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6 10 07 EN PORTADA Moda Vestir a la española POR JUAN FRANCISCO ALONSO L El poder vestía de negro El negro se adueñó del guardarropa de Felipe II. Le ayudaba a transmitir discreción y modestia, dos de sus valores más estimados. Los nuevos tintes llegados de América facilitaron un tono intenso (Felipe II. Sofonisba Anguissola, 1565, en el Prado) a cara lucía pálida, un blanco mortecino subrayado por un toque de color en la mejilla. El cuello de lechuguilla, almidonado, prendido por alambres para soportar su tamaño, mantenía la cabeza erguida, siempre digna. Y, más abajo, el jubón, la ropilla, las calzas, una prominente bragueta, las medias... Estamos en el siglo XVI. España gobierna el mundo, y, aunque aún no se había inventado la Pasarela Cibeles, las tendencias que nacían en la Corte no tenían fronteras. España era el centro de la moda proclamaba el pasado lunes Amalia Descalzo, de la Asociación de Amigos del Museo del Traje, en la inauguración en Madrid del primer Congreso Internacional Vestir a la Española Carlos I fue coronado Rey de España en 1516, el comienzo de la dinastía de los Austrias, de una época que, también desde el punto de vista de la aguja y el dedal, iba a cambiar el mundo. En la primera parte del siglo XVI mandaba el estilo italiano, con un toque de libertad en los colores y las formas. Las modas surgían en el ámbito cortesano, y en el poderoso entorno de los Austrias se empezó a ajustar el torso y a abultar las caderas, a aprisionar los cuerpos. El atuendo era un aliado del poder, un instrumento para transmitir el estilo de la Monarquía añade Amalia Descalzo. La segunda mitad del XVI, el reinado de Felipe II, Europa vistió a la española Era un estilo de corte y confección... y de vida, al mismo tiempo que una fuente de riqueza y de trabajo. Los españoles, a imagen de Felipe II, caminaban con firmeza, derechos, graves, y sus cuerpos se adaptaban como podían a unas hechuras muy elaboradas, armadas con rellenos. En los hombres, el jubón y las calzas proporcionaban la forma abombada de una armadura. Y el cuello de lechuguilla de los primeros años se sustituía poco a poco por el de golilla, más sobrio, como parte de las pragmáticas que pretendían reducir los lujos en el vestir (los calzones ocuparon pronto el lugar de las calzas) Las faldas ahuecadas fueron las reinas de los guardarropas de la Corte. Primero, el verdugado, y luego la exuberancia del guardainfante, un entramado de alambres con cintas que se ponían las mujeres en la cintura debajo de la basquiña y que creaba una falda Alejandro de Farnesio (pintado por Antonio Moro, 1557, en la Galleria Nazionale, Parma) viste ropilla y calzas, y, sobre los hombros, un tudesco La lechuguilla, esa especie de acordeón que protege el cuello del Archiduque Alberto de Austria, formaba parte del estilo español. Obra de Pourbus Frans II, 1599, en las Descalzas Reales de Madrid