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34 INTERNACIONAL VIERNES 5 s 10 s 2007 ABC La Mezquita Roja sólo cambia de color Ante el disgusto de los fieles por el nuevo color de sus paredes- -que quieren cambiar- el templo que mostró al mundo la cara radical de Pakistán reabre sus puertas sin cambio ideológico apreciable TEXTO MIKEL AYESTARÁN ENVIADO ESPECIAL ISLAMABAD. Noventa y dos días después se ha hecho justicia con nuestros mártires y la mezquita vuelve a estar abierta Miles de fieles en shalvar kamiz- -traje típico local y, también, uniforme para los religiosos- -revisan palmo a palmo el suelo santo de la batalla que en julio costó la vida a cien personas, según datos oficiales, y mil, según grupos islamistas. El ejército de Pakistán necesitó ocho días para sofocar la revuelta de los estudiantes que se amotinaron entre la madrasa (escuela coránica) de Jamia Hafsa y la mezquita. Tres meses después, la madrasa ha sido derribada y la mezquita ha cambiado su tradicional color rojo por un amarillo vainilla, un cambio que no ha gustado nada a los fieles, que piensan volver a pintarla. Palmo a palmo, antiguos estudiantes de la madrasa y del otro centro para estudiantes masculinos vinculado a la Mezquita Roja- -que no ha dejado de impartir lecciones- recogen tierra del suelo, la acercan a su nariz y aspiran con fuerza. Huele a la sangre de nuestros hermanos caídos señala un joven miembro de la seguridad del complejo. Nadie hace referencia a la elección presidencial de mañana, no quieren oír el nombre de Musharraf. Los fieles están contentos con la reapertura y sólo quieren empezar con la vida que llevaban antes de una operación militar, principio de la caída en picado de la popularidad del presidente y general entre el cada vez mayor sector islamista del país. El Tribunal Supremo ha ordenado reabrir el centro y las autoridades han aceptado a regañadientes. La seguridad interior corre a cargo de los gestores de la mezquita- -prácticamente los mismos que antes del incidente- pero la exterior está en manos de la Policía. El nuevo maulana -en árabe, el maestro- -es Abdul Ghaffar, antiguo profesor en el instituto de la madrasa de Jamia Hafsa, y la segunda autoridad religiosa es Amir Sadeer, sobrino de los hermanos Ghazi, que dirigían el centro. Abdul Rashid murió en el asalto final y Abdul Aziz permanece encarcelado tras intentar escapar del cerco militar disfrazado bajo un burka de mujer. La primera oración de la remozada mezquita corrió a cargo del arrestado Abdul Aziz, que grabó el sermón en la cárcel y se lo entregó a su esposa, Umme Hassan, quien presidió el acto. Ante una multitud muy alterada, el anterior maulana explicó el camino que el centro va a seguir ahora, en la misma línea dura pero por medios pacíficos. El objetivo sigue siendo instaurar la Sharía pueblo a pueblo, puerta a puerta Sobre la reconstrucción de la madrasa- -que según las autoridades fue erigida ilegalmente- -la mujer de Abdul Aziz confirmó que en un año esperamos tener mil plazas para estudiantes de todo el país El color vainilla no termina de transmitir calma a unos fieles dispuestos a devolver el color rojo al templo en los próximos días, aunque el Gobierno no lo autorice. Hay estudiantes que han recibido órdenes de buscar trozos del Corán entre los escombros de la antigua madrasa. Algunos encuentran pequeños pedazos de papel chamuscado y los envuelven en pañuelos que llevan a su boca para besarlos. Los comentarios de los estudiantes van siempre en la misma dirección. Querían hacer una discoteca y un cine en el lugar de la madrasa; por eso nos atacaron comenta un joven que lleva un pedazo de hueso en la mano. Asegura que es de uno de sus compañeros, mártir de la guerra contra Musharraf La herida abierta por Musharraf fue demasiado grande. Noha respetado la creencia deesta gente y por presión de Estados Unidos ha pensado que por la fuerza puede traer la calma a un sector de población cada vez mayor y más radical. Seguro que en la Mezquita Roja se lo recuerdan en no mucho tiempo lamenta el analista del Pakistan Observer Mahmud Hussain. Los medios locales han recibido con escepticismo la reapertura del centro y han criticado el hecho de que la administración siga en las mismas manos que antes. El gobierno asegura que ha destinado una comisión gestora de seis personas para ocuparse del templo, pero sobre el terreno el poder de los antiguos profesores y estudiantes es absoluto. Tres meses después la mezquita que mostró al mundo la cara más radical de Pakistán vuelve a estar abierta y sus fieles no olvidan la Operación Silencio ordenada por Musharraf. Ni hablar de Musharraf La ex primera ministra Benazir Bhutto, durante la multitudinaria rueda de prensa que dio ayer en Londres AFP Bhutto, optimista sobre un acuerdo de reparto de poder con Musharraf M. AYESTARÁN ISLAMABAD. La jornada de reflexión no existe en Pakistán. La víspera de la cita electoral está marcada por el cierre de los últimos flecos de las negociaciones entre los hasta ahora irreconciliables Benazir Bhutto y Pervez Musharraf y el veredicto final del Tribunal Supremo sobre la legalidad de los comicios. La líder de la oposición y dos veces primera ministra del país, realizó una multitudinaria rueda de prensa en su exilio londinense para confirmar que ahora soy optimista. El presidente quiere un pacto de reconciliación nacional y nosotros también. Hay que dejar de mirar al pasado y pensar en el futuro del país Estas palabras llegaron después de una noche de intensas negociaciones ya que tan sólo un día antes, la dirigente del Partido Popular de Pakistán (PPP) había dado por concluidos los contactos con presidencia. Este apoyo sirve para que las elecciones adquieran cierta credibilidad y todo parece indicar que se van a celebrar en medio de un clima de gran tensión debido a la huelga general que han convocado las formaciones de la oposición. Los integrantes del PPP no van a boicotear los comicios de mañana, a diferencia del resto de grupos opositores, aunque no votaremos a favor de un presidente que luce uniforme. Está claro. Nos abstendremos adelantó Bhutto. El pacto por la reconciliación incluye como contrapartida la retirada de las acusaciones de corrupción contra Bhutto y los pilares de un reparto de poder. El Tribunal Supremo, por su parte, sigue estudiando las demandas presentadas por diferentes grupos políticos contra la presentación de Musharraf como candidato. La Constitución paquistaní de 1973 señala que un ciudadano con un cargo oficial no puede ser candidato y, según los letrados de la oposición, al ocupar Musharraf el cargo de general de las Fuerzas Armadas quedaría inhabilitado para figurar como presidenciable. Por otro lado, el Ejército paquistaní recuperó los cadáveres de tres soldados en la frontera con Afganistán. Los militares formaban parte de los trescientos soldados que permanecen secuestrados por los talibanes en el norte del distrito de Waziristán, en el área tribal del país, desde el pasado 30 de agosto. Los insurgentes han cumplido su palabra y su intención es asesinar a tres soldados al día hasta que el Gobierno libere a sus presos. Tres soldados asesinados