo de una cultura minoritaria que necesita los elogios de la prensa internacional. Muchos políticos adoptan la actitud de una supuesta nación sin Estado que implora las migajas del reconocimiento en vez de presentarse como la punta de lanza de una industria de primer nivel que cuenta con el respaldo de más de cuatrocientos millones de hablantes. El problema es que los nacionalistas acuden a la gran fiesta del libro con el único objetivo de insistir en los vínculos entre nación y cultura, un planteamiento impropio de la sociedad global que demuestra la ceguera intelectual de quienes son incapaces de superar el localismo y la estrechez de miras. Siempre dispuestos a hacerse notar en los últimos tiempos, los ex presidentes Pujol y Maragall intentan defender lo indefendible. Por su parte, ERC controla la cultura desde su posición de fuerza en el tripartito, otorgando premios y castigos en función de la fidelidad política y no de la calidad literaria. Lo más triste es que muchos editores no tienen otro remedio que plegarse a estas exigencias ante la amenaza real de perder posiciones en el mercado. Es destacable, en cambio, la actitud valiente y sin complejos de los autores que se han negado a ser utilizados o que han alzado su voz para decir lo que todo el mundo percibe; esto es, que Cataluña- -y, por tanto, la cultura española- -pierden una ocasión única para brillar con luz propia en un mundo competitivo y en el que nadie regala nada. El sectarismo no tiene inconveniente en forzar la realidad cuando le conviene. Cataluña es una sociedad bilingüe, y ello se refleja en el panorama editorial, con la lógica diferencia entre el volumen de actividad y de beneficios empresariales que existe entre la segunda lengua de la cultura universal y un idioma circunscrito a límites geográficos muy concretos. Cualquier persona con una mínima sensibilidad valora como merece la trayectoria histórica y la vitalidad actual de la literatura en lengua catalana. Por eso mismo es exigible que no sea presentada ante el mundo como un producto menor que se promociona en contra de otra lengua mayoritaria y dominante. En lugar de sumar esfuerzos, los nacionalistas juegan de forma irresponsable con el dinero y el esfuerzo de todos, tal vez porque la cultura no les importa en absoluto. L LAS JUSTIFICACIONES DE GARZÓN AS valoraciones políticas queun juez incluyeen una resolución judicial están expuestas a un grado de crítica más intenso que si fueran pronunciamientos estrictamente legales. Por esta razón, es legítimo considerar que está totalmente fuera de lugar el argumento con el que el juez Garzón pretende explicar por qué no actuó antes contra la dirección de Batasuna. Según dice el juez Garzón en el auto de prisión delos cabecillas batasunos, cuando las actuaciones individuales de personas se han producido aun en nombre y representación de la opción política ilegalizada con el fin de buscar el final de la violencia, aunque haya sido equivocada o interesadamente, no puede considerarse ese hecho como un acto delictivo Esteargumentoponeen manos dela propiaETAlaimpunidad del entramado batasuno y es impertinente en una resolución jurisdiccional, porque constituye la utilización de un es decir, para dar cobertura a una aplicación oportunista de la ley. Por desgracia, la valoración del juez de la Audiencia Nacional va a permitir a muchos ciudadanos temer que su juzgado se declaró en tregua mientras ETA mantuvo el alto elfuego. En un Estado de Derecho, la transferencia a la función jurisdiccional de los planteamientos políticos del Gobierno no es admisible. Esto es lo que refleja el auto judicial al transformar en fundamento jurídico lo que el presidente del Gobierno decía para amparar sus contactos con Batasuna. La búsqueda de la paz fue el conjuro que convirtió a Otegi y compañía en interlocutores legítimos del PSOE y del Ejecutivo, interesados en abrir un paréntesis en la criminalidad innata de Batasuna como mero instrumento de ETA. El resultado salta a la vista y no puede ser más negativo. El pronunciamiento del juez Garzón, además de impertinente por ser de carácter político, no es cierto desdeel punto de vista de la ley y de la realidad de los actos realizados por los dirigentes de Batasuna ahora en prisión. Esta formación política es una organización ilegalporquefuecreada y está dirigida por ETA. Este hecho no es una presunción ni una conjetura. Es una declaración firme de la Sala Especial del TS, emitida L en la sentencia que aplicó la Ley de Partidos al entramado etarra. Además, Batasuna tiene prohibida toda actividad desde enero de 2006, cuando el juez Grande- Marlaska- -para quien el PSOE no tuvo el respeto que ahora pide para Garzón- -decretó nuevamente la suspensión cautelar de Batasuna en el marco de las investigaciones penales por su inserción en ETA. Por tanto, Batasuna nunca ha podido realizar actividades políticas lícitas, ni siquiera con la excusa de propiciar el fin de la violencia en elsupuestodequealgunavez sehubiera planteado este objetivo. Batasuna es una organización terrorista no por lo que coyunturalmente haga o deje de hacer, sino por su naturaleza meramente instrumental de la estrategia de ETA, y así lo demostró durante la tregua, callando la más mínima condenapor el atentadodela T- 4, nopidiendo alos etarras elcese del terrorismo, apoyando los actos de intimidación como el alarde de los pistoleros en Oyarzun o haciendo de portavoz de las amenazas etarras por la marcha del proceso. El análisis objetivo de la historia de estos tres últimos años demuestra, en el plano de los hechos, que Batasuna nunca ha buscado la paz, sino el logro de los objetivos principales de ETA. Esta actitud sumisa se debe a quelas treguas concedidas por la organización terrorista forman parte de su estrategia contra el Estado. Es más, ETA no tiene reparo alguno en presentar sus treguas como una herramienta para provocar crisis y disensiones en el Estado, pues cuando decreta un alto el fuego es para darse a sí misma una oportunidad de reorganizarse y de alcanzar sus objetivos mediante la negociación política. Por esto, la Batasuna que refleja Garzón en su auto es tan ficticia- -y, al mismo tiempo, tan coincidente- -como la Batasuna que se inventaron el PSOE y el Gobierno para legitimar su diálogo político. Más verosímil es que la inacción judicial queahora sepretendejustificar- -con argumentos queempeoran la valoración- -respondía no a una falta de tipicidad penal en los actos de Batasuna, sino a la necesidad política de no perseguir judicialmente a aquellos proetarras que estaban sentados en las mesas denegociación aceptadas por el Gobierno. Pero esto no admite justificación alguna. EL ROSTRO SEDUCTOR DE LA TIRANÍA UARENTA años después de su muerte, la figura de Ernesto Guevara, el Che, continúa despertando fervientes adhesiones en la izquierda de todo el mundo. El inconsciente mitómano funciona todavía en ella y tiene numerosos adeptos entre los herederos de la utopía. Lo que sorprende del fenómeno no es que el Che sea homenajeado en las explanadas que llena por la fuerza la dictadura cubana, sino que tenga su tirón en las redacciones de algunos medios de comunicación e, incluso, en las sedes de los partidos y entre la militancia de la izquierda democrática europea. Por lo visto, poco importa que haya caído el Muro de Berlín y que el balance dejado tras de sí por la utopía revolucionaria por la que luchó el Che se descubriese como una pesadilla totalitaria. Su imagen sigue sobrevolando ese balance. Incluso ha sobrevivido a las víctimas a las que condenó su trabajo al servicio del comunismo. Ernesto Guevara fue- -y sigue siendo- -el rostro seductor de la tiranía. Se ensalza hasta el hartazgo el desembarco que protagonizó con Castro en el famoso Granma, su lucha en las montañas de Sierra Maestra, la entrada triunfal en La Habana y, sobre todo, que abandonara las moquetas ministeriales del Gobierno castrista para hacer la revolución en el Congo y Bolivia. Es más, sus seguidores han conseguido hacer de él la quintaesencia del guerrillero indomable que trató de vivir peligrosamente sus ideales hasta el final. C Poco importa que al poner en valor estos datos biográficos se olviden otros. Por ejemplo, que utilizara el odio justificado que sentían los cubanos hacia una dictadura corrupta para traicionar sus esperanzas democráticas y edificar con sus propias manos una tiranía que pronto hizo olvidar las injusticias que padecían con Batista. Por otro lado, hay que recordar también el daño generacional que causó a la causa de la libertad y la democracia en toda Iberoamérica, ya que forjó un icono de masas que atrajo a muchos jóvenes idealistas al redil de la violencia totalitaria. De hecho, nadie puede negar la gran habilidad mediática con la que tejió un mito biográfico que alineó bajo la forma de un relato romántico la aventura y la revolución, hasta el punto de que ha hecho olvidar, cuarenta años después de su muerte, la tiranía a la que sirvió su gesta justiciera. Producto típico de las elites iberoamericanas y de su complejo sentido de culpabilidad hacia la estructura de injusticia que contribuyeron a perpetuar con su histórica pasividad, sería bueno que los años transcurridos pusieran en sus justos términos su figura. De ahí que resulte inquietante que, cuando se cumple el aniversario de su muerte en las selvas bolivianas, siga valorándose que, llevado por la violencia totalitaria, se expusiera a las balas de sus verdugos, mientras se olvida que las suyas querían hacer lo mismo con el fin de instaurar la utopía marxista en toda Iberoamérica.