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96 GENTE www. abc. es gente JUEVES 4- -10- -2007 ABC Cientos de miles de barceloneses abarrotaron las calles de la Ciudad Condal, que vivió entusiasmada la boda de la Infanta Doña Cristina e Iñaki Urdangarín YOLANDA CARDO Los Duques de Palma celebran diez años de su boda en una Barcelona que se volcó Doña Cristina guardó como recuerdo de aquel día dos flores de su ramo de novia, que ofreció a la Virgen de la Mercé ALMUDENA MARTÍNEZ- FORNÉS MADRID. Hacía siglos que Barcelona no acogía la boda de una Infanta y aquel 5 de octubre de 1997 la ciudad se volcó y dio lo mejor de sí misma para compartir la alegría de los novios, Doña Cristina e Iñaki Urdangarín, y del resto de la Familia Real. Cientos de miles de barceloneses abarrotaron las calles, engalanadas con banderolas y el escudo oficial de la ciudad, para ver a su Infanta. Tanta bulla, alegría y colorido había en Barcelona, que no hubo que recordar el calor andaluz de la boda de Sevilla, donde Doña Elena y Jaime de Marichalar habían contraído matrimonio dos años y medio antes. El entusiamo superó todas las previsiones y obligó a modificar algunos preparativos. Así, estaba previsto que el coche que trasladaba a los novios se cubriera cuando alcanzara la plaza de Don Juan Carlos para recorrer el camino hasta Pedralbes, pero sobre la marcha se optó por dejarlo descubierto para no defraudar a la gran afluencia de público que había tomado la Diagonal. También entonces, como ahora, un grupo muy reducido intentó deslucir aquella jornada histórica. Minutos antes de que el cortejo nupcial pasara ante la sede del hoy desaparecido Partit de la Independiencia (PI) cuya vicepresidenta era Pilar Rahola, desde unos altavoces empezó a sonar el himno nacional de Cataluña Els Segadors y el discurso de Francesc Mací proclamando la República. El público, que llevaba horas aguardando el paso de los novios, respondió a la provocación con un fuerte abucheo. Aquello sólo fue una anécdota menor en una jornada cargada de emoción y alegría, en la que ni siquiera el Rey, con tanto dominio de sí mismo, pudo contener las lágrimas instantes después de ver a su hija casada. Antes de decir el sí, quiero Doña Cristina le había hecho una reverencia y Don Juan Carlos había asentido con la cabeza. También se produjeron otras anécdotas, como la lipotimia que sufrió uno de los testigos del novio, el entonces jugador de balonmano Fernando Barbeito, o la caída al suelo de una de las arras en el momento en que fueron depositadas en manos de Urdangarín. Además de los recuerdos, las fotos y los recortes de prensa que recogieron aquella boda real, la Infanta conservó como recuerdo de aquel día dos flores de su ramo de novia, que dio a su marido, antes de ofrecérselo a la Virgen de la Mercé. La ofrenda a la Patrona de Barcelona era una muestra más del aprecio de Doña Cristina por las costumbres de la ciudad que escogió para residir y crear una familia. Como lo fueron también los dos castellers de cinco alturas que se levantaron en honor de los novios en la plaza de la Mercé, siguiendo una tradición centenaria en Cataluña. Hoy, diez años despues de esa boda, los hijos de los Duques de Palma, todos nacidos en Barcelona, son los primeros miembros de la Familia Real española, en quinientos años, que hablan catalán. Plenamente integrados en la vida de esta ciudad, los tres mayores, Juan, Pablo y Miguel, de ocho, seis y cinco años, respectivamente, estudian en el Liceo Francés, y la pequeña Irene, de dos años, aún va a la guardería. Habitualmente, los Duques de Palma han celebrado sus aniversarios saliendo a cenar a algún restaurante. Sin embargo, en esta ocasión la celebración tendrá que ser aplazada unos días, ya que Iñaki Urdangarín se encuentra de viaje por razones profesionales. Cualquier día es bueno para celebrar diez años de amor. La pareja tendrá que aplazar la celebración, ya que Urdangarín se encuentra de viaje estos días