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78 CULTURAyESPECTÁCULOS En la muerte de Pablo Palazuelo JUEVES 4 s 10 s 2007 ABC GEOMETRÍA ESPIRITUAL Por distinguirse de los constructivistas ortodoxos, Palazuelo se definió alguna vez como partidario de una transgeometría go en los inicios. Pero realmente, con Palazuelo, cuyo caso podría recordar, en ese sentido, el de Luis Fernández- -no es extraño en ese sentido que ambos hayan sido objeto de glosas de Claude Esteban- lo de menos son los contextos. Solitudes se titula, de 1955 en adelante, uno de sus primeros ciclos de cuadros. Ciertamente, difícil encontrar a un creador más solitario, más esencial, más ajeno a modas. Si a propósito de un cierto tipo de constructivistas latinoamericanos se ha hablado de una geometría sensible a propósito del pintor desaparecido hay que darle la razón a Kevin Power- -autor, en 1995, de un excelente libro de conversaciones con él- cuando califica la suya de geometría espiritual Él, por su parte, por distinguirse de los constructivistas ortodoxos, se definió alguna vez como partidario de una transgeometría Claude Esteban, Kevin Power... También Georges Limbour, Jacques Dupin, Yves Bonnefoy, Julien Alvard, Max Höl- Juan Manuel Bonet Crítico de arte a del pintor, escultor y grabador Pablo Palazuelo ha sido una de las aventuras espirituales más rigurosas, más complejas, más esenciales de la modernidad española y europea. Una de sus primeras comparecencias públicas fue en la colectiva de La joven pintura madrileña celebrada en 1945 en Buchholz, en la que también participaron los principales neo- figurativos del momento, que en su mayoría persistirían en esa dirección, cosa que él no haría, como no lo haría otro futuro abstracto dos años mayor que él, José Guerrero. En efecto, Palazuelo pronto renuncia a la realidad, olvidándose del magisterio de Vázquez Díaz, y consolidándose, en cambio, su interés por obras como la de Paul Klee- -el pintor- poeta por excelencia, al cual, junto con otros artistas de su generación, homenajea en un volumen colectivo editado por Mathias Goeritz en 1948- -o Wassili Kandinsky, y a propósito de este último hay que recordar que el primer premio importante que recibió fue, en 1952, el que lleva el nombre del autor de De lo espiritual en el arte. En el París de finales de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta, Palazuelo, encerrado en su taller del Barrio Latino, frente a la iglesia de SaintSéverin, logró encontrarse a sí mismo, y encontrar el camino de una pintura geométrica, y a la vez sensible; severa, y a la vez cálida. Una pintura cargada de enseñanzas espirituales, que no en vano datan de aquel tiempo sus primeras lecturas e indagaciones en terrenos como la alquimia, la gnosis, el pensamiento oriental... Cercano a Eduardo Chillida, como este trabajará con Maeght, y será receptivo a la filosofía intuitiva y poética de Gaston Bachelard, al que unos años después rendirá homenaje en una de sus esculturas. Más que con el del resto de los abstractos españoles de aquel tiempo, mucho más gestuales, mucho más excesivos siempre, su trabajo ha de ser puesto en relación con el de algunos de los independientes de la escena francesa, y estoy pensando en el ruso Serge Poliakoff o en el norteamericano Elsworth Kelly, del que fue ami- L zer, José- Miguel Ullán... Cuántos poetas, cerca de Palazuelo. Toda su obra posee una concentración, una intensidad únicas. Cómo se entiende el entronque con el citado Klee. Por mi parte me interesa de un modo muy especial su pintura de los años cincuenta, la época de las citadas soledades. Cantan los negros, los ocres, los amarillos, los blancos, los rojos. Un cuadro muy importante de la década siguiente, característico de su peculiar organicismo, es Omphalos (1962) que Fernando Zóbel compró, con su buen ojo habitual, para el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca. Dentro de la producción más tardía, merecen el calificativo de sublimes, por su extraordinaria pureza, las propuestas más lineales, más cris- talinas, de una poesía aérea, con algo de maclas, de escrituras, y también de partituras musicales; y hay que decir que tampoco la música ha sido ajena a este pintor dotado de una enorme curiosidad intelectual. Cristalinas, aéreas, sí, se nos aparecen su dilatada serie El número y las aguas, iniciada en los años setenta, o ya en los noventa, sus Nigredos, sus Conjunciones, sus Jeroglíficos. Su escultura es desarrollo en tres dimensiones, de lo que empezó siendo un trabajo en el campo bidimensional. Que siguió investigando prácticamente hasta el final, lo prueban sus cuadros curvilíneos, ya de la década actual, algunas de las cuales integraron su segunda muestra en el Reina Sofía, consecuencia de haberle sido otorgado el Premio Velázquez 2004. Doña Cristina entregó en 2004 el premio Velázquez a Palazuelo EFE Soledad Lorenzo Galerista de Palazuelo LECCIONES DE VIDA o conocí en 1973 en la galería Fernando Guereta. Un día entró un señor muy alto y muy guapo. Era Pablo Palazuelo, un artista al que admiraba. Desde que abrí la galería en 1986 trabajó conmigo. Ha marcado mucho mi vida; ha sido una lección permanente. Para L él, lo esencial fue su trabajo, su obra. Siempre estuvo en contacto con la vida real. Odiaba lo que se apartaba de ella. Por eso, cuando afirmaban de él que era un artista místico, decía: ¡Qué espanto! Es una cursilería. La vida es más interesante Fue un excelente conversador; dejaba a todos atónitos. Pablo era muy generoso con su conocimiento. La última exposición que hizo en Soledad Lorenzo fue en 2005. Después empezó sólo a hacer dibujos, que son extraordinarios. Un día me llamó y me dijo: Estoy cansado. No puedo seguir Le habían diagnosticado una flacidez muscular a causa de su avanzada edad. Y después llegó el deterioro físico. Ha sido un privilegio estar cerca de él tantos años. Hemos tenido una relación profesional muy intensa y cercana. Éramos amigos. Voy a echar mucho de menos al ser humano; el artista siempre estará ahí. Cuando estabas con Pablo te dabas cuenta del punto de exigencia que tenía consigo mismo. Ha sido un hombre que ha entregado su vida a su obra. Se retiró de la vida para hacer su trabajo. Triunfó en París en Maeght, pero se dio cuenta de que no le interesaba lo que estaba haciendo. Se retiró y empezó a buscar algo que él sabía que existía. Un día me contó cómo lo encontró. Fue en un libro que halló en una librería de esoterismo en París. Creía en la realidad de la vida, amaba la realidad de la vida. Pensaba que era mucho más interesante que cualquier obra de arte. Te daba constantemente lecciones de vida, pero sin querer darlas. Era siempre muy rotundo y eso me encantaba. Respetado por todos, el reconocimiento ha sido unánime. La evolución en su carrera ha sido constante. Entre los años 80 y 90 fue aumentando la intensidad de su trabajo. En esos últimos años producía más y muy gozosamente. Se le veía feliz, estaba encantado con lo que hacía. Pablo era su obra; había una simbiosis total. Decidió retirarse del sistema y siempre ha hecho lo que quería. No he conocido en mi vida a nadie como él, con esa sinceridad consigo mismo. Ha sido un privilegio.