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6 10 07 TENDENCIAS Bigotes Perder un Imperio por afeitarse Un estudioso ha relacionado el auge del Imperio Británico con los frondosos bigotes (importados de España, por cierto) de sus líderes. A más bigote, más poder. Y viceversa. La teoría puede que esté pillada por los pelos- -nunca mejor dicho- pero tiene su interés... TEXTO: EMILI J. BLASCO FOTOS: ABC N elson es uno de los mayores héroes nacionales británicos y la batalla de Trafalgar, una de las victorias más recordadas en el Reino Unido, pero fue gracias al contacto con españoles y franceses en esa Guerra de la Independencia que los ingleses aprendieron algo que les llevaría a mayores triunfos que los de Nelson: la moda del bigote. El Imperio británico se extendió por la autoridad que transmitía el mostacho: cuanto más grande y contundente fue el bigote, mayores territorios se conquistaron; cuando comenzó a hacerse más pequeño, también los dominios empezaron a menguar, y el Imperio acabó derrumbándose en el momento en que el bello en el labio superior de los varones quedó anticuado. Esa sorprendente correlación la establece el historiador Piers Brendon, del Churchill College de la Universidad de Cambridge, en su libro The Decline and Fall of the British Empire (Declive y caía del Imperio Británico) que se publica a mediados de mes. Entre las 650 páginas dedicadas a la historia política, social, económica y cultural de esa era, que ocupa el siglo que va de mediados del siglo XIX a las independencias de territorios colonizados, tras la Segunda Guerra Mundial, Brendon incluye un capítulo consagrado a su teoría. Es como incluir una broma en un libro serio, pero ofrece un punto de referencia declaró el autor esta semana a The Times en un avance editorial. Brendon reconoce que no se trata de algo matemático, pero asegura que los paralelismos que establece tampoco son una mera coincidencia temporal, sino que puede trazarse una sutil relación causa- efecto, al menos en un primer momento y especialmente en la India, corazón del Imperio. Durante el siglo XVIII, los sofisticados ingleses que gustaban de cuidar su aspecto físico utilizaban pelucas, pero en cambio desdeñaban el pelo facial. Así era en- Conan Doyle, padre de Holmes tre los altos oficiales y la corte. La excepción la constituyó el Rey Jorge III, cuya barba se consideraba un signo más de su locura. Pero a la raíz de las guerras napoleónicas, muchos oficiales británicos comenzaron a dejarse notorios bigotes, tal como habían vis- Más que coincidencias Kipling habla acerca de una dama que se quejaba de que ser besada por un hombre que no se dejara crecer el bigote era como comerse un huevo sin sal Es famoso el cartel de reclutamiento de la Primera Guerra Mundial en el que lord Kitchener, con su robusto mostacho, señala al frente y dice tu país te necesita Anthony Eden con su esposa, en 1935. Su bigote iba a menos