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ABC MIÉRCOLES 3 s 10 s 2007 INTERNACIONAL 37 Blackwater empieza a rendir cuentas en EE. UU. por sus acciones en Irak PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. La empresa Blackwater, asediada desde un letal incidente protagonizado por sus mercenarios en Bagdad el pasado 16 de septiembre, se está viendo forzada a rendir cuentas en Estados Unidos por sus acciones armadas en Irak como parte de los multimillonarios contratos de seguridad diplomática que ha recibido desde 2001. Mientras el FBI ha confirmado la apertura de una investigación sobre el incidente del mes pasado en la capital iraquí que habría costado la vida a una decena de civiles, la compañía también se ha convertido en objetivo de una pesquisa parlamentaria en Washington. Obligado a testificar ante un comité de la Cámara Baja, Erick Prince, el ex militar fundador de la empresa de seguridad, se ha declarado víctima de un precipitado juicio político sobre presuntos abusos de fuerza atribuidos a su plantilla de mercenarios, destinados en Irak con sueldos de más de mil dólares diarios (unos 700 euros al cambio) Según Prince, su compañía ha perdido a 30 empleados al operar en un ambiente hostil que es particularmente peligroso y retador El congresista demócrata Henry Waxman, presidente del comité de la Cámara Baja de supervisión del Gobierno, ha cuestionado el valor de recurrir a una empresa privada como Blackwater. Según el representante por California, el Departamento de Estado ha tolerado los abusos de fuerza atribuidos a esta empresa, con un desorbitado coste para los contribuyentes. U Tay Zaniya (a la izquierda) y Khun Saing (a la derecha) han sufrido en sus carnes las más duras represiones Ser perseguido en Birmania Dos prisioneros políticos birmanos, uno de ellos monje budista, relatan a ABC las torturas que sufrieron durante diez años en la cárcel. Las mismas que estos días emplea la Junta militar que dirige el régimen para sofocar la revuelta azafrán TEXTO Y FOTO PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL MAESOT (FRONTERA BIRMANO- TAILANDESA) Khun Saing y el monje budista U Tay Zaniya son dos de los muchos birmanos que se han pasado media vida entre rejas. Mientras el mundo se pregunta por el destino de los más de 5.000 detenidos durante las protestas de la semana pasada, su dramática experiencia desvela la crueldad con que la Junta militar birmana ha aplastado este levantamiento. do junto a otros cien acusados en una pantomima de juicio sin abogado defensor, en la prisión de Insein le esperaba un calvario de torturas. Sin comida ni agua, nos encerraban en una diminuta celda y permanecíamos 24 horas de pie, ya que sólo nos permitían salir durante quince minutos para limpiar nuestros excrementos del suelo explicó Khun Saing, hijo de un militar expulsado del Ejército por su activismo. Tras su liberación a los seis años de condena, fue vetado en la Universidad de Medicina, por lo que abrió una farmacia en el mercado negro para sobrevivir. En vez de debilitarme, la cárcel reafirmó mis convicciones, así que fundé el partido Nueva Generación en la revuelta de 1988 narró. Su atrevimiento le costó otros cuatro años a la sombra, que fueron más horribles que los primeros Cuando salió de nuevo a la calle, se había disipado la esperanza que provocó la caída del dictador Ne Win y la nueva Junta militar dirigía el país con puño de hierro. Había mucha tensión y la gente tenía miedo a hablar, pero no podía renunciar a la lucha por mis compañeros encarcelados, así que ayudé a un amigo a escribir un libro sobre el movimiento democrático que me costó siete años entre rejas se lamentó Khun Saing. Durante esa condena, contrajo la tuberculosis y otro reo fue golpeado hasta la muerte, por lo que huyó de Myanmar (nombre oficial de Birmania) al ser liberado. En abril de 2004, y con un pasaporte falso, cruzó a pie la frontera con Tailandia. Khun Saing, nacido en Rangún en 1952, ha perdido 13 años en la cárcel por intentar llevar la democracia a este mísero país del Sureste Asiático, donde impera un régimen militar desde hace cuatro décadas. Tenía 22 años cuando fui arrestado en las revueltas de los 70 relató a ABC Khun Saing, quien fue interrogado en un centro de detención en el que me tuvieron tres días sin comer ni beber ni dormir y donde fui golpeado sin piedad Sentencia- Sin comer, beber ni dormir Bélgica reabre el caso contra la petrolera Total por crímenes de lesa humanidad La Fiscalía federal belga ha vuelto a abrir una investigación contra la petrolera francesa Total y dos de sus dirigentes por supuesta complicidad en crímenes de lesa humanidad en Birmania. El caso se remonta a 2002, cuando un grupo de birmanos, de los que uno tenía el estatuto de refugiado en Bélgica, presentó una denuncia contra Total y dos de sus dirigentes, Thierry Desmaret y Hervé Madeo. La querella denuncia el supuesto apoyo logístico y financiero que Total habría aportado a los militares de la Junta birmana, considerados responsables de trabajos forzados, deportaciones, asesinatos, ejecuciones arbitrarias y torturas. Eso fue fácil; lo difícil fue dejar atrás a la familia y atreverse, ya que me podían haber caído 20 años si los guardias me hubieran descubierto concluyó Khun Saing. Más complicado lo tuvo U Tay Zaniya, un monje budista que ha contemplado horrorizado cómo los soldados apaleaban a los bonzos, a los que jamás pensé que dispararían porque todo el mundo los respeta El religioso pagó 60.000 bahts (1.335 euros) a un guía para cruzar la frontera durante tres días a través de las montañas en 1998, un año después de salir de la cárcel por ser uno de los cabecillas estudiantes de la revuelta de 1988. un año después de salir de la cárcel por ser uno de los cabecillas estudiantes de la revuelta de 1988, un año después de salir de la cárcel por ser uno de los cabecillas estudiantes de la revuelta de 1988. Ahora, confiados en que se repitan las manifestaciones cuando se levante el toque de queda, siguen con expectación las noticias de Birmania. Dejar la familia y atreverse Como parte de estas pesquisas parlamentarias, un informe del comité investigador de la Cámara Baja ha documentado desde 2005 doscientos tiroteos en Irak protagonizados por guardaespaldas de Blackwater. En la gran mayoría, estos mercenarios habrían recurrido a sus armas antes de ser atacados y sin detenerse a contar muertos o ayudar a heridos. En al menos dos ocasiones, se habría pagado dinero a familias de víctimas iraquíes acumuladas en estos tiroteos, con esfuerzos de Blackwater por encubrir otros casos adicionales. En otra ocasión, uno de estos mercenarios fue enviado rápidamente de vuelta a EE. UU. después de que, completamente borracho, matase en Nochebuena a un escolta de uno de los vicepresidentes de Irak en la zona verde de Bagdad. Doscientos tiroteos