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ABC VIERNES 5- -10- -2007 La polémica del vídeo de las juventudes socialistas ESPAÑA 21 Tanto Zapatero como Felipe González han sido pillados en falta al lucir logos de marca como los que ridiculizan las Juventudes Socialistas De la peletería al Vogue La ropa de marca, con o sin cocodrilo, no es una seña de identidad de la derecha, pues la izquierda de Zapatero no sólo ha normalizado sus relaciones con el lujo, sino que presume de ellas BLANCA TORQUEMADA MADRID. Si la ramplona dentellada del vídeo de los cachorros socialistas a los jóvenes del Partido Popular tuviera una pizca de ingenio o, al menos, algún grado de realidad la correspondencia establecida entre el aliño indumentario y la adscripción política, quizá perdería fuerza el valor testimonial de la hemeroteca como demostración de que la izquierda gobernante ya ni se acuerda de la pana y también es carne de logo. De logo, y de los prohibitivos reclamos de la calle Ortega y Gasset de Madrid, seguramente la más cara de España. Allí, en el corazón del barrio de Salamanca, está el cuartel general (o sea, la tienda) de Elena Benarroch, la artífice de la renovada imagen de Sonsoles Espinosa, esposa de José Luis Rodríguez Zapatero, quien ha servido de percha en en estos años monclovitas para modelitos perfectamente identificables y no precisamente asequibles, como el vestido estival de Dolce Gabbana, de mil euros, que lució en Mallorca en 2004. Pero no es ya sólo que la astuta Benarroch esté haciendo su agosto promocional al calor del poder (que también) sino que en un colmo de contradicción de los valores en los que la izquierda se abriga de cara a la galería, la interesada es pelete- SOCIALISTAS CON ROPA BIEN etapa de Gobierno de Felipe González. Aquellos escándalos ensombrecieron la saludable normalización de la compatibilidad de ser de izquierdas con la dinámica de una economía capitalista en la que los niquis con cocodrilo están al alcance casi de cualquiera y no son ni mucho menos tan reveladores de una ideología como un velo islámico. Ya antes de este desaguisado, Trinidad Jiménez la había liado, como candidata a la alcaldía de Madrid en 2003, al retratarse para los carteles electorales con la célebre chupa de cuero criticada por pija Lo que no ha sido obstáculo para que en el actual Gobierno y entre antiguos gerifaltes del PSOE se haga patente con cierta frecuencia una propensión a lucir logos de firmas que están en la misma horquilla de precios que la absurdamente denostada Lacoste Así, Felipe González ha recurrido a cazadoras Polo Ralph Lauren y el presidente del PSOE y de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, viste a menudo camisas de esa misma marca, con el caballito bordado. Por supuesto, José Luis Rodríguez Zapatero no se libra de esta fiebre que no es sino un sarpullido más de un mercado globalizado, y, si el capítulo de los polos lo ha cuidado, aparentemente, y casi siempre los usa sin emblema (aunque también se le ha pillado con uno de Burberry) en las camisas ha cometido deslices más reiterados, al haber recurrido en no pocas ocasiones a las de esa misma marca británica. Además, cada viernes se exhibe en la pública pasarela de la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros el inagotable (e impecable) fondo de armario de la vicepresidenta del Gobierno, en el que no faltan conjuntos de reputados diseñadores (con frecuencia de Roberto Verino) sin que nadie, incluida la oposición, se haga cruces. A pesar de que María Teresa Fernández de la Vega se arrepintió con celeridad del episodio Vogue no ha renuciado a ir siempre como un pincel, en consonancia con la demanda ciudadana de una imagen aseada del Gobierno de la Nación. Así que, menos lobos. Y menos cocodrilos. Zapatero rambién peca Las ministras no dudaron en retratarse para el Vogue con pieles de Elena Benarroch. Y tanto Zapatero como Felipe González han exhibido logos de marca en más de una ocasión Al calor del poder ra. Así, esas señoras de los visones que, según José Blanco, le insultan por la calle, pueden haber coincidido en el selecto y carísimo establecimiento de la asesora presidencial con la propia Sonsoles o incluso con cualquiera de las ministras de cuota cuando se urdió la desastrosa operación glamour El posado de la mitad del Ejecutivo en la revista femenina Vogue en 2004 (con una artifi- ciosa escenografía en la que no faltaban pellejos de la Benarroch) pretendió dar un lustre chic a la nueva izquierda, pero sólo logró ruborizar al común de los ciudadanos (ya fueran simpatizantes del PSOE o del PP) incapaces de asociar el comedido ejercicio del poder con aquel frívolo fuego de artificio. Todo un patinazo atribuido a una maquinación del que fue el primer secretario de Estado de Comunicación de Zapatero, Miguel Barroso, cómodamente situado hoy entre bambalinas como director de la Casa de América y aún muy influyente en la toma de decisiones de Moncloa. Como daño colateral el desacomplejado coqueteo de las ministras con el lujo más elitista evocó inevitablemente la eclosión del pelotazo y de la beautiful en la dilatada