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ABC VIERNES 5 s 10 s 2007 ESPAÑA 25 Guerrera en la calle, víctima en casa Cien líderes españolas e iberoamericanas se han reunido en Madrid para hablar de sus retos. Las palabras de la revolución silenciosa -igualdad, autonomía y paridad- -acabarán en la Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno en Chile CRUZ MORCILLO MADRID. En uno de los pasos entre México y Estados Unidos, en Sinaloa, hay un árbol al que se conoce como el árbol de los calzones De sus ramas cuelgan decenas de bragas. Son los triunfos de otros tantos agresores que han abusado de mujeres al cruzar la frontera. Los mismos riesgos y penurias de los hombres emigrantes, más el peaje del sexo. En Bolivia todo el mundo sabe que una mujer- -buena parte de la población es indígena o mestiza y el nivel de politización de ellas es muy elevado- -puede enfrentarse a los militares de cara pero en casa se deja golpear por su marido. En Brasil un estudio reciente ha concluido que un hombre blanco gana 2,5 veces más que una mujer negra en el mismo nivel de ocupación, por ejemplo, un camarero, o el empleado de un supermercado. Un hombre negro cobra casi 1,5 veces más que una mujer negra. Son pinceladas del retrato de la desigualdad que se empeña en mantenerse en pie porque como sostiene la argentina Ana Falú, académica, directora regional de Unifem para Brasil, Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, catedrática y feminista las mujeres estamos atravesadas por la raza, el sexo, la religión y la clase Ella y otras noventa y nueve colegas (líderes iberoamericanas y españolas en sus sectores) analizan estos días en Madrid los retos de las mujeres en el III Encuentro de Mujeres Líderes Iberoamericanas organizado por la Fundación Carolina y el Instituto de la Mujer. Sus conclusiones- -políticas de igualdad, autonomía de las mujeres y paridad en los tres poderes del Estado- -se aportarán a la agenda de la Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno que se celebra en noviembre en Chile. El caso Paulina se lo ha traído en la cartera la antropóloga mexicana Marta Lamas, directora de la revista universitaria Debate Feminista y Marta Lamas, antropóloga mexicana, aboga porque la diferencia sexual no se traduzca en desigualdad social fundadora de una organización sobre derechos sexuales y reproducción para América Latina. Paulina tenía 14 años cuando entraron de noche a robar en su casa de Oaxaca y la violaron. La policía certificó los hechos y un mes y medio después acudió a un hospital a abortar legalmente. El director del centro la llevó a hablar con un sacerdote y más tarde amenazó a la madre de la niña, pobre y casi analfabeta como toda la familia. Se asustó y siguió adelante, pero el caso llegó hasta la organización de Marta Lamas. Planteamos un litigio estratégico que duró seis años La batalla fue encarnizada y finalmente a la niña Paulina, convertida ya en una mujer el Gobierno le ofreció todo: casa, dinero y educación para su hijo. Ella pidió cambios para que ninguna otra tuviera que revivir su historia. Esta antropóloga aún se emociona al recordar la historia y enumera los retrocesos que se viven en países como Nicaragua donde el aborto se ha prohibido después de un siglo. El feminismo no es más que la lucha para que la diferencia sexual no se traduzca en desigualdad social explica Lamas. Sale a relucir el drama de Ciudad Juárez donde sigue instaurada una especie de cacería de mujeres, violaciones y asesinatos rituales según sostienen algunas teorías. La investigación ha sido un auténtico desastre, como han comprobado varios forenses y la propia fiscal que se hizo cargo del caso. Ocho fémures en la misma bolsa, nombres cruzados, fechas, el espanto sepultado en absoluto desprecio. A años luz de esa salvajada, la violencia de género en España y en otros países aparece en la conversación. Ninguno tiene aún estadísticas sistematizadas como se hace aquí, pero México acaba de aprobar una ley que casi calca la española; en Chile en los seis primeros meses habían sido asesinadas FRANCISCO SECO Las jornadas trataron sobre los asesinatos rituales de Ciudad Juárez o la penalización del aborto una cuarentena de mujeres y en Bolivia el 70 por ciento de mujeres dicen haber sufrido episodios de violencia familiar; las agresiones sexuales también han crecido mucho. Las sociedades han naturalizado la desigualdad subraya Ana Falú. La igualdad es el grado máximo de libertad conquistado apunta la boliviana Sonia Montaño, socióloga y jefa de la Unidad Mujer y Desarrollo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de Naciones Unidas. Ha vivido en carne propia la politización de la mujer boliviana y de esa mano llegó al feminismo. Unas y otras hablan de deuda social y aspiran a que el concepto cunda entre los jefes de Estado. Mujer negra y blanca continúa buscando. Amenazan con machetes y desde un cayuco al Río Miño en Senegal C. M. MADRID. Ha sido su primera operación pero no ha respondido a las expectativas. El buque oceánico de la Guardia Civil Río Miño avistó en la madrugada del martes al miércoles un cayuco a unas 75 millas de Dakar (Senegal) Intentó detenerlo, pero sus ocupantes al acercarse las lanchas rápidas del barco no hicieron el menor amago de parar. Algunos comenzaron a arrojar gasolina al agua contra las embarcaciones e incluso varios de los ocupantes de la piragua sacaron machetes con los que amenazaron a los agentes. Pasaban las cinco de la madrugada. El barco, con tripulación civil y del Instituto Armado lo que había suscitado críticas en el seno del Cuerpo, pidió ayuda a media mañana a las patrulleras de la Guardia Civil con base en Dakar. Hasta la zona donde había sido avistado el cayuco se trasladó la Río Cabriel. Su tripulación se reforzó con varios comandos operativos de la Gendarmería senegalesa, por si la situación se complicaba. Es la primera vez que un grupo de inmigrantes utilizan machetes al sentirse acorrala- dos, aunque antes habían usado petardos contra otra patrullera. A media tarde, la Río Cabriel llegó al lugar indicado, casi a cien millas de Dakar. Junto al cayuco estaban las lanchas rápidas, pero los sin papeles seguían alejándose al oeste. Cuando llegó la patrullera se detuvieron- -el Río Miño se encontraba a más de una milla de distancia, según fuentes del Cuerpo- -y los sin papeles fueron subidos a bordo. Eran 151, la mayoría de Gambia y Senegal y entre ellos viajaban tres menores, dos de ellos de unos diez años.