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ABC VIERNES 5 s 10 s 2007 VIERNES deESTRENO 91 Londres, té con polonio 210 Paraguas asesinos y té radiactivo son sólo dos muestras de hasta dónde puede llegar el espionaje ruso. Treinta agentes, disfrazados de diplomáticos, buscan disidentes en una colonia de 400.000 personas EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. El Londres real nada tiene que envidiar al recreado en las novelas de Ian Fleming, Johnn le Carré y Frederick Forsyth y plasmado en muchas películas. La expulsión del Reino Unido de cuatro diplomáticos rusos en julio muestra que la actividad del espionaje no ha cesado y que lo que antes tenía que ver sólo con la política de la Guerra Fría ahora además anda mezclado con las tramas de las mafias rusas. El caso Litvinenko -la muerte en noviembre del año pasado de un antiguo agente del KGB tras ingerir el radioactivo polonio 210- -es el último gran episodio de esa saga, que sigue a otros envenenamientos de repercusión internacional, como el de Georgi Markov, muerto en Londres en 1978. El búlgaro Markov fue asesinado de la forma más sutil que un autor de ficción podría imaginar. Andando sobre el puente de Waterloo, que cruza el Támesis a la altura del Big Ben, un desconocido que caminaba en dirección contraria le dio un golpe en la pantorrilla con la punta de su paraguas. El desconocido se disculpó y el disidente Markov siguió andando sin la menor sospecha. Cuando Markov, empleado el servicio de la BBC para el Este de Europa, llegó al trabajo, el dolor en la zona donde había recibido el pinchazo era ya continuo. Esa noche comenzó a tener fiebre y fue ingresado en un hospital. Murió tres días después, por obra y gracia de agentes búlgaros auxiliados por el KGB. Los forenses encontraron incrustado en la pantorilla de Markov un perdigón de 1,52 milímetros de diámetro, compuesto de platino e iridio. Un examen posterior permitió detectar rastros de ricino tóxico. El perdigón disparado con el paraguas había sido diseñado para deshacerse a la temperatura de 37 grados (el calor del cuerpo humano) y así liberar su sustancia tóxica. Aunque los médicos hubieran conocido desde el primer momento la causa no habrían podido ayudar al paciente, pues ni siquiera ahora se conoce un antídoto para el veneno de ricino. Este precendente hizo que cuando Alexander Livitnenko fue ingresado a comienzos de noviembre de 2006 con síntomas de envenenamiento, se pensara primero en el ricino. Después se habló del talio, vieja sustancia en la botica de los servicios secretos debido a sus características de insípido, incoloro e inodoro. Fue uno de los instrumentos utilizados por el régimen de Sadam Husein para librarse de ciertos disidentes y enemigos, Francia lo habría usado para matar al líder de la guerrilla de Camerún en 1960, mientras que la CIA concibió un plan para poner polvo de talio en los zapatos de Fidel Castro. Al final resultó ser polonio 210, una sustancia radiactiva, suministrada a Litvinenko mientras tomaba un té en un hotel del centro de Londres con otros tres antiguos miembros del KGB ahora metidos en el negocio de empresas de seguridad. Uno de ellos era Andrei Lugovoi, a quien la Fiscalía británica acusa de ser el autor del envenamiento. Su extradición es rechazada por Moscú, y la situación ha dado lugar a un enfrentamiento entre el Reino Unido y Rusia, con expulsión cruzada de diplomáticos. Nombres como el del oligarca Boris Berezovski, el del político checheno Ahmad Zakáyev y el del ex espía Oleg Gordievsky están en la lista de extradiciones solicitadas por Moscú y denegadas por el Reino Unido. Los servicios secretos británicos creen que más de treinta espías rusos con carnet diplomático, la quinta parte del personal oficial, siguen estrechamente los pasos de los disidentes, parte de los 400.000 rusos afincados en Gran Bretaña. Del KGB a la seguridad privada Viggo Mortensen, con todas las trazas de un mafioso ruso ABC Promesas del Este G. B. Canadá, EE. UU. 2007 100 minutos Director- -David Cronenberg Actores- -Naomy Watts, Viggo Mortensen, Vincent Cassel El más y mejor Cronenberg E. RODRÍGUEZ MARCHANTE No es difícil encontrar la conexión entre esta película de David Cronenberg y la anterior y celebrada Una historia de violencia Pero, si no se analiza bien se confundirá por completo esa conexión y se atribuirá, por ejemplo, a que es menos radical que las anteriores. Cronenberg, es cierto, ha cambiado de vehículo, pero no a otro más lento, más bonito menos agresivo o contundente. Antes, al contrario: nunca había hecho Cronenberg una película tan radical en su fondo y en su forma como Promesas del Este aunque ya ha encon- El espionaje no cesa; lo que antes era Guerra Fría se ha mezclado con las tramas de las mafias rusas Más información sobre la película: http: www. promesasdeleste. es trado el modo para que el público no se atragante con ella. En la propia elección del punto de vista, Cronenberg es inapelablemente extremo: una comadrona y el diario en ruso de una mujer muerta durante el parto alumbrarán una sordidísima historia de prostitución y mafia rusa. Y ese punto de vista provoca un clima drástico: salvo la mirada de la comadrona (Naomi Watts) y las notas de ese diario, todo es gélido y amenazante hasta límites casi insoportables. Los personajes son témpanos: el padrino, el gran soprano (fantástico Armin MüellerStahl) su despreciable y despreciado hijo (en su tónica anegada de gin Vincent Cassel) y el chófer del garito y hombre para todo, papel que borda hasta extremos inimaginables Viggo Mortensen... El fondo en el que se mueven los varios hilos de la trama son pura sordidez: mujeres a las que se engaña en sus países (Rusia y satélites) con promesas de una vida mejor en Occidente y luego se prostituye a la fuerza, antes de arrojarlas por algún sumidero. Y ese fondo se radicaliza aún más con un doble tirabuzón argumental y un desenlace antológico, cremosamente maléfico, mordaz y esperanzador... En cuanto a la radicalidad en el modo de contar su historia, diremos que aquí filma Cronenberg las dos o tres escenas más espeluznantes de toda su filmografía, especialmente una que transcurre en unos baños públicos en la que se combina algo insoportable al ojo humano: la agresividad y la debilidad extremas. Sangre, violencia, ferocidad y desnudez, protagonizadas por un Viggo Mortensen inhóspito y que deja a aquel asesino lacónico de El samurai en poco más que un chiquillo charlatán. Promesas del Este es ese tipo de película que si no fuera tan buena no habría modo de recomendarla.