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ABC SÁBADO 6 s 10 s 2007 INTERNACIONAL 35 El genocidio silencioso de Birmania El aplastamiento de las protestas contra la Junta militar birmana hace temer una oleada de refugiados, sobre todo de la etnia karen, en campos como el de Mae La, en la frontera con Tailandia TEXTO Y FOTO PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL MAE LA (FRONTERA BIRMANO- TAILANDESA) Casada con un campesino y con dos hijos, Naw Mu Law tenía una vida sencilla en su pueblo de Taw Ku, en el estado birmano de Kayin, hasta que, en noviembre de 2005, un soldado aporreó la puerta de su casa mientras estaba sola. Como no le quería abrir, tiró la puerta y entró explica a ABC la mujer, que fue violada por el militar. Me resistía y gritaba, pero me tapó la boca mientras abusaba de mí recuerda llorando Naw Mu Law, cuyo hijo de doce años volvió mientras su madre estaba siendo forzada y se enfrentó al soldado clavándole un cuchillo. El militar huyó herido, pero Naw Mu Law no acudió a la Policía porque es karen, la etnia birmana que lucha desde 1948 por la independencia de su región, al este del país y limítrofe con Tailandia. Dentro de la guerra civil que libra el Ejército de Myanmar (nombre oficial de Birmania) con los rebeldes de la Unión Nacional Karen (UNK) 3.000 pueblos han sido destruidos en los últimos años, y medio millón de personas han sido obligadas a marcharse en un genocidio silencioso ante el que la comunidad internacional permanece impasible. Por eso, Naw Mu Law y su familia se dieron a la fuga y caminaron por la jungla durante un mes hasta cruzar la frontera con Tailandia. Cerca de la ciudad de Mae Sot llegaron al campo de refugiados de Mae La, el mayor de los siete desplegados a lo largo de la línea divisoria, al dar cobijo a más de 40.000 personas, fundamentalmente de la etnia karen. No en vano, en Tailandia viven ya 150.000 desplazados de esta tribu, integrada por siete millones de personas. Abierto hace más de dos décadas, el campo de Mae La es ya una auténtica ciudad con sus tiendas, sus colegios, sus niños descalzos jugando al fútbol, su par de restaurantes, sus calles de tierra que se enfangan cuan- Unos niños birmanos, ayer, en el campo de refugiados de Mae, abierto hace dos décadas y que se ha convertido en una ciudad do llueve y, por supuesto, sus tragedias humanas. En Mae La, cada historia es un drama como el de Marry Say, de 15 años. Su padre era un guerrillero karen que, en 2002, fue abatido a tiros por el Ejército mientras trabajaba en el campo, ya que un vecino lo había denunciado a cambio de unos sacos de arroz Cuando las familias llegan a Mae La, la ONU les entrega los materiales para que levanten sus cabañas de madera, sin agua ni electricidad. Mensualmente, cada refugiado recibe 16 kilos de arroz, un kilo de judías, pastel de pescado, sal y aceite. El resto hay que comprarlo en las tiendas que han proliferado por una especie de zoco, ya que los comercios son regentados por musulmanes birmanos como Hu Sein, que aprovechan la escasa competencia e imponen unos precios astronómicos para unos paupérrimos vecinos sin ingresos. Sólo un puñado de escogidos puede salir para trabajar en los campos cercanos. El resto permanece todo el día sin nada que hacer y esperando un visado con el que emigrar a Estados Unidos, donde este año han recalado 6.000 personas. A pesar de la precariedad, la mayoría prefiere quedarse en Mae La que regresar a Birmania, donde sólo les aguarda la represión militar. Volveré a casa, el Estado Karen, cuando sea independiente promete Thu Lay Paw, quien huyó de su pueblo, Mae Hsai, cuando los soldados birmanos lo tomaron el pasado mes de abril en una de sus habituales operaciones de limpieza étnica cerca de la frontera. Entraron disparando, por lo que todo el mundo huyó mientras quemaban el granero y las casas de teca relata la chica antes de explicar, emocionada, que a mi abuelo le cortaron el cuello porque andaba muy despacio y luego colgaron su cabeza de un árbol Ajenos a su drama, un grupo de jóvenes practica a sus espaldas una especie de voleibol que juegan con los pies. Un poco más allá, tres mujeres se bañan en el río y otras tantas acuden al pozo en busca de agua, ya que no hay suministro en las austeras cabañas de bambú, de dos plantas y coronadas por un tejado tapizado de hojas para impedir que se cuele la lluvia. La vida transcurre con su ritmo parsimonioso en el campo, donde nació hace 21 años Chri Chri Hser, una joven que jamás ha traspasado la valla que rodea al recinto. El campamento es una cárcel, me gustaría ver otros lugares se queja la muchacha, cuya madre atravesó la jungla, embarazada de nueve meses, antes de dar a luz justo al llegar a Mae La. Quien también ha sido madre en el campamento es Naw Pawdy, una niña de sólo quince años que fue violada por un hombre mucho mayor que ella y, hace cinco meses, tuvo un bebé al que le espera una vida tras la alambrada. Medio millón de personas han sido obligadas a marcharse y tres mil pueblos han sido destruidos Por la jungla El enviado de la ONU exige la liberación de los presos políticos EFE NACIONES UNIDAS. El enviado especial de la ONU para Birmania, Ibrahim Gambari, advirtió ayer a la Junta Militar que gobierna el país que debe liberar a todos los presos políticos si quiere iniciar un diálogo con la oposición, encabezada por la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi. En su primer informe al Consejo de Seguridad tras visitar el país asiático, Gambari dijo que permanece confuso sobre si las autoridades responderán a la solicitud de que liberen a todos los detenidos durante la represión de protestas pacíficas, para iniciar un proceso de reconciliación nacional. El enviado especial señaló como positivo el reciente anuncio de que el máximo jefe de la Junta Militar, el general Than Shwe, está dispuesto a encontrarse con Aung San Suu Kyi, que atribuyó a la presión internacional. Antes, el secretario general de la ONU, Ban Ki- moon, calificó de repugnantes los ataques de la Junta Militar birmana contra los civiles y le pidió acciones claras hacia la democracia y el respeto de los derechos humanos EE. UU. amenazó ayer con sanciones a Birmania. ABC. es Imágenes de la revuelta birmana en abc. es internacional