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ABC LUNES 8- -10- -2007 Maider López celebra con AdosAdos los diez años del Guggenheim de Bilbao 75 Alberto González Lapuente Crítico musical CUALQUIER PASADO FUE PEOR i el tiempo pudiera plegarse como una hoja de papel comprobaríamos que los diez años de vida del actual Teatro Real son una parte minúscula de su historia moderna. Se explicaba en 1997 insistiendo en el detalle de que su inauguración se hacía con cinco años de retraso y once de turbulencias Hoy, apenas tiene valor documental el desengaño del arquitecto Moreno Barberá, ganador de un concurso para construir en Madrid un teatro de ópera de nueva planta: Desengáñese, don Fernando, Franco no quiere que las señoras vayan a la ópera a enseñar las tetas le espetó un ministro del régimen poco antes de cerrar la carpeta. El pobre hombre lo recordaba en una de las muchas páginas garabateadas aquel sabroso año. Pero hay otras tantas y aunque todas amarilleen, ninguna ha perdido un ápice de malévola sustancia. De la amenaza de una carta astral llena de desatinos, al relato del conciliábulo de zancadas, ambiciones, despropósitos constructivos y ridiculeces musicales. ¿Alguien recuerda a aquel director general que se postuló para gobernar el teatro? ¿Y al que prometió el estreno de Luna la ópera mecánica? Y aún más: los proveedores acosados por las deudas, el esmoquin que se quiso imponer como uniforme en la apertura de la temporada, la lámpara caída, la dimisión de unos, las esperanzas truncadas de otros, ese Parsifal que nunca inauguró y cuyo presupuesto alarmó a todos porque el gasto del ya extinto Festival Mozart, escuela de militancia operística, apenas costaba una minúscula parte o La vida breve que descorrió el telón, con burrito en el escenario, y que un crítico elegante califi- S La flauta mágica en el montaje de la Fura dels Baus, con la colaboración de Plensa ABC Pasado y presente, Lissner (derecha) y Moral el puesto de Cambreleng, llevó a éste a presentar la dimisión. Le sustituiría Inés Argüelles (muy cercana a la entonces ministra de Cultura, Pilar del Castillo) como gerente. Tras la muerte de García Navarro, Emilio Sagi se haría cargo de la dirección artística, puesto que se desglosaría de la dirección musical, que asumió en- ERNESTO AGUDO tonces Jesús López Cobos. Nacía así el triunvirato Argüelles- Sagi- Cobos. Parecía que por fin las aguas comenzaban a tranquilizarse aunque no faltaron los motines, como la huelga de los trabajadores que obligaron a abrir la séptima temporada con una Traviata sin escenografía y vestuario. El nuevo cambio de Gobierno en marzo de 2004, con la llegada del partido socialista y el nombramiento de Carmen Calvo como ministra de Cultura, volvió a sacudir al teatro. Argüelles, sentenciada desde el principio, decidió dimitir en septiembre de 2004, siendo sustituida por Miguel Muñiz, quien finalmente optó por destituir a Emilio Sagi en febrero de 2005, porque pasaba demasiado tiempo fuera del teatro atendiendo su carrera de director de escena (algo que Sagi había pactado con la anterior gerencia) Lo relevó Antonio Moral, quien actualmente lleva las riendas de la dirección artística. De aquel feliz triunvirato tan sólo sobrevivió Jesús López Cobos. A Muñiz y Moral tampoco les han faltado los sobresaltos- -la acusación de mobbing de Hugo de Ana, una amenaza de boicot del estreno de La flauta mágica de la Fura dels Baus, o el descontento de algunos patrocinadores y abonados por ciertas puestas en escena Sin embargo, Muñiz no tiene dudas cuando afirma: Ahora vivimos una etapa de violines Más información sobre el teatro: http: www. teatro- real. com Los actuales males del Real se coordinan con los males del mundo operístico: falta de grandes voces y monotonía general en la interpretación có de visión conservadora de lo español Habría que narrarlo todo ello en detalle. A nadie decepcionaría. Afortunadamente, también hubo lugar para el optimismo. Plácido Domingo, poniendo calma entre la morralla, declaró minutos antes de la reapertura: Es uno de los mejores teatros del mundo Y aunque el entusiasmo le llevó a conjugar mal el verbo, porque todavía no lo era, lo cierto es que el Real nació siendo una infraestructura fantástica. Diez años han sido suficientes para comprobar que el contenido también puede estar a la altura y que gran parte del tono local y versallesco que rodeó su nacimiento se ha transformado en un elegante cosmopolitismo. Los actuales males del Real se coordinan con los males del mundo operístico: falta de grandes voces y monotonía general en la interpretación; algunos criterios escénicos absurdos e incapaces de explicar con inteligencia. Hoy, es un placer creer que todo se puede reducir a cuestiones artísticas. Quiere esto decir que ya son pocos los que proclaman la inmadurez del público madrileño y, casi nadie, siente un sudor frío ante los títulos raros de la primera temporada: Peter Grimes Porgy and Bess y La zorrita astuta Aunque, por supuesto, nada de lo andado garantice el resultado. Se puede observar asistiendo al Boris Godunov en cartel, suficiente que no satisfactorio, lo que demuestra que el resultado artístico es un dato (importante) que tiene mucho de imprevisible en esa ruleta que es el escenario, el día y el momento. Zweig decía que han de transcurrir millones de horas inútiles antes de que se produzca un momento estelar de la humanidad Tratando de provocarlo, el Real ha dejado por el camino cosas en verdad gratificantes y, aún, promete otras. Que cada uno mire hacia atrás y escoja. A vuela pluma: la promoción de lo nuevo y lo histórico, la apertura a muchos públicos, la pluralidad del repertorio, el alto nivel de los cuerpos estables, el buen hacer de los que están detrás del telón... Y más personal aún: la elegante quietud de Wilson, el señorío de Strehler, la concentración de Robert Carsen y la locura conceptual de Plensa; la hora azul de Henze y la grandeza de los clásicos; el nervio de García Navarro y la sólida hechura de López Cobos; Gergiev, Rostropovich y Barenboim; la estampida de algún soberbio, la emoción artística de muchos otros y el mutis abandonado de la Mariscala Felicity Lott... Muchas y buenas cosas en diez años.