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ABC VIERNES 5- -10- -2007 La Policía halla La Madonna del huso de Leonardo, robada en Escocia en 2003 83 DE LA ESPADA AL TEMPLE AL CÓDIGO MARRÓN Ríos de tinta se han desbordado desde que Hugo de Payens fundara la Orden del Temple en el siglo XII para proteger a los peregrinos que iban a Jerusalén... A. ASTORGA MADRID. ¿Qué misterio se oculta tras la sonrisa de Dan Brown? cuya faz encajaría perfectamente dentro del casco de un caballero templario. Mientras él permanecía encerrado en su almena de Estados Unidos, su Código da Vinci -el Código marrón -revolucionaba la babel literaria. La agencia literaria de Brown envió el Código da Vinci a los mejores despachos de las editoriales españolas, y en todos ellas, menos en una, acabó en la papelera. Umbriel rescató la novela y este cocido esotérico disfrazado de culturalismo convocó a millones de lectores españoles desde tramas conspirativas con ramificaciones vaticanas a templarios de botellón y sábana santa. A Brown se le acusó de emplear La Revelación de los Templarios libro de Lynn Picknett y Clive Prince publicado en 1998, que insiste en el supuesto papel de María Magdalena como rival de los apóstoles en la primitiva cristiandad. Al margen de códigos marrones, dos escritoras españolas han empuñado con éxito la adarga templaria. En La hermandad de la Sábana Santa Julia Navarro relata un incendio en la catedral de Turín, donde se venera tan codiciada pieza, y la muerte de un hombre sin lengua. Una perspicaz y atractiva historiadora y una periodista de incontinencia verbal se unen a los investigadores para resolver un enigma que arranca de los templarios. Matilde Asensi Iacobus recrea al Caballero Galcerán de Born, mitad monje mitad detective de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén. Regresa a la Península Ibérica para localizar a un mozo que fue abandonado al poco de nacer y que responde al apellido García. El Papa Juan XXII llama a Galcerán a una misión por tierras de Francia. El Gran Maestro de la Orden del Temple ha sido ejecutado... y Galcerán debe investigar las misteriosas muertes de Clemente V antece, sor de Juan XXII, y Felipe IV de Francia. Galcerán irá desmadejando una enigmática trama que le conducirá a la en teoría disuelta orden del Temple... Jesús Mestre i Godes desentraña en Los pobres caballeros de Cristo la aventura del Temple desde sus comienzos hasta su trágica desaparición después de su implantación y persecución en la Península Ibérica. Mestre rastrea las señas de identidad templarias, ora rubricadas con su sangre, ora señaladas por sus manejos como terratenientes y financieros, hasta llegar al triste destino digno de tragedia griega Javier Sierra, en La ruta prohibida se adentra en uno de los enigmas más fascinantes de la historia: Pocos saben- -sostiene- -que La divina comedia de Dante, esconde un secreto vinculado a los templarios. En su canto XIX del Infierno, el genial poeta manifestó su desprecio hacia el Papa que había excomulgó a los célebres caballeros de los mantos blancos... Clásicos de la literatura de esta orden de monjes guerreros son Jan Guillou El legado del templario y Nicholas Wilcox, creador de la imprescindible Trilogía templaria Los falsos peregrinos Las trompetas de Jericó y La sangre de Dios Wilcox, nombre tras el que se oculta el excelente escritor jiennense Juan Eslava Galán, sentó a los templarios en la Mesa de Salomón, en busca del unicornio... Juan G. Atienza, con La meta secreta de los templarios La mística solar de los templarios y Los lugares templarios españoles completa esta imprescindible biblioteca templaria, a vuela pluma. Final digno de tragedia griega La adarga literaria templaria Luis Conde- Salazar Infiesta Crítico y escritor HACE AL FRAUDE n 1118 nueve caballeros franceses con Hugo de Payns al frente fundaron lo que luego se llamaría Orden de los Templarios, cuya primera y tibia misión era proteger a los peregrinos que se acercaban a la recién conquistada Jerusalén. Se instalaron en la mezquita de Al- Aqsa, en lo que tiempo atrás fue el Templo de Salomón. De ahí su nombre. El Papa Urbano II, que promovió la I Cruzada para liberar la Ciudad Santa al grito de Deus vult (Dios lo quiere) les dio su bendición. Y ellos se junta- EL HÁBITO NO E ron. De ahí, hasta que Jacques de Molay, último Gran Maestre de la Orden, y sus acólitos fueran apresados el mítico viernes 13 de octubre de 1307- -fecha que dio origen a la superstición- -y obligados a confesar sus crímenes por iniciativa de Felipe IV de Francia, empeñado hasta las cejas con el Temple, habían pasado más de 200 años y muchas cosas. Entre otras, que la Orden se había hecho terriblemente poderosa. Hacia 1200 contaba con miles de encomiendas y casi 50.000 efectivos humanos. Con permiso de los judíos, se dice que los templarios fueron los creadores de la banca moderna, y aunque esto es una exageración, sí es cierto que se convirtieron en prestamistas de elite y en los inventores de las letras de cambio. El poder, como la política, genera extraños compañeros de cama, además de privilegios, posesiones y pingües fortunas. Pero también recelos, envidias y enemigos. Para deshacerse de tan magna institución religiosa, económica (su legendario tesoro no tenía mucho que envidiar a la Reserva Federal de EE. UU. aunque nunca fuera localizado) y militar (con una flota propia que desapareció como por ensalmo y hay quien dice que terminó en América antes de que se llamara así) había que inventar algo que ni siquiera la Iglesia, su más firme aliado, pudiera rebatir. Así que se les acusó de herejía, de efectuar cultos satánicos, de practicar la sodomía y de mil otras cosas fundamentadas en la tortura. Lo cierto es que con la desaparición de los templarios, muchos estados deudores, sobre todo el poderoso francés, vieron cómo se borraban los números rojos de sus cuentas. No es extraño que alrededor de la Orden hayan surgido leyendas, mitos, ficciones y fabulaciones de todo tipo que, si fueran agua, llenarían mares. Pero como casi siempre, la pista es ese poderoso caballero llamado Don Dinero. Dan Brown, Matilde Asensi, Julia Navarro, Javier Sierra, Jesús Mestre, Juan Eslava Galán o Juan G. Atienza han novelado con éxito de público el fenómeno templario