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34 INTERNACIONAL Tribuna Abierta SÁBADO 6 s 10 s 2007 ABC María Dolores Masana Presidenta de la sección española de Reporteros sin Fronteras ANNA POLITKOVSKAYA, IN MEMORIAM En el primer aniversario de su asesinato se recrudece la ofensiva contra la prensa en todo el mundo AÑANA se cumplirá un año. En su residencia de Moscú fue encontrada, asesinada a balazos, la periodista rusa Anna Politkóvskaya. No era la primera víctima de esta profesión desde la subida al poder del presidente Putin. Diecisiete colegas la precedían, igualmente muertos en circunstancias cuando menos dudosas. Otras, muy parecidas, como la del periodista de Kommersant Ivan Safronov, que cinco meses después del asesinato de Anna se mató al caerse del cuarto piso de su casa. Otro profesional incómodo Otras actuaciones judiciales poco claras. Sobre ninguno de estos crímenes se ha hecho la luz oficialmente. El silencio, la oscuridad, son norma en estos casos. ecía Politkovskaya que a nadie en su sano juicio se le ocurre ir a buscar protección en Rusia a las instituciones encargadas de mantener el orden público porque están corrompidas por completo. La ley del más fuerte es moneda común Nada más cierto. En su propio caso, ni la Policía, ni la Justicia, menos aún el Gobierno, han abierto una investigación creíble ni han dado señales de querer destapar la verdad. Sólo hace falta seguir la actuación de la Fiscalía de Moscú, encargada de la investigación. A finales de agosto, apareció la noticia de la detención de diez presuntos responsables del asesinato de Anna. Entre ellos se hallaban agentes del FSB y algunos ciudadanos chechenos. Muchas dudas envuelven las actuaciones judiciales: la rápida puesta en libertad de alguno de los detenidos, la destitución del primer fiscal que llevaba el caso... Todo ello pone una vez más sobre la mesa los rumores de montaje político y mediático cuando se aproximan elecciones parlamentarias y presidenciales en la Federación Rusa. A día de hoy, el periodismo se ha convertido en una profesión de alto riesgo en todo el mundo, como lo prueban los 81 periodistas y 32 colaboradores de medios de comunicación muertos a lo largo del año pasado en veintiún Nuestro mensaje quiere poner el acento en afirmar que la periodista de Novaya Gazeta no murió en vano. Ella creía en la posibilidad de una Rusia democrática. Por esto es tan necesario que su mensaje a favor de la libertad de expresión se mantenga vivo M En este marco político, Politkovskaya era especialmente incómoda porque su trabajo de investigación periodística estaba sobre todo enfocado en dos direcciones, igualmente molestas: la guerra de Chechenia y los procedimientos más que irregulares del Gobierno de Putin. Dos líneas de inteligente, rigurosa y valiente tarea que en definitiva conducían a un mismo punto de origen: el Kremlin. L D países. El periodista ha pasado de ser un blanco ocasional en zonas en conflicto a un objetivo buscado por aquellos poderes que quieren ocultar sus crímenes contra los Derechos Humanos. Así ocurre en Rusia cuando un profesional de la información se empeña en ejercer sin atenerse a lo considerado correcto por el poder. Expresar la verdad, buscar e informar sobre dónde hay corrupción, abuso, fraude y responsabilidades delictivas por parte de quienes tiene jurisdicción en los estamentos oficiales puede costar la vida. En este contexto, Rusia se sitúa en un deshonroso 147 puesto en la última clasificación mundial de RsF, de una lista que numera a 168 países. En el alarmante creci- miento de acoso al periodismo libre, el caso de Anna Politkovskaya destaca como un símbolo que nos invita a no cesar en la tarea de permanecer vigilantes. En su persona se quiso acabar con la voluntad decidida de no callar sobre una Rusia que, bajo la presidencia de Putin, parece volver a los procedimientos autocráticos de la antigua URSS bajo la capa superficial de una democracia viciada y carente de los auténticos resortes que garantizan al ciudadano la seguridad propia del Estado de Derecho. Por algo, quien los ha de encarnar en la magistratura suprema, el presidente Putin, tiene un historial de eficaz miembro de los servicios secretos soviéticos en los años de la Guerra Fría. a guerra de Chechenia es una de las manchas más execrables de la Rusia actual. El Ejército se ha empleado en ella sin piedad ni escrúpulos, utilizando de manera indiscriminada y cruel los métodos más toscos y brutales de represión y exterminio. Anna Politkovskaya era implacable en la denuncia de lo que ocurre en Chechenia. Lo hacia en los cada vez más escasos medios de comunicación que resistían a la presión y al ahogo del poder, como la revista Novaya Gazeta y alguna secundaria emisora de radio. Era la suya una voz demasiado clara y honesta, excesivamente libre y sólidamente informada, para quienes necesitan que pasen desapercibidas las lacras de improcedentes sistemas de poder. Citando sus propias palabras: Mi oficio es buscar y escribir la verdad. En la Rusia de hoy tienes que dedicarle la vida o nada; si abandono para salvar mi piel, entonces claudico ante el poder y abandono mi país y a mis compatriotas. ¿Quién tomará el relevo? Se conocía a Anna como la conciencia moral de Rusia un título de honor del que ella era perfectamente lúcida respecto a los odios que concitaba en los circuitos de la autoridad. Y sabía que acabaría pagándolo con su vida, puesto que había sufrido ya dos intentos fracasados para acabar con ella. uestro mensaje hoy quiere poner el acento en afirmar que la periodista de Novaya Gazeta no murió en vano. Ella creía en la posibilidad de una Rusia democrática. Por esto es tan necesario que su mensaje a favor de la libertad de expresión se mantenga vivo. La nobleza y el heroísmo de esta periodista esforzada y valerosa lo merecen. Sirven de manera singular como bandera en defensa del libre ejercicio de la profesión periodística, absolutamente imprescindible si queremos que la libertad y los derechos fundamentales sean norma universal e insobornable de la convivencia humana. N