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76 CULTURAyESPECTÁCULOS MIÉRCOLES 3 s 10 s 2007 ABC Jackson Pollock pintaba The water bull en 1945, poco antes de empezar con su técnica de dripping El arte que estalló en la Guerra Fría El MACBA ilustra con una impactante exposición de casi 400 obras, muchas de ellas piezas maestras, la batalla entre el arte americano y el europeo en los años posteriores a la bomba atómica y el desenlace de esta pugna, que daba paso a la Guerra Fría POR JESÚS GARCÍA CALERO BARCELONA. En ocasiones, la historia resulta tan devastadora que remueve los cimientos de cualquier actividad humana. Así ocurrió en el arte después de la bomba atómica, y de la Segunda Guerra Mundial. La muestra Bajo la bomba. El jazz de la guerra de imágenes transatlántica que hoy se presenta en el MACBA, propone hasta el mes de enero una profunda revisión de la plástica en el periodo 1946- 1956. De un lado, tras el hervidero de las vanguardias, París- -igual que el resto de Europa- -despierta de la contienda mundial entre la suma pobreza, el oprobio del colaboracionismo y el horror del Holocausto, mientras América comienza a sentir la pujanza de una generación de pintores estrella, destinada a influir en todo el mundo. Es una crisis global- -comenta Manuel Borja- Villel, responsable del proyecto comisariado por Serge Guilbaut- -que enfrenta dos modos de crear que se decantan y entrecruzan En Europa, Picasso pinta vanitas, Matisse ninfas llorosas y Fautrier asume el sufrimiento de los judíos en sus obras. Las tiendas están sin género, llenas de cajas vacías con el rótulo todo es falso Cocteau realiza teatrillos de moda sobre un fondo asolado y, mientras tanto, comienza un arte nuevo, voyeur sobre el espectáculo de muerte y destrucción. En EE. UU. surge una generación, animada entre otros, por Motherwell, Matta y Arshile Gorky, que va a cambiar rápidamente las cosas. Mientras Europa se adormece con un revival bucólico, América pone sobre el tapete ciertas inquietudes figurativas y sociales que van a sufrir un vuelco. Tan sólo un año más tarde, Pollock, Rothko y su generación dan un portazo. Bien invocan el arte de los indios, bien abandonan el cubismo y nacen a un expresionismo cada vez más gestual. La muestra recoge este nacimiento con obras relevantes de todos ellos, desde los primero drippings de Pollock a los fantasmagóricos lápices de Michaux. El Viejo Continente, entretanto, debate ya la tiranía de la figuración realista impuesta como modelo por los comunistas, y cierto madrugador antiamericanismo, alimentado por la paranoia de la bomba. La onda expansiva de una nueva escala de destrucción alcanza a los creadores en plena reflexión sobre el nuevo concepto de zona cero paralela a la frivolización que la cultura popular no tardará en hacer de lo atómico, empezando por la aparición del bikini, tras las pruebas que destruyeron el atolón del mismo nombre. Fernand Leger toma partido figurativo con los comunistas en Francia y rinde homenaje al comprometido David Louise (ambos juntos en la muestra) Picasso, fiel a sí mismo, no acaba de amoldarse a los dictados del partido, mientras otros artistas como Dubuffet, Lam o Riopelle, añaden aristas nuevas al debate. La generación de los irascibles alcanza el estrellato cuando Pollock ocupa la portarda de Life. Es el gran momento clásico del expresionismo abstracto. El discurso se hace fuerte, nacional, y América lo exporta, inunda el mundo y el mercado con la fuerza de sus estrellas: De Kooning, Motherwell, Hartung, Gorky, Vicente, el propio Pollock, Rothko, Newman... Algunos de ellos a punto de ser devorados por un nihilismo suicida. Europa, ni que decir tiene, sucumbe frente a la fuerza de este discurso. Empieza a atisbarse la caza de brujas. Nace el existencialismo. Pollock pronto se oscurece, abandona el color. La muestra lo expone aquí junto a Bram van Velde y Giacometti. Variaciones azules obra de José Guerrero de 1957